Enseñanzas para nuestros días


De los profetas de antaño aprendemos que el Libro de Mormón contiene muchas “cosas claras y preciosas” que fueron preservadas a fin de instruirnos en nuestros días (véase 1 Nefi 13:40; 19:3). Esas verdades brindan claridad y un mayor entendimiento de la plenitud del evangelio de Jesucristo y ayudan a quienes estudian el Libro de Mormón a navegar a través de los desafíos de la vida con esperanza y fortaleza. En las citas que aparecen a continuación, los profetas y apóstoles modernos testifican de esas importantes enseñanzas.

El Señor nos tiene presente

President Thomas S. Monson

“Me vienen a la memoria las palabras del Señor que se encuentran en el libro de Éter, del Libro de Mormón. Dijo Él: ‘…no podéis atravesar este gran mar, a menos que yo os prepare contra las olas del mar, y los vientos que han salido, y los diluvios que vendrán’ [Éter 2:25]. Mis hermanos y hermanas, Él nos ha preparado. Si prestamos oído a Sus palabras y vivimos los mandamientos, sobreviviremos esta época de permisividad e iniquidad, una época que se puede comparar con las olas, los vientos y los diluvios que pueden destruir. Él siempre nos tiene presentes y nos ama y, a medida que hagamos lo correcto, nos bendecirá”.

Presidente Thomas S. Monson, “Palabras de clausura”, Liahona, noviembre de 2009, pág. 109.

Jesús es el Cristo

President Henry B. Eyring

“El Libro de Mormón es el testimonio escrito más poderoso que tenemos de que Jesús es el Cristo. ¿Qué fue lo que Nefi dijo que era la base para recibir el Espíritu Santo? La fe en el Señor Jesucristo. ¿El leer el Libro de Mormón de vez en cuando asegurará la fe en el Señor Jesucristo? No esperarían que fuese así si leyeran el libro de Nefi detenidamente; él dice que ‘…es el don… para todos aquellos que lo buscan diligentemente’. Diligentemente, por supuesto, significa regularmente, y no hay duda que significa meditar y orar. El orar, desde luego, incluye la súplica ferviente para saber la verdad. Lo que sea menos que eso definitivamente no sería diligente, y lo que sea menos que eso no será suficiente ni para ustedes ni para mí”.

Presidente Henry B. Eyring, Primer Consejero de la Primera Presidencia, “Going Home”, en Brigham Young University 1986–87, Devotional and Fireside Speeches, 1987, págs. 77–78.

Una declaración del Evangelio

President Dieter F. Uchtdorf

“Los elementos fundamentales del mensaje del Evangelio se encuentran en todas las Santas Escrituras, pero se exponen más claramente en el Libro de Mormón y en las revelaciones dadas al profeta José Smith. En ellos, Jesús mismo claramente declara Su doctrina y Su evangelio, el cual los hijos de Dios deben cumplir para tener ‘la vida eterna’ (D. y C. 14:7)”.

Véase presidente Dieter F. Uchtdorf, Segundo Consejero de la Primera Presidencia, “¿No tenemos razón para regocijarnos?”, Liahona, noviembre de 2007, pág. 19.

El bautismo de los niños pequeños

President Boyd K. Packer

“[Algunas personas creen] que los niños pequeños se conciben en pecado y que llegan a la vida mortal en un estado de corrupción natural. ¡Esa doctrina es falsa!

“‘Porque, si he sabido la verdad’, escribió Mormón, ‘ha habido disputas entre vosotros concernientes al bautismo de vuestros niños pequeños’ (Moroni 8:5).

“Tras calificar esas disputas de ‘craso error’, continúa:…

“‘Escucha las palabras de Cristo, tu Redentor, tu Señor y tu Dios: He aquí, vine al mundo no para llamar a los justos al arrepentimiento, sino a los pecadores; los sanos no necesitan de médico sino los que están enfermos; por tanto, los niños pequeños son sanos, porque son incapaces de cometer pecado; por tanto, la maldición de Adán les es quitada en mí, de modo que no tiene poder sobre ellos…

“‘Y de esta manera me manifestó el Espíritu Santo la palabra de Dios; por tanto, amado hijo mío, sé que es una solemne burla ante Dios que bauticéis a los niños pequeños’ (Moroni 8:7–9)…

“Lean toda la epístola; es doctrina verdadera”.

Véase presidente Boyd K. Packer, Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles, “Los niños pequeños”, Liahona, enero de 1987, págs. 16–17.

Advertencias del Libro de Mormón

Elder L. Tom Perry

“Entre las lecciones que aprendemos del Libro de Mormón se encuentran la causa y el efecto de la guerra, y en qué condiciones se justifica; habla de las maldades y de los peligros de las combinaciones secretas, que se instituyen para conseguir poder y riquezas; habla de la realidad de Satanás e indica algunos de los métodos que él utiliza; nos aconseja sobre la forma prudente de utilizar la riqueza; nos habla de las verdades claras y preciosas del Evangelio, y de la realidad y la divinidad de Jesucristo, así como de Su sacrificio expiatorio por todo el género humano; nos hace saber del recogimiento de la casa de Israel en los últimos días; nos habla del objetivo y de los principios de la obra misional; nos advierte que evitemos el orgullo, la indiferencia, la postergación de deberes, los peligros de las falsas tradiciones, la hipocresía y la falta de castidad.

“Ahora bien, de nosotros depende el estudiar el Libro de Mormón y aprender acerca de sus principios, y aplicarlos a nuestra vida”.

Véase élder L. Tom Perry, del Quórum de los Doce Apóstoles, “Las bendiciones del leer el Libro de Mormón”, Liahona, noviembre de 2005, pág. 8.

Todo será restablecido

Elder Dallin H. Oaks

“La naturaleza literal y universal de la resurrección se describe vívidamente en el Libro de Mormón. El profeta Amulek enseñó:

“‘…la muerte de Cristo desatará las ligaduras de esta muerte temporal, de modo que todos se levantarán de esta muerte.

“‘El espíritu y el cuerpo serán reunidos otra vez en su perfecta forma; los miembros así como las coyunturas serán restaurados a su propia forma, tal como nos hallamos ahora…

“‘Pues bien, esta restauración vendrá sobre todos, tanto viejos como jóvenes, esclavos así como libres, varones así como mujeres, malvados así como justos; y no se perderá un solo pelo de su cabeza, sino que todo será restablecido a su perfecta forma’ (Alma 11:42–44).

“Alma también enseñó que en la resurrección ‘…todo será restablecido a su propia y perfecta forma’ (Alma 40:23)…

“¡Qué reconfortante es saber que todos los que hayan tenido alguna desventaja en la vida… resucitarán en ‘su propia y perfecta forma’!”

Élder Dallin H. Oaks, del Quórum de los Doce Apóstoles, “Resurrección”, Liahona, julio de 2000, pág. 17.

Los peligros de las combinaciones secretas

Elder M. Russell Ballard

“El Libro de Mormón nos enseña que las combinaciones secretas dedicadas al delito presentan un serio desafío, no solamente a las personas y a las familias, sino a civilizaciones enteras. Entre las combinaciones secretas de nuestra época se encuentran las pandillas, las organizaciones de narcotraficantes y las mafias. Las combinaciones secretas de nuestros días funcionan tal cual lo hicieron los ladrones de Gadiantón en la época del Libro de Mormón… Entre otras, tienen la finalidad de ‘…asesinar, y robar, y hurtar, y cometer fornicaciones y toda clase de iniquidades en oposición a las leyes de su patria, así como a las leyes de su Dios’ (Helamán 6:23).

“Si no tenemos cuidado, las combinaciones secretas de la actualidad pueden adquirir poder e influencia tan rápida y tan completamente como lo hicieron las de los días del Libro de Mormón”.

Véase élder M. Russell Ballard, del Quórum de los Doce Apóstoles, “En defensa de la verdad y la rectitud”, Liahona, enero de 1998, pág. 44.

Resolver los problemas de la vida

Elder Richard G. Scott

“…[El Libro de Mormón] contiene mensajes puestos allí por la mano divina con el fin de mostrar la manera de corregir la influencia de las tradiciones falsas y de cómo recibir la plenitud de la vida; enseña la manera de resolver los problemas y las tribulaciones de la actualidad… El Señor ha proporcionado el modo de corregir los graves errores de la vida; pero la guía que nos brinda no es de ningún valor si permanece oculta en un libro cerrado”.

Véase élder Richard G. Scott, del Quórum de los Doce Apóstoles, “Los verdaderos amigos”, Liahona, enero de 1989, pág. 80.

Un recordatorio de nuestros convenios

Elder Robert D. Hales

“En el Libro de Mormón se nos recuerda que nuestro bautismo es un convenio en cuanto a ‘…ser testigos de Dios [y de Su reino] en todo tiempo, y en todas las cosas y en todo lugar en que estuvieseis, aun hasta la muerte, para que seáis redimidos por Dios, y seáis contados con los de la primera resurrección, para que tengáis vida eterna’ (Mosíah 18:9; cursiva agregada)”.

Véase élder Robert D. Hales, del Quórum de los Doce Apóstoles, “El convenio del bautismo: Estar en el reino y ser del reino”, Liahona, enero de 2001, pág. 7.

Las bendiciones de la obediencia

Elder Quentin L. Cook

“En varias partes del Libro de Mormón leemos que al pueblo se le prometió que prosperaría en la tierra si guardaba los mandamientos (véase 1 Nefi 2:20; 2 Nefi 4:4). A esa promesa muchas veces la acompañaba la advertencia de que si no guardaban los mandamientos de Dios, serían separados de Su presencia (véase Alma 36:30)”.

Élder Quentin L. Cook, del Quórum de los Doce Apóstoles, “Quiero que sepas que lo pasamos muy mal”, Liahona, noviembre de 2008, pág. 104.

Dos palos se convierten en uno

Casi desde que nací, la Biblia ha sido una de mis posesiones; no obstante, hasta que recibí un ejemplar del Libro de Mormón no me había familiarizado con todos los principios del Evangelio. Descubrí que únicamente se puede tener acceso al evangelio pleno de Jesucristo con el conocimiento de ese segundo “palo” (véase Ezequiel 37:15–17). Cuando tuve la combinación de ambos, me proporcionaron una experiencia que cambió mi vida: un mayor entendimiento de quién soy y del potencial que tengo de llegar a ser parte de la familia eterna de Dios. Esa combinación que había sido profetizada —“serán uno solo en tu mano” (versículo 17)— fue posible debido a que dos fieles misioneras se interesaron y me dejaron un ejemplar del segundo palo.

Previamente, caminaba a la luz de una vela; ahora, todo hueco y ranura está iluminado por la plenitud de las bendiciones del Evangelio. Siento que se me ha dado una nueva esperanza en la vida.

Ary Sala, Columbia Británica, Canadá

Avancemos con luz

En el capítulo dos de Éter leemos que el hermano de Jared estaba preocupado porque no habría luz en los barcos. Cuando le preguntó al Señor al respecto, Él contestó con una pregunta: “…¿qué deseas que prepare para vosotros, a fin de que tengáis luz…?” (versículo 25).

He pensado mucho en la forma en que reaccionó el hermano de Jared a la pregunta del Señor. Primeramente subió a un monte donde “…fundió dieciséis piedras pequeñas” (Éter 3:1). Llevó las piedras a la cima del monte, donde oró. Para comenzar, se humilló ante el Señor, pidió misericordia y reconoció el poder que el Señor tenía para contestar su oración. Luego demostró su fe al decir: “…Sabemos que puedes manifestar gran poder” (Éter 3:5). El hermano de Jared le pidió al Señor que tocara las piedras para que pudieran iluminar los barcos.

Ese pasaje ha cambiado mi forma de orar; anteriormente, solía pedir: “Padre, ¿qué deseas que yo haga?”. En realidad, en muchas situaciones es necesario que yo medite, analice mis recursos, establezca un plan y después acuda al Padre y le pregunte si el plan es bueno, tras lo cual oro pidiendo los milagros que no puedo realizar por mí misma.

Elena Gómez de Santurión, Uruguay

La familia es eterna

He leído el Libro de Mormón desde que me bauticé en 1995; pero no fue sino hasta que me casé que el leer sobre los hijos de Lehi que iban y volvían de Jerusalén fue significativo para mí en lo que respecta a mi propia familia.

Parece que el Señor quería que Lehi tuviera una familia eterna. En primer lugar, le dijo que dejara todo atrás y salvara a su familia de ese momento llevándola a la tierra prometida. Mientras aún se encontraban en el desierto, el Señor le dijo a Lehi que enviara a sus hijos a conseguir los anales de sus familiares del pasado. Después, los envió a traer a Ismael y a sus hijas; con ello los estaba preparando para su familia del futuro.

El crear el vínculo entre el presente, el pasado y el futuro de nuestra familia eterna es una importante responsabilidad que tengo que atesorar, así como lo hizo Lehi. Es posible que esas experiencias hayan ayudado a Lehi a prepararse para la visión del árbol de la vida y para lograr un entendimiento de que el amor de Dios debe cultivarse dentro de la familia eterna.

Salote Malani Maiwiriwiri, Hawái, EE. UU.