2011
La joven de la hermosa sonrisa
Marzo 2011


La joven de la hermosa sonrisa

Tenía miedo, pero descubrí un arma secreta para vencer mi temor.

Durante meses me había preparado con mi profesora de piano para ese día. Iba a participar en “Logros musicales”, una competencia anual que evalúa a los estudiantes de música en todo tipo de aspectos: desde el conocimiento teórico hasta la dinámica de una pieza que se ha memorizado. Finalmente el día había llegado, y junto con él llegaron los nervios.

La parte más temible de la competencia consistía en tocar piezas para los jueces. Aunque conocía mis piezas, las manos me temblaban mientras tocaba.

La temible presentación había terminado. Podía relajarme porque sólo me quedaba presentar mi reseña sobre un compositor. Encontré el lugar correcto y esperé en fila delante de dos puertas. Con curiosidad, miré hacia la puerta de la izquierda. Una profesora muy amable daba ánimo a los estudiantes a medida que entraban nerviosos y se familiarizaban con el ambiente. Era evidente que quería que se sintieran cómodos.

Luego miré hacia la puerta de la derecha. Había otra profesora de piano, mayor que la anterior; tenía un aspecto severo que hizo que se me helaran las manos. Cuanto más la veía interactuar con los estudiantes, más asustada me sentía. Lo único en lo que podía pensar era: “Espero que me toque la primera jueza”.

Leí mi informe una y otra vez. Al llegar al comienzo de la fila, esperaba que la persona que se encontraba a la izquierda terminara primero. Con consternación vi que la estudiante a mi derecha empezó a caminar hacia esa puerta. ¡Sentí que no iba a poder entrar!; entonces me vino a la mente la siguiente idea: “Pon tu mejor sonrisa”.

Caminé casi a los saltos y con la mejor sonrisa de mi vida. Como dicen, si actúas de manera feliz, te sentirás feliz. Con una sonrisa resplandeciente, estreché la mano de la jueza. Presenté mi reseña con voz clara, haciendo una pausa de vez en cuando para dirigirle una sonrisa. Al final del informe, le agradecí por su tiempo. Ya no parecía temible. Al salir del salón, me sentía aliviada y feliz.

Unos meses después, escuché a mi profesora de piano leer los comentarios de los jueces. Al leer el último comentario, dijo: “¡Vaya! Causaste muy buena impresión en esta jueza. Ella escribió: ‘Michelle, la joven de la hermosa sonrisa’”. No tuve que preguntarle quién lo había escrito.

El cambiar de actitud me ayudó a dar lo mejor de mí. Cuando tengo que hacer algo difícil, en vez de mostrar mala disposición, opto por convertirlo en algo gratificante y placentero. Sé que mi actitud influye en las experiencias que tengo. Al perseverar con una buena actitud, he aprendido a disfrutar de mis desafíos.

Ilustración por Jennifer Tolman