Establecer un hogar centrado en Cristo


Richard J. Maynes
Entendemos y creemos en la naturaleza eterna de la familia. Este entendimiento y creencia deben inspirarnos a hacer todo lo que esté a nuestro alcance para establecer un hogar centrado en Cristo.

A principios de mi servicio como joven misionero en Uruguay y Paraguay, me di cuenta de que una de las grandes atracciones para los que deseaban saber más en cuanto a La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días era su interés en nuestra doctrina en cuanto a la familia. De hecho, desde la Restauración del evangelio de Jesucristo, los investigadores que buscan la verdad se han sentido atraídos a la doctrina de que las familias pueden ser eternas.

El principio de familias eternas es un elemento esencial en el gran plan de nuestro Padre Celestial para Sus hijos. El entendimiento de que tenemos una familia celestial así como una familia terrenal es fundamental en ese plan. El apóstol Pablo nos enseña que nuestro Padre Celestial es el padre de nuestros espíritus:

“Para que buscasen a Dios… [y] le hallasen…

“Porque en él vivimos, y nos movemos y somos… Porque linaje suyo somos”1.

Que somos linaje de un amoroso Padre Celestial es un principio tan básico del evangelio de Jesucristo, que incluso nuestros hijos proclaman su verdad cuando cantan la canción de la Primaria “Soy un hijo de Dios”. ¿Recuerdan la letra?

Soy un hijo de Dios;
Él me envió aquí.
Me ha dado un hogar
y padres buenos para mí.
Guíenme; enséñenme
la senda a seguir
para que algún día yo
con Él pueda vivir2.

Reconocer que tenemos una familia celestial nos ayuda a entender la naturaleza eterna de nuestra familia terrenal. En Doctrina y Convenios se nos enseña que la familia es una parte fundamental del orden del cielo: “Y la misma sociabilidad que existe entre nosotros aquí, existirá entre nosotros allá; pero la acompañará una gloria eterna…”3.

Entender la naturaleza eterna de la familia es un elemento de importancia crítica a fin de comprender el plan de nuestro Padre Celestial para Sus hijos. El adversario, por otro lado, desea hacer todo lo que esté a su alcance para destruir el plan de nuestro Padre Celestial. En su intento por hacer fracasar el plan de Dios, está dirigiendo un ataque sin precedentes contra la institución de la familia. Algunas de las armas más poderosas que utiliza en sus ataques son el egoísmo, la avaricia y la pornografía.

Nuestra felicidad eterna no es uno de los objetivos de Satanás. Él sabe que una de las claves esenciales para hacer que los hombres y las mujeres sean miserables como él es privarlos de las relaciones familiares que tienen potencial eterno. Puesto que Satanás entiende que la verdadera felicidad en esta vida y en la eternidad se encuentra en la familia, hace todo lo que está a su alcance por destruirla.

Alma, el profeta de la antigüedad, denomina el plan de Dios para Sus hijos “el gran plan de felicidad”4. La Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles, a quienes sostenemos como profetas, videntes y reveladores, nos han ofrecido este inspirado consejo en cuanto a la felicidad y la vida familiar: “La familia es ordenada por Dios. El matrimonio entre el hombre y la mujer es esencial para Su plan eterno. Los hijos merecen nacer dentro de los lazos del matrimonio y ser criados por un padre y una madre que honren sus votos matrimoniales con completa fidelidad. La felicidad en la vida familiar tiene mayor probabilidad de lograrse cuando se basa en las enseñanzas del Señor Jesucristo”5.

Esta felicidad de la que habla Alma, y más recientemente la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles, indudablemente se encontrará en el hogar y en la familia. Se encontrará en abundancia si hacemos todo lo que esté a nuestro alcance por establecer un hogar centrado en Cristo.

La hermana Maynes y yo aprendimos algunos principios importantes conforme iniciamos el proceso de establecer un hogar centrado en Cristo al principio de nuestro matrimonio. Comenzamos por seguir el consejo de nuestros líderes de la Iglesia. Reunimos a nuestros hijos y llevamos a cabo noches de hogar cada semana, así como oraciones y el estudio de las Escrituras diariamente. No siempre fue fácil, ni conveniente ni tuvimos éxito, pero con el tiempo esas sencillas actividades se convirtieron en preciadas tradiciones familiares.

Aprendimos que nuestros hijos quizá no recordarían todo en cuanto a la lección de la noche de hogar más adelante en la semana, pero que recordarían que la llevamos a cabo. Aprendimos que más tarde, durante el día, quizá no recordarían las palabras exactas de las Escrituras o de la oración, pero recordarían que habíamos leído las Escrituras y que habíamos hecho la oración. Hermanos y hermanas, hay gran poder y protección para nosotros y nuestros jóvenes cuando establecemos tradiciones celestiales en nuestro hogar.

Aprender, enseñar y poner en práctica los principios del evangelio de Jesucristo en nuestro hogar nos ayuda a crear un ambiente en el que el Espíritu pueda morar. Mediante el establecimiento de estas tradiciones celestiales en nuestro hogar podremos vencer las tradiciones falsas del mundo y aprender a poner en primer lugar las necesidades y preocupaciones de los demás.

La responsabilidad de establecer un hogar centrado en Cristo recae tanto en los padres (padre y madre) como en los hijos. Los padres son responsables de enseñar a los hijos con amor y rectitud. El padre y la madre serán responsables ante el Señor en cuanto a la forma en que cumplan con sus responsabilidades sagradas. Los padres enseñan a sus hijos con palabras y mediante el ejemplo. Este poema de C. C. Miller titulado “The Echo” [El eco], ilustra la importancia del ser madre y padre, y el impacto que tienen en los hijos al ejercer influencia en ellos:

Fue una oveja y no un cordero
que se perdió en la parábola de antaño.
Jesús contó de una oveja adulta
que se apartó de las noventa y nueve del rebaño.
¿Por qué a la oveja debemos buscar
y por su bienestar orar?
Porque si la oveja se pierde, peligro hay
de que a los corderos vaya a descarriar.
El camino que las ovejas lleven,
seguramente los corderos seguirán;
las decisiones erróneas que ellas tomen,
tras poco los corderos también tomarán.
Es, pues, por el bien de los corderos
que por las ovejas hemos de rogar;
pues cuando éstas se pierden en el camino,
cuán terrible precio
los corderos han de pagar6.

En Doctrina y Convenios el Señor nos explica las consecuencias que tendrán el padre y la madre que lleven por mal camino a sus hijos: “Y además, si hay padres que tengan hijos en Sión… y no les enseñen a comprender la doctrina del arrepentimiento, de la fe en Cristo, el Hijo del Dios viviente, del bautismo y del don del Espíritu Santo por la imposición de manos… el pecado será sobre la cabeza de los padres”7.

Es difícil exagerar la importancia de que el padre y la madre enseñen a los hijos las tradiciones celestiales mediante la palabra y el ejemplo. Los hijos también tienen un papel importante en el establecimiento de un hogar centrado en Cristo. Permítanme compartirles un corto discurso que dio Will, mi nieto de ocho años, que ilustra este principio:

“Me gusta andar a caballo y lazar ganado con mi papá. Una cuerda tiene varias hebras entretejidas para hacerla fuerte. Si la cuerda sólo tuviera una hebra, no podría hacer lo que tiene que hacer. Pero como tiene más hebras que trabajan juntas, la podemos usar de muchas maneras diferentes y es fuerte.

“Las familias pueden ser como las cuerdas; cuando sólo una persona está trabajando duro y haciendo lo que es correcto, la familia no puede ser tan fuerte como cuando todos se esfuerzan por ayudarse el uno al otro.

“Sé que cuando hago lo correcto, ayudo a mi familia. Cuando trato a mi hermana Isabelle bien, los dos nos divertimos y mamá y papá se sienten felices. Si mamá necesita hacer algo, para ayudarle puedo jugar con mi hermanito Joey. También puedo ayudar a mi familia si mantengo limpio mi dormitorio y ayudo en todo lo que puedo con una buena actitud. Como soy el mayor de mi familia, sé que es importante ser un buen ejemplo. Puedo esforzarme por escoger lo correcto y seguir los mandamientos.

“Sé que los niños pueden ayudar a su familia a ser fuerte como una cuerda fuerte. Cuando todos se esfuerzan y trabajan juntos, las familias pueden ser felices y fuertes”.

Cuando padres y madres presiden la familia con amor y rectitud y enseñan a sus hijos el evangelio de Jesucristo con palabras y mediante el ejemplo; y cuando los hijos aman y apoyan a sus padres y madres al aprender y poner en práctica los principios que ellos les enseñan, el resultado será el establecimiento de un hogar centrado en Cristo.

Hermanos y hermanas, como miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días entendemos y creemos en la naturaleza eterna de la familia. Este entendimiento y creencia deben inspirarnos a hacer todo lo que esté a nuestro alcance para establecer un hogar centrado en Cristo. Les doy mi testimonio de que, a medida que nos esforcemos por hacerlo, practicaremos más plenamente el amor y el servicio que fueron ejemplificados mediante la vida y la Expiación de nuestro Salvador Jesucristo; y, como resultado, realmente podremos sentir que nuestro hogar es un pedacito de cielo en la tierra. En el nombre de Jesucristo. Amén.

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    Notas

  1.   1.

    Hechos 17:27-28.

  2.   2.

    “Soy un hijo de Dios”, Himnos, Nº 196.

  3.   3.

    Doctrina y Convenios 130:2; véase también Robert D. Hales, “La familia eterna”, Liahona, enero de 1997, pág. 72.

  4.   4.

    Alma 42:8.

  5.   5.

    Véase “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, Liahona, noviembre de 2010, pág. 129.

  6.   6.

    Miller, C. C., “The Echo”, en Best-Loved Poems of the LDS People, editado por Jack M. Lyon y colaboradores, Salt Lake City: Deseret Book, 1996, págs. 312–313.

  7.   7.

    Doctrina y Convenios 68:25; cursiva agregada.