Cosas pequeñas y sencillas


“…por medio de cosas pequeñas y sencillas se realizan grandes cosas” (Alma 37:6).
Historia de la Iglesia en el mundo

México

Los primeros misioneros Santos de los Últimos Días llegaron a México en 1875. Se dividieron en dos grupos; uno envió selecciones del Libro de Mormón en español a líderes de influencia en todo el país y enseñaron a mucha gente, pero no convirtieron a nadie. El otro grupo bautizó, en Hermosillo, Sonora, a los primeros cinco miembros de la Iglesia en México. Cuatro años más tarde, Plotino C. Rhodakanaty, de la Ciudad de México, uno de los líderes que había recibido la literatura de la Iglesia en 1875, solicitó que lo bautizaran a él y a otras personas. En 1885 se terminó una traducción del Libro de Mormón en español.

Durante muchos años, el país enfrentó un clima de tensión política, pero los primeros miembros permanecieron fieles. La Estaca México, la primera estaca de habla hispana de la Iglesia, se organizó el 3 de diciembre de 1961. La Iglesia abrió varias escuelas, entre ellas, la escuela Benemérito de las Américas, fundada en la Ciudad de México en 1963 y que todavía funciona.

El primer templo construido en México, situado en la Ciudad de México, se dedicó en 1983; en 2000, se dedicaron 8 templos más en México.

En 2004, México llegó a ser el primer país fuera de los Estados Unidos que tuvo un millón de miembros.

La Iglesia en México

Miembros

1.234.545

Misiones

23

Estacas

221

Barrios y ramas

2.009

Templos

12 en funcionamiento, 1 anunciado

Ciudad de México

Templo de Tijuana, México (anunciado)

Templo de Ciudad Juárez, México

Templo de Colonia Juárez, Chihuahua, México

Templo de Hermosillo, Sonora, México

Templo de Monterrey, México

Templo de Tampico, México

Templo de Guadalajara, México

Templo de la Ciudad de México, México

Templo de Veracruz, México

Templo de Oaxaca, México

Templo de Mérida, México

Templo de Villahermosa, México

Templo de Tuxtla Gutiérrez, México

Océano Pacífico

La Navidad para los primeros pioneros

Los rigurosos meses de invierno fueron tiempos difíciles para la mayoría de los pioneros, y a menudo escasearon los recursos para los regalos de Navidad y las celebraciones. Sin embargo, eso no impidió que los primeros pioneros crearan recuerdos especiales durante la época navideña. Éstas son algunas de las narraciones de cómo se celebraba la Navidad en el tiempo de los pioneros:

Mi Navidad más feliz

“Mi primera Navidad en el Valle [del Lago Salado] fue un sábado; la celebramos el día de reposo. Nos reunimos todos alrededor del mástil de la bandera en el centro del fuerte; allí llevamos a cabo la reunión. ¡Fue una gran reunión! Cantamos alabanzas a Dios; hicimos la primera oración juntos y siempre recordaré al discursante de ese día. Hubo palabras de gratitud y de ánimo, no se pronunció ni una palabra pesimista; la gente estaba esperanzada y alegre a causa de su fe en el futuro. Después de la reunión hubo apretones de manos por todas partes y algunos lloraban de alegría. Esa noche, los niños jugaron en el recinto y alrededor del fuego de artemisas. Nos reunimos y cantamos: ‘Santos venid, sin miedo, sin temor, mas con gozo andad’. Comimos conejo hervido y un poco de pan para la cena, hubo comida suficiente para todos y se percibía una sensación perfecta de paz y de buena voluntad. Nunca tuve una Navidad más feliz que ésa”.

Autor anónimo, citado por Bryant S. Hinckley, en Kate B. Carter, compilado de Our Pioneer Heritage, 20 tomos (1958–1977), tomo XIV, pág.198.

¡Cómo pasa el tiempo!

“Cuando yo tenía dieciséis años, una noche mi padre organizó una fiesta de Navidad para sus hijos, las familias de ellos y los vecinos más cercanos. Bailamos, y mis hermanos tocaron la música. Sabíamos que la intención de nuestro padre era terminar la fiesta a las diez en punto, lo que hizo en medio de un baile tradicional, ordenando a los músicos que dejaran de tocar. Pero mi padre no sabía que esa noche mis hermanos me habían levantado varias veces hasta el reloj, y que cada vez yo lo había atrasado treinta minutos. Debió haber sido después de la medianoche cuando terminó la fiesta”.

Registros de la familia Christian Olsen, en Carter, Our Pioneer Heritage, tomo XV, pág.199.

Momentos felices

“Cuando los niños se despertaron la mañana de la Navidad de 1849, no había ni una muñeca en toda la región; no, ni tampoco se halló siquiera un caramelo ni una manzana en las cabañas. Pero a pesar de todo, los niños y sus padres estaban contentos; estaban felices porque todavía tenían un poco para comer y el futuro en sus nuevos hogares empezaba a ser más brillante cada día. Sin embargo, aunque no hubiera muñecas ni juguetes para los niños, los padres y las madres no podían olvidar la Navidad y, antes de que terminara el día, todos pasaron momentos felices.

“Por la noche se reunieron en la cabaña de John Rowberry; ésa era la casa donde se llevaron a cabo las primeras reuniones. Para terminar el día tuvieron un baile a la antigua usanza y fue el grupo más alegre que jamás se haya reunido para celebrar la Navidad… Sin embargo, el gran inconveniente fue la música. No fue posible encontrar ningún tipo de instrumento, así que, Cyrus Call, que silbaba muy bien, silbó las tonadas mientras los alegres pioneros danzaban”.

Sarah Tolman, en Kate B. Carter, compilado de Treasures of Pioneer Heritage, 6 tomos (1952–1957), tomo IV, págs. 197–198.

Memorias de vidas ilustres

El presidente Lorenzo Snow (1814 –1901)

Aunque Lorenzo Snow más tarde llegó a ser el quinto Presidente de la Iglesia, tenía poco interés en bautizarse hasta que su hermana Eliza lo invitó a asistir a clases de hebreo en la escuela de los Profetas en Kirtland, Ohio, donde también asistían José Smith y otros líderes de la Iglesia. Lorenzo pronto se interesó en el Evangelio y se unió a la Iglesia el 19 de junio de 1836. Después, el élder Snow sirvió en misiones a Italia, a las islas Sándwich (hoy Hawái) y a Gran Bretaña, donde entregó una copia del Libro de Mormón a la reina Victoria.

El élder Snow poseía dones extraordinarios que utilizó para servir al Señor. En su bendición patriarcal se le prometió que a pesar de que iba a vivir hasta una edad avanzada, no sentiría los efectos de la vejez; su vitalidad le permitió seguir activo en sus últimos años como apóstol y como profeta. También usó el sacerdocio para levantar de la muerte a varias personas.

Durante el tiempo en el que el presidente Snow fue profeta, los Santos de los Últimos Días del sur de Utah estaban pasando por una sequía. Al hablar en una conferencia en la ciudad de St. George, al sur de Utah, el presidente Snow se sintió inspirado a prometer a los santos que, si pagaban el diezmo, llovería y disfrutarían de una cosecha abundante. Aunque los miembros pagaron el diezmo, pasaron varios meses sin que lloviera. El presidente Snow suplicó al Padre Celestial que enviara lluvia. Más tarde recibió un telegrama que decía: “Lluvia en