El Fondo Perpetuo para la Educación cumple promesas proféticas


Hace diez años, el presidente Gordon B. Hinckley (1910–2008) señaló un problema: la incapacidad de muchos ex misioneros y otros jóvenes dignos en los países en desarrollo de escapar de la pobreza; y proporcionó una solución: El Fondo Perpetuo para la Educación (FPE). Un fondo rotativo que se establecería con las donaciones de los miembros y los amigos de la Iglesia, el FPE proporcionaría préstamos para fines educativos a los jóvenes a fin de que se preparasen para obtener trabajos remunerados en sus comunidades y devolver los préstamos para que otros tuviesen la misma oportunidad. Dijo que la Iglesia dependería de los voluntarios y de los recursos existentes de la Iglesia para llevarlo a cabo.

Milagros realizados

Cuando el presidente Hinckley se paró ante el púlpito el 31 de marzo de 2001 y presentó la visión del Fondo Perpetuo para la Educación frente al sacerdocio de la Iglesia, fue evidente para muchos que el profeta del Señor había recibido instrucciones.

Existía la posibilidad de fracasar cuando los líderes del FPE que acababan de ser llamados se pusieron en marcha para comenzar a otorgar préstamos a principios del otoño de 2001, como lo había mandado el presidente Hinckley. Aparte del bosquejo inspirado del profeta, no existía ningún plan de trabajo, ninguna propuesta detallada. El programa se organizó utilizando el texto del discurso del presidente Hinckley en la conferencia como base. Cientos de solicitudes de préstamos llegaban a las Oficinas Generales de la Iglesia al mismo tiempo que se designaba a los directores y se organizaba la estructura básica del programa.

Pero ya estaban sucediendo milagros. El primer año se donaron millones de dólares al programa. Varias personas cuyos antecedentes los calificaban de forma específica para trabajar en el FPE, estuvieron disponibles de inmediato para servir como directores voluntarios. La infraestructura necesaria para apoyar al FPE globalmente ya había sido establecida en los programas de instituto del Sistema Educativo de la Iglesia y los centros de Recursos de Empleo de la Iglesia. Todo lo que se necesitaba se obtuvo con rapidez, dando al programa lo que el presidente Hinckley informó en abril de 2002, era una “cimiento sólido”1.

Rex Allen, que actualmente presta servicio como director voluntario de capacitación y comunicaciones del FPE, dijo: “Hace muchos años, Moisés extendió su vara sobre el mar Rojo y las aguas se dividieron. El presidente Hinckley demostró esa misma clase de fe cuando extendió su manto profético sobre el oscuro mar de la pobreza y puso en marcha el FPE”.

“Es un milagro”, expresó el presidente Hinckley repetidas veces.

Sin embargo, después de 10 años, los milagros tal vez recién comiencen.

Promesas cumplidas

Al anunciar el FPE, y en otros discursos, el presidente Hinckley prometió que varias bendiciones surgirían del FPE. Cada una de ellas se cumple cada vez con mayor ímpetu a medida que más participantes se gradúan del FPE y pagan sus préstamos.

Oportunidad y empleo

“[Los participantes] tendrán la oportunidad de lograr una buena educación que los sacará de la desesperación de la pobreza”, dijo el presidente Hinckley2.

En febrero de 2011, casi el 90 por ciento de los que habían buscado trabajo después de terminar sus estudios han encontrado empleo. Un 78 por ciento de los que ahora trabajan dicen que su empleo actual es mejor que el que tenían antes de obtener capacitación. El salario promedio de los participantes del FPE después de sus estudios es de tres a cuatro veces más que antes, lo que representa una gran mejoría en su situación económica.

La familia y la comunidad

“Se casarán y progresarán con destrezas que los calificarán para ganar bien, y ocuparán su lugar en la sociedad donde harán una contribución substancial”, declaró el presidente Hinckley3. Un poco más del tercio de los participantes actuales del FPE están casados en este momento.

El élder John K. Carmack, director ejecutivo del FPE, dice: “Uno de los resultados más alentadores del FPE hasta ahora es que vemos a los jóvenes tener más esperanza. Esa esperanza les da el valor para casarse y seguir adelante con sus vidas”.

Al hacerlo, sus familias que van creciendo, tendrán la esperanza de futuros más brillantes.

La Iglesia y el liderazgo

“Como miembros fieles de la Iglesia, pagarán su diezmo y ofrendas, y la Iglesia será mucho más firme gracias a la presencia de ellos en las regiones donde viven”, manifestó el presidente Hinckley4.

En algunas áreas donde el FPE ha estado en funcionamiento por varios años, entre un 10 y 15 por ciento de los líderes actuales de la Iglesia son participantes del FPE.

“Los participantes han animado a otros jóvenes a utilizar los préstamos del FPE y salir de la pobreza”, dijo Rex Allen. “Después de diez años vemos el círculo de la esperanza expandirse a medida que aquellos que han sido bendecidos comparten sus bendiciones con los demás”.

El efecto en la vida de muchos

“[El FPE] será una bendición para todos aquellos cuyas vidas toque: para los hombres y las mujeres jóvenes, para sus futuros hijos, y para la Iglesia que será bendecida con el sólido liderazgo local de ellos”, prometió el presidente Hinckley5.

Más de 47.000 personas han participado en el FPE desde el otoño de 2001. Eso no incluye a los familiares a quienes las personas que participan en el FPE sostienen e inspiran; los barrios y ramas que se benefician a causa de los miembros que tienen mayor capacidad para prestar servicio y hacer una contribución; y las economías locales que necesitan trabajadores preparados para crecer.

“Imaginen el impacto que causa el pensar en todas las personas a quienes afecta”, dijo el hermano Allen. “Eso se extiende a los que donan al FPE —los donantes, las familias, los barrios y las ramas de ellos— todos son bendecidos gracias a sus contribuciones”.

“Está al alcance de casi todo Santo de los Últimos Días el poder dar algo a este fondo y a otras buenas causas de forma regular”, expresó el élder Carmack. “La invitación del presidente Hinckley ayuda a aquellos que contribuyen al FPE así como a quienes [lo utilizan], a mejorar y así acercarse más al Salvador”.

Avance continuo

La visión profética del presidente Hinckley en cuanto al Fondo Perpetuo para la Educación se ha cumplido a medida que la influencia de este programa inspirado continúa extendiéndose por el mundo; y se seguirá cumpliendo en mayor grado al continuar las donaciones y el pago de los préstamos, permitiendo a una nueva generación de participantes mejorarse a sí mismos y su situación.

Para saber más acerca del Fondo Perpetuo para la Educación, sírvase ir a pef.lds.org.

El Fondo Perpetuo para la Educación, que comenzó hace 10 años, ha ayudado a más de 47.000 participantes.

Fotografía por Brian Wilcox

“La invitación del presidente Hinckley ayuda a aquellos que contribuyen al FPE así como a quienes [lo utilizan], a mejorar y así acercarse más al Salvador”.

–Élder John K. Carmack

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    Notas

  1.   1.

    Gordon B. Hinckley, “La Iglesia avanza”, Liahona, julio de 2002, pág. 6.

  2.   2.

    Gordon B. Hinckley, “La Iglesia avanza”, Liahona, julio de 2002, pág. 6.

  3.   3.

    Gordon B. Hinckley, “La Iglesia avanza”, Liahona, julio de 2002, pág. 6.

  4.   4.

    Gordon B. Hinckley, “El Fondo Perpetuo para la Educación”, Liahona, julio de 2001, pág. 62.

  5.   5.

    Gordon B. Hinckley, Liahona, julio de 2001, pág. 62.