Ideas para la noche de hogar


Este ejemplar contiene artículos y actividades que se podrían utilizar en la noche de hogar. A continuación figuran algunos ejemplos:

“Recordarle siempre”, página 21: Considere la posibilidad de analizar como familia el consejo del élder Christofferson: “Podemos comenzar por separar todo aquello que constituye nuestra vida y luego volver a ponerlo en orden de prioridad, con el Salvador en el centro”. Podría hablar acerca de algunas de las bendiciones que menciona el élder Christofferson, las cuales llegan al “recordar siempre al Salvador”.

“El poder de las Escrituras”, página 52: Después de leer este artículo juntos, invite a los integrantes de la familia a compartir sus sentimientos en cuanto a leer las Escrituras y en cuanto a ir a seminario. Invítelos a escribir en su diario personal su testimonio acerca del poder de las Escrituras. Inste a sus hijos a estudiar y a aprender de memoria los pasajes del Dominio de las Escrituras.

“El Mediador Jesucristo”, página 56: Mientras leen juntos el artículo, invite a su familia a que preste atención a la importancia de un mediador. Pregúnteles qué hubiera ocurrido si un mediador no hubiera ayudado al hombre que tenía la deuda. También podrían leer pasajes de las Escrituras que hablen acerca de que el Salvador es nuestro Mediador y analizar cómo sucede eso. Considere la posibilidad de leer 2 Nefi 2:27–28 y Alma 42:24–25.

“Disfrazada”, página 70: Quizás podría invitar a los integrantes de la familia a disfrazarse o a actuar como si fuesen otra persona. Dé a cada persona la oportunidad de explicar quiénes son. Después de leer la historia, explique que, sin importar qué papel representemos, siempre somos hijos de Dios.

Momentos felices y lazos eternos

Cuando mis hijos eran pequeños, les gustaba jugar después de la noche de hogar. Uno de sus juegos preferidos era “El elefante Trompita”, que se llamaba así por una canción que nuestra hija Jocelyn había aprendido en la escuela. Después de que todos cantábamos la canción, yo era Trompita y paseaba a los niños sobre mi espalda. Primero mi hijo de dos años, Jorge; después mi hija Jocelyn, de cuatro años; y por último, mi esposa Elizabeth, se subían a mi espalda. Con los tres sobre mi espalda, los paseaba por la sala; era muy divertido.

Años más tarde, mis dos hijos, ya grandes, estaban esperando sus llamamientos misionales. Durante una noche de hogar, se acordaron de “El elefante Trompita”. Juntos cantamos la canción y, después de muchos años, volví a convertirme en el elefante. Primero mi hijo, después mi hija y, por último, su madre se subieron a mi espalda. Terminé aplastado en el piso y todos terminamos riéndonos.

El recuerdo de aquel momento nos hace estar agradecidos de que los profetas nos hayan enseñado en cuanto a la noche de hogar. Aprendimos que, sin importar cuán sencillas sean nuestras noches de hogar, lo más importante es que tengamos momentos felices con nuestra familia, momentos que fortalezcan nuestros lazos eternos.

Víctor G. Chauca Rivera