Paja para el pesebre


“Todo aquello que invita e induce a hacer lo bueno, y a amar a Dios y a servirle, es inspirado por Dios” (Moroni 7:13).

Michael miró fijamente la pequeña y blanda cama de paja. “Me alegro de que el niño Jesús tenga una cama blanda y calentita en Nochebuena”, pensó.

Durante la semana anterior, Michael había colocado con cuidado pedacitos de paja en el pequeño pesebre, un trocito a la vez. Michael pensaba que ésta tal vez sería la mejor Navidad que había tenido, porque ahora era lo suficientemente mayor como para entender el verdadero significado de la Navidad.

Hacía una semana, su mamá había dado una lección en la noche de hogar sobre el verdadero significado de la Navidad y dijo que Jesucristo fue el regalo más maravilloso que el Padre Celestial dio al mundo. A continuación dio a cada niño de la familia un pesebre pequeño y vacío con una figurita del niño Jesús.

“Durante la semana que viene, cada uno de ustedes tendrá la oportunidad de darle un regalo al Padre Celestial”, dijo la madre.

“¿Cómo podemos hacerlo?”, preguntó Michael.

“Su regalo al Padre Celestial será servir a los demás”, dijo ella. “Cada vez que hagan algo bueno o ayuden a otra persona, pueden añadirle un pedacito de paja al pesebre. Cuanta más bondad demuestren a los demás, más blandito estará el pesebre en Nochebuena”.

“¡Espero ponerle más paja a mi pesebre que nadie más!”, pensó Michael.

Al día siguiente, Michael comenzó a recolectar la paja.

“Mamá, ¿puedo ayudar a barrer el piso?”, preguntó Michael cuando la vio limpiando la cocina.

“Te ayudaré a encontrar tu osito de peluche”, le dijo a su hermanito cuando lloró porque había perdido su juguete.

“Yo también quiero quitar la nieve con la pala”, dijo cuando su padre salió a quitar la nieve del camino de entrada.

Después de unos días, el pequeño pesebre de Michael se veía muy diferente. ¡Estaba totalmente lleno de paja! Pero Michael también notó un cambio en sí mismo. Le empezó a gustar hacer cosas buenas por otras personas porque sabía que el Padre Celestial quería que lo hiciera. A veces incluso se olvidó de añadir un pedacito de paja al pesebre cuando ayudaba.

Michael decidió que hacer cosas buenas lo hacía sentir bien en su interior. En Nochebuena, al encontrarse junto a las suaves luces del árbol de Navidad, Michael puso con cuidado al pequeño niño Jesús en el pesebre, que ahora rebosaba de paja.

Michael sabía que había hecho lo mejor que había podido para mostrar su amor por el Padre Celestial y por Jesús. Ésa era la mejor Navidad de todas.

President Spencer W. Kimball

“El gozo…emana de la generosidad y del servicio”.

Véase presidente Spencer W. Kimball (1895–1985), “La vida plena”, Liahona, junio de 1979, pág. 3.