Los seguidores de Cristo


Walter F. González
Los seguidores de Cristo modelan su vida de acuerdo con la del Salvador para andar en la luz.

El pasado octubre, mi esposa y yo acompañamos al élder Neil L. Andersen y a su esposa a la palada inicial de un nuevo templo en Córdoba, Argentina. Como de costumbre, después de la ceremonia hubo una conferencia de prensa. Una periodista que no era miembro de nuestra Iglesia comentó que había observado lo bien que los hombres trataban a su esposa; luego preguntó de forma inesperada: “¿Es eso realidad o ficción?”. Estoy seguro de que observó y percibió algo diferente entre nuestros miembros. Quizás haya percibido en ellos el deseo de seguir a Cristo; los miembros de la Iglesia de todo el mundo tienen ese deseo. Al mismo tiempo, millones de personas que no son miembros de la Iglesia también tienen el deseo de seguirlo.

Recientemente mi esposa y yo nos quedamos muy impresionados con la gente que vimos en Ghana y en Nigeria; en su mayoría, no son miembros de nuestra Iglesia. Nos alegró ver el deseo que tienen de seguir a Cristo, lo cual expresaron en muchas de sus conversaciones en sus hogares, en los automóviles, en las paredes y en los carteles publicitarios. Nunca habíamos visto tantas iglesias cristianas una al lado de la otra.

Los Santos de los Últimos Días tenemos el deber de invitar a millones de personas como ellos a venir y ver lo que nuestra Iglesia puede añadir a lo bueno que ya tienen. Toda persona de cualquier continente, clima o cultura puede saber por sí misma que el profeta José Smith vio al Padre y al Hijo en una visión; puede saber que hubo mensajeros celestiales que restauraron el sacerdocio y que el Libro de Mormón es otro testamento de Jesucristo. En las palabras del Señor a Enoc, la “justicia [se ha enviado] desde los cielos; y la verdad [ha brotado] de la tierra para testificar [del] Unigénito [del Padre]”1.

El Salvador ha prometido: “…el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida”2. Los seguidores de Cristo modelan su vida de acuerdo con la del Salvador para andar en la luz. Hay dos características que nos ayudan a reconocer hasta qué punto lo seguimos. Primero, los verdaderos seguidores de Cristo son personas que aman; segundo, los verdaderos seguidores de Cristo hacen convenios y los guardan.

La primera característica, demostrar amor, probablemente sea una cosa que notó la periodista de Córdoba entre los miembros de la Iglesia. Seguimos a Cristo porque lo amamos y, cuando seguimos al Redentor por amor, seguimos Su propio ejemplo. Por amor, el Salvador fue obediente a la voluntad del Padre en toda circunstancia. Nuestro Salvador fue obediente aun cuando el serlo le acarreó enorme sufrimiento físico y emocional, aun si eso significaba recibir azotes y burlas e incluso la tortura de Sus enemigos mientras Sus amigos lo abandonaron. El sacrificio expiatorio, que es exclusivo de la misión del Salvador, es la expresión de amor más grandiosa en la historia de la humanidad. “…el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por sus heridas fuimos nosotros sanados”3.

Así como Cristo siguió al Padre fuera cuales fueran las circunstancias, así también nosotros debemos seguir a Su Hijo. Si lo hacemos, no tendrá importancia el tipo de persecución, sufrimiento, aflicción o “aguijón en la carne”4 que enfrentemos; no estamos solos; Cristo nos auxiliará. Sus entrañables misericordias nos harán fuertes en cualquier circunstancia5.

El seguir a Cristo puede implicar el abandono de muchas cosas preciadas, como hizo Rut, la moabita. Siendo una conversa reciente y por amor a Dios y a Noemí, dejó todo tras de sí para vivir su religión6.

Tal vez implique también resistir la adversidad y las tentaciones. En su juventud, José fue vendido como esclavo; le quitaron todo lo que amaba. Más adelante fue tentado a no ser casto, pero resistió la tentación y dijo: “…¿cómo, pues, haría yo este gran mal y pecaría contra Dios?”7. Su amor por Dios fue más fuerte que cualquier adversidad o tentación.

Hoy en día tenemos Ruts y Josés modernos por todo el mundo. Cuando el hermano Jimmy Olvera, de Guayaquil, Ecuador, recibió su llamamiento para servir en una misión, su familia estaba pasando grandes dificultades. El día de su partida se le dijo que si se iba, perdería a su familia. Con el corazón quebrantado, salió de la casa. Mientras estaba en la misión, su madre le pidió que la prolongara porque la familia estaba recibiendo muchísimas bendiciones. Actualmente, el hermano Olvera presta servicio como patriarca de estaca.

El amar a Cristo sinceramente nos da la fortaleza necesaria para seguirlo. El Señor mismo demostró eso al preguntar tres veces a Pedro: “…¿me amas?”. Luego, Pedro reafirma su amor por Él en voz alta y el Señor le dice a Pedro acerca de las adversidades que le esperaban. Entonces llegó la admonición: “Sígueme”. La pregunta del Salvador a Pedro también se nos puede hacer a nosotros: “¿Me amas?” junto con el llamado a la acción: “Sígueme”8.

