Rebecca Swain Williams: “Constante e inmutable”


A pesar de la hostilidad de su familia hacia la Iglesia, esta conversa de los primeros días permaneció fiel y dedicada a la obra.

En junio de 1834, una joven madre a quien su padre iba a desheredar, escribió una carta audaz y conmovedora en la que expresaba su convicción de la Restauración. Aunque debe de haber sabido que las probabilidades de lograr cambiar la opinión de su padre eran escasas, Rebecca Swain Williams igualmente permaneció firme a pesar de las consecuencias inminentes. Le declaró a su padre, Isaac, que el Libro de Mormón y la Iglesia eran verdaderos, exactamente como el profeta José Smith lo había dicho, y que ella había escuchado a los Tres Testigos “declarar en reuniones públicas que vieron un Santo Ángel descender del cielo y [traer] las planchas y [colocarlas] ante sus ojos” 1 .

El testimonio de Rebecca es conmovedor, no sólo por el poder que transmite sino también debido a su testimonio inquebrantable y su voluntad inflexible. A pesar del rechazo de su padre y del hecho de que su esposo, Frederick G. Williams, se alejó de la Iglesia por un tiempo, Rebecca nunca permitió que su fe flaqueara. Rebecca, infatigable e inmutable, es un ejemplo para nosotros hoy de cómo podemos permanecer firmes e inquebrantables ante los desafíos más grandes de la vida, incluso cuando aquellos más allegados a nosotros rechacen nuestra fe y nos menosprecien.

Conversión a la Iglesia

Rebecca Swain nació en Pensilvania, EE. UU. en 1798, y fue la menor de diez hijos 2 . Cuando tenía unos nueve años, su familia se mudó a Niágara, cerca de la frontera de los Estados Unidos con Canadá. Estaban tan cerca del Fuerte Niágara que oían los disparos cuando alguien atacaba el fuerte durante la Guerra de 1812. Aun de pequeña, Rebecca demostró su intrepidez. En una ocasión, mientras andaba sola por el bosque, se encontró cara a cara con un oso en el camino. Como tenía una sombrilla en la mano, la abrió y la cerró varias veces en la cara el oso, y el oso huyó 3 .

Cuando Rebecca tenía diecisiete años, cruzó el Lago Ontario para visitar a su hermana que vivía en Detroit. Durante la travesía conoció al piloto del barco, alto y de ojos oscuros, Frederick Granger Williams. Las charlas frecuentes transformaron rápidamente el afecto en amor y se casaron a fines del año 1815. Los Williams vivieron en varias partes de la gran reserva al oeste de Ohio, EE. UU., antes de establecerse en Kirtland alrededor del año 1828. Su esposo empezó a ejercer como médico y llegó a ser bastante conocido por sus habilidades; Rebecca aprendió a ayudarlo con los procedimientos. Juntos, tuvieron cuatro hijos.

Durante el otoño de 1830, los primeros misioneros mormones llegaron a Kirtland. Rebecca los escuchó con interés y asistió a todas las reuniones de los misioneros; incluso llevó a sus hijos. Frederick asistía tan a menudo como se lo permitía su práctica médica. Los dos estudiaban, analizaban y aprendían juntos, pero Frederick no estaba tan firme en su dedicación. Mientras tanto, Rebecca se convenció de la veracidad del Evangelio.

Un biógrafo de la familia luego describió a Rebecca como una especie de Eva en el Jardín de Edén: fue “la primera en entender que era necesario” pasar a formar parte activa del convenio del Evangelio 4 . Se bautizó en octubre de 1830.

Frederick todavía vacilaba. A veces quería dejar de asociarse con la Iglesia, pero al final no podía porque se sentía atraído nuevamente a ese nuevo y sagrado libro de Escritura: el Libro de Mormón. Al sentir la influencia del Espíritu, reconoció la veracidad del Evangelio, siguió el ejemplo de Rebecca y se bautizó.

Servicio dedicado

Cuando la Iglesia rápidamente pasó a ser el centro de la vida de Frederick y Rebecca, el impacto que ello tuvo en la familia fue inmediato. Frederick fue ordenado élder inmediatamente después de su bautismo y confirmación. Al día siguiente, aceptó con entusiasmo la asignación de partir unas pocas semanas después para servir en una misión con Oliver Cowdery. Habían previsto que la misión duraría tres semanas, pero en realidad se convirtió en un viaje de diez meses a Misuri. Esa larga ausencia de su hogar fue el primero de muchos períodos similares para Rebecca. Debido a su labor misional y a que fue llamado a la Primera Presidencia, Frederick a menudo no estaba en su casa. Rebecca, al igual que muchas de las primeras mujeres mormonas, pasaba largos meses atendiendo su hogar y criando a sus hijos sin la ayuda de su esposo.

A pesar del trabajo, Rebecca siguió fiel y sirvió de buen grado. Cuando primero se mudaron a Kirtland, el profeta José Smith y su familia se hospedaron durante un tiempo en la casa de los Williams. Rebecca fue fiel al Profeta y a su familia al cuidarlos durante épocas de pruebas. En una ocasión, llegó un populacho y rodeó la casa en busca de José. Rebecca disfrazó a José con el sombrero y la capa de ella y así José pudo abandonar la casa y pasar entre la multitud para ir a un lugar seguro.

En marzo de 1832, Rebecca nuevamente le brindó una ayuda invaluable al Profeta cuando un populacho irrumpió en la granja de John Johnson en Hiram, Ohio, y atacaron violentamente a José Smith y a Sidney Rigdon. Tras golpear a Sidney hasta dejarlo inconsciente e intentar hacer que José tragara veneno, el populacho cubrió de alquitrán y plumas al Profeta. Cuando Emma Smith vio a su esposo, confundió el alquitrán con sangre y se desmayó 5 . Rebecca y Frederick pasaron aquella noche quitando el alquitrán del sangriento y desgarrado cuerpo de José y cuidando a los hijos de los Smith. Su auxilio fue de gran ayuda, ya que José halló la fuerza para predicar a la mañana siguiente.

Compartir el Evangelio con convicción

Uno de los anhelos más persistentes de Rebecca era que su familia, su padre en particular, aceptara el Evangelio restaurado y recibiera las gozosas bendiciones de la fe. Ella, como Lehi, había probado el amor de Dios y deseaba compartirlo con las personas más cercanas (véase 1 Nefi 8:12). Con esto en mente, Rebecca escribió a su familia con entusiasmo acerca de su conversión y de su testimonio, y sobre el gran gozo que sentía como miembro de la Iglesia.

No obstante, la conversión de Rebecca enfureció a su padre. En su breve respuesta, le exigió que dejara la Iglesia. Pero eso no hizo que Rebecca cambiara de idea. Su respuesta, según la describe un historiador de la familia, fue que “estaba más segura que nunca de su convicción de la veracidad de las doctrinas mormonas”, e incluyó su poderoso testimonio 6 . Para su tristeza, la carta no produjo el efecto que ella esperaba. Su padre amenazó con repudiarla y prometió cortar toda comunicación con ella si no dejaba la Iglesia.

Aún así, Rebecca no cedió y continuó esforzándose por compartir el Evangelio. En 1834 escribió otra carta —la única que subsiste— a su padre, en la cual revelaba la profundidad de su fe y el dolor que sentía porque él se negaba a aceptar cualquier cosa de los mormones.

Su padre había leído los artículos de periódico que atacaban a la Iglesia, en particular con respecto al Libro de Mormón y el testimonio de los Tres Testigos, e intentó disuadir a Rebecca en cuanto esos temas.

“Me produce dolor enterarme de que te perturba tanto el Libro de Mormón”, escribió ella. Citando pasajes del Libro de Mormón y de las nuevas revelaciones de José Smith, Rebecca expresó su testimonio del Libro de Mormón. Además, explicó que el libro profetizaba que se escogería a tres testigos. Como prueba, citó al antiguo profeta Éter, quien dijo que “en boca de tres testigos se [establecería]” la veracidad del libro (Éter 5:4) 7 .

Rebecca luego explicó que había visto personalmente a los Tres Testigos —David Whitmer, Martin Harris y Oliver Cowdery— y los había escuchado testificar que habían visto un ángel y las planchas de oro. Después de defender su testimonio y defenderlos a ellos, instó a su padre a que investigara más sobre la obra. Le escribió a su padre: “si tú y mamá conocieran como nosotros las circunstancias relacionadas con esta obra, estoy convencida de que creerían en ella” 8 .

Haciendo eco de la promesa de Moroni que se encuentra al final del Libro de Mormón, Rebecca rogó a su familia que le pidieran a Dios que “iluminara su mente en pos de la verdad”. Luego hizo planes para enviar un misionero que fuera “capaz de enseñar el Evangelio según Jesús” a fin de que tuvieran más ayuda 9 . Al final, su padre no quiso saber nada de ello.

Aun las cartas que Rebecca le envió a su hermano John, con quien era muy unida, se las devolvieron sin abrir. En el reverso de una de las cartas que le enviaron de vuelta, John escribió: “Papá me prohíbe leer tu carta o escribirte. Adiós y que Dios te bendiga siempre. Tu hermano, John” 10 .

A pesar de eso, la labor misional de Rebecca tuvo éxito con su hermana mayor, Sarah Swain Clark; Sarah se unió a la Iglesia en Michigan, en 1832. Las hijas de Sarah también se unieron a la Iglesia y fueron fieles durante toda su vida.

Fiel hasta el fin

A pesar de la pena y el dolor que Rebecca sentía por las decisiones de su padre, aún lo amaba. Ella escribió: “Mi corazón llora por mis familiares en la carne… Ruego al Señor que te dé consuelo en tus últimos días con Su Santo Espíritu y que sean esos días los mejores… Espero que tu mente se serene con respecto a esta obra. Ten la seguridad de que nos encontramos firmes en la causa porque sabemos que el Señor está a la cabeza” 11 .

Rebecca no sólo tuvo que enfrentar la incredulidad de su padre, sino también problemas por la falta de dedicación de su esposo a la fe. Durante 1837 y 1838, su esposo, Frederick, que en ese entonces era miembro de la Primera Presidencia, en repetidas ocasiones estuvo en desacuerdo con otros líderes de la Iglesia; incluso dejó la Iglesia por un tiempo y fue excomulgado. Sin embargo, Frederick se humilló, volvió a unirse a la Iglesia y murió con todos los derechos de miembro. Aunque no tenemos registros de lo que sintió Rebecca durante esa época, ella no se arrepintió de su lealtad para con los santos y se mantuvo firme.

Cuando los rumores de la disconformidad de Frederick llegaron hasta el padre de Rebecca, que se encontraba en Nueva York, Isaac esperaba que Rebecca renunciara a su fe también. Sin embargo, Rebecca le envió una carta que demostraba su fidelidad constante. Tras leer su respuesta, Isaac movió la cabeza y dijo: “Ni una sola palabra de arrepentimiento” 12 .

Rebecca siguió defendiendo incondicionalmente a José Smith y a la Iglesia restaurada; y a pesar de los sacrificios que trajo el escoger la Iglesia en vez de a su padre, Rebecca siguió honrándolo. Ella valoraba lo que su padre le había enseñado y expresó su gratitud y amor por él. Terminó la carta que le escribió en 1834 diciendo: “Siempre recordaré las enseñanzas… que he recibido de mi amado padre” 13 .

En 1839, el padre de Rebecca falleció. Tan sólo tres años después perdió a su esposo. A pesar de las dificultades tan dolorosas, la fe y el valor de Rebecca no cesaron. Cuando los santos caminaron hacia el Oeste, en dirección a Utah, ella viajó con la familia de su hijo Ezra y condujo su propia yunta. Luego se hizo cargo de una granja en Mill Creek. Cuando terminó la construcción del Tabernáculo de Salt Lake y se les pidió a los santos que donaran lo que pudieran, ella entregó un juego de cucharas de plata para que hicieran bandejas para la mesa de la Santa Cena. Finalmente, en 1860, aunque estaba muy débil, cuando el presidente Brigham Young le pidió a su familia que se estableciera en el lejano Cache Valley, Utah, con gusto se trasladó una vez más y nuevamente condujo su propia yunta.

Rebecca murió en Smithfield, Utah, el 25 de septiembre de 1861. Se mantuvo fiel a sus creencias, a su conocimiento de la verdad y a las experiencias que había tenido. Permaneció “constante e inmutable” hasta el fin (Mosíah 5:15).

Ilustraciones por Richard Hull

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    Notas

  1.   1.

    De Rebecca Swain Williams a Isaac Fischer Swain, 4 de junio de 1834, Biblioteca de Historia de la Iglesia, Salt Lake City.

  2.   2.

    La información bibliográfica proviene de Nancy Clement Williams, Meet Dr. Frederick Granger Williams … and His Wife Rebecca Swain Williams: Read Their True Story in the First Introduction—after 100 Years, 1951; y Frederick G. Williams, “Frederick Granger Williams of the First Presidency of the Church”, BYU Studies, tomo XII, N° 3, 1972, págs. 243–261.

  3.   3.

    Williams, Meet Dr. Frederick Granger Williams, pág. 5.

  4.   4.

    Williams, Meet Dr. Frederick Granger Williams, pág. 55.

  5.   5.

    Historia de la Iglesia, tomo I, pág. 263.

  6.   6.

    Williams, Meet Dr. Frederick Granger Williams, pág. 63.

  7.   7.

    Véase también carta de Rebecca Williams del 4 de junio de 1834.

  8.   8.

    Carta de Rebecca Williams del 4 de junio de 1834.

  9.   9.

    Carta de Rebecca Williams del 4 de junio de 1834.

  10.   10.

    En Williams, Meet Dr. Frederick Granger Williams, pág. 63.

  11.   11.

    Carta de Rebecca Williams del 4 de junio de 1834.

  12.   12.

    Carta de George Swain, 17 de marzo de 1839, texto mecanografiado, Biblioteca de Historia de la Iglesia, Salt Lake City.

  13.   13.

    Carta de Rebecca Williams, 4 de junio de 1834.