Al encontrarnos reunidos de nuevo


Thomas S. Monson
El servicio misional es un deber del sacerdocio, una obligación que el Señor espera de nosotros, a quienes se nos ha dado tanto.

Mis amados hermanos y hermanas, les damos la bienvenida a la conferencia general, la cual se está escuchando y viendo a través de diversos medios por el mundo. Expresamos agradecimiento a todos los que tienen algo que ver con la complicada logística de esta gran empresa.

Desde abril, cuando nos reunimos por última vez, la obra de la Iglesia ha seguido adelante sin obstáculos. He tenido el privilegio de dedicar cuatro templos nuevos. Acompañado de mis consejeros y de otras Autoridades Generales, he viajado a Gila Valley, Arizona; a Vancouver, Columbia Británica; a Cebú City, en las Filipinas; y a Kiev, Ucrania. El templo de cada uno de esos lugares es magníficamente bello. Cada uno está bendiciendo la vida de nuestros miembros y es una influencia para bien en las personas que no son de nuestra fe.

La noche antes de la dedicación de cada templo, tuvimos el privilegio de presenciar una celebración cultural en la que participaron nuestros jóvenes y algunos de los que no son tan jóvenes. Esos espectáculos generalmente se llevaron a cabo en grandes estadios, aunque en Kiev nos reunimos en un hermoso palacio. Las actuaciones musicales de baile y de canto, así como las exhibiciones, fueron excelentes. Expreso mis felicitaciones y amor a todos los que participaron.

La dedicación de cada templo fue un banquete espiritual. En todas ellas sentimos el Espíritu del Señor.

El mes próximo rededicaremos el Templo de Laie, Hawaii, uno de los más antiguos, en el que se han llevado a cabo extensas renovaciones durante muchos meses. Esperamos con ansias esa sagrada ocasión.

Seguimos edificando templos. Esta mañana me complace anunciar cinco templos más, para los que se están adquiriendo los terrenos y los que, en meses y años venideros, se construirán en los siguientes lugares: Lisboa, Portugal; Indianápolis, Indiana; Urdaneta, Filipinas; Hartford, Connecticut; y Tijuana, México.

Las ordenanzas que se efectúan en nuestros templos son vitales para nuestra salvación y la salvación de nuestros seres queridos fallecidos. Ruego que continuemos siendo fieles en asistir a los templos, los cuales se están construyendo cada vez más cerca de nuestros miembros.

Ahora bien, antes de que escuchemos a nuestros discursantes esta mañana, quisiera mencionar un asunto que está muy cerca de mi corazón y que merece nuestra seria atención. Hablo de la obra misional.

En primer lugar, a los hombres jóvenes del Sacerdocio Aarónico y a ustedes jóvenes que están llegando a ser élderes, repito lo que los profetas han enseñado por mucho tiempo: que todo joven digno y capaz debe prepararse para servir en una misión. El servicio misional es un deber del sacerdocio, una obligación que el Señor espera de nosotros, a quienes se nos ha dado tanto. Jóvenes, los amonesto a que se preparen para prestar servicio como misioneros. Consérvense limpios y puros, y dignos de representar al Señor. Preserven su salud y fortaleza. Estudien las Escrituras. En donde estén disponibles, participen en seminario e instituto. Familiarícense con el manual misional Predicad Mi Evangelio.

Un consejo para ustedes jóvenes hermanas: Aunque ustedes no tienen la misma responsabilidad del sacerdocio que la que tienen los hombres jóvenes de servir como misioneros de tiempo completo, ustedes aportan una valiosa contribución como misioneras y les agradecemos su servicio.

Y ahora a ustedes hermanos y hermanas mayores: necesitamos muchos, muchos más matrimonios mayores. A los fieles matrimonios que sirven actualmente y que han servido en el pasado, les damos las gracias por su fe y devoción al evangelio de Jesucristo. Ustedes sirven bien y de buen grado, y logran mucho bien.

A aquellos que aún no llegan a la época de la vida en la que podrían servir una misión como matrimonio, los exhorto a prepararse ahora para el día en que ustedes y su cónyuge puedan hacerlo. Según lo permitan las circunstancias, si están a punto de jubilarse, y si su salud lo permite, estén dispuestos a dejar su hogar y prestar servicio misional de tiempo completo. Pocas veces en su vida disfrutarán del dulce espíritu y la satisfacción que resultan del prestar servicio de tiempo completo juntos en la obra del Maestro.

Ahora bien, mis hermanos y hermanas, ruego que estén a tono con el Espíritu del Señor al oír de parte de Sus siervos durante los dos próximos días. Que ésta sea la bendición de cada uno, ruego humildemente, en el nombre de Jesucristo. Amén.