El amor es una potente influencia en el corazón al esforzarnos por ser obedientes. El amor por nuestro Salvador nos inspira a guardar Sus mandamientos; y el amor por una madre, un padre o un cónyuge también puede inspirarnos a obedecer los principios del Evangelio. La forma en que tratamos a los demás indica hasta qué punto seguimos a nuestro Salvador al amarnos los unos a los otros9. Le demostramos el amor que le tenemos cuando nos detenemos a ayudar a otros; cuando somos “completamente honrados y rectos en todas las cosas”10, y cuando hacemos convenios y los guardamos.

La segunda característica que tienen los seguidores de Cristo es hacer convenios y guardarlos, así como Él lo hizo. Moroni señaló que “…el derramamiento de la sangre de Cristo… está en el convenio del Padre para la remisión de vuestros pecados, a fin de que lleguéis a ser santos, sin mancha”11.

El profeta José Smith enseñó que aun antes de la organización de esta tierra ya se hacían convenios en el cielo12. Profetas y patriarcas antiguos hicieron convenios.

El Salvador mismo nos dio el ejemplo. Él fue bautizado para cumplir toda justicia por alguien con la debida autoridad. Por medio de Su bautismo, el Salvador testificó ante el Padre que sería obediente en cumplir todos Sus mandamientos13. Como en los días de antaño, nosotros también seguimos a Cristo y hacemos convenios por medio de las ordenanzas del sacerdocio.

El hacer convenios es algo que millones de personas que no son miembros de nuestra Iglesia pueden añadir a todo lo bueno que ya tengan. El hacer convenios es una expresión de amor; es una manera de decirle a Él: “Sí, yo te seguiré porque te amo”.

Los convenios incluyen promesas, “sí, de vida eterna”14. Si los recordamos, todas las cosas obrarán juntamente para nuestro bien15. Deben hacerse y mantenerse para recibir completamente las promesas que brindan. El amor por el Salvador y el recordar nuestros convenios nos ayudará a guardarlos. Una forma de recordarlos es tomar la Santa Cena16; otra es asistir al templo a menudo. Recuerdo a un matrimonio joven de Sudamérica que estaba pensando en separarse porque no se llevaban bien. Un líder del sacerdocio les aconsejó que asistieran al templo y prestaran especial atención a las palabras y a las promesas de los convenios que se hacen allí. Así lo hicieron, y salvaron su matrimonio. El poder de nuestros convenios es mayor que cualquier desafío que afrontemos o que lleguemos a afrontar.

A los miembros que no estén activos en el Evangelio, les ruego que vuelvan y sientan la bendición de recordar y de renovar los convenios por medio de la Santa Cena y de la asistencia al templo. El hacerlo es una expresión de amor; demuestra la disposición a ser un verdadero seguidor de Cristo y los hará merecedores de recibir todas las bendiciones prometidas.

A los que no son miembros de nuestra Iglesia, los invito a ejercer fe, arrepentirse y prepararse para recibir el convenio del bautismo en La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días. Al hacerlo, demostrarán su amor por nuestro Padre Celestial y su disposición de seguir a Cristo.

Testifico que somos más felices cuando seguimos las enseñanzas del evangelio de Jesucristo; y al esforzarnos por seguirlo a Él, recibiremos las bendiciones del cielo. Sé que al hacer y guardar los convenios y convertirnos en verdaderos seguidores de Cristo, Sus promesas se cumplirán. Testifico de Su inmenso amor por cada uno de nosotros, y lo hago en el nombre de Jesucristo. Amén.

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    Notas

  1.   1.

    Moisés 7:62.

  2.   2.

    Juan 8:12.

  3.   3.

    Isaías 53:5.

  4.   4.

    Véase 2 Corintios 12:7.

  5.   5.

    Véase 1 Nefi 1:20.

  6.   6.

    Véase Rut 1:16.

  7.   7.

    Véase Génesis 39:7–9.

  8.   8.

    Véase Juan 21:15–19.

  9.   9.

    Véase Juan 13:35.

  10.   10.

    Alma 27:27.

  11.   11.

    Moroni 10:33.

  12.   12.

    Véase Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, 2007, pág. 44; véase también, Spencer W. Kimball, “Sed, pues, vosotros perfectos” (discurso pronunciado en el Instituto de Religión de Salt Lake, 10 de enero de 1975): “Hicimos votos, solemnes votos, en los cielos antes de venir a esta vida terrenal… Hicimos convenios, y los concertamos antes de aceptar nuestra posición aquí en la tierra”.

  13.   13.

    Véase 2 Nefi 31:5–7.

  14.   14.

    Abraham 2:11. Véase John A. Widtsoe, “Temple Worship”, (discurso pronunciado en el Salón de Asambleas de en Salt Lake City, 12 de octubre de 1920, pág. 10): “El convenio da vida a la verdad; y hace posible las bendiciones que premian a todas las personas que emplean el conocimiento en forma apropiada”.

  15.   15.

    Véase Doctrina y Convenios 90:24.

  16.   16.

    Véase, por ejemplo, 3 Nefi 18:7–11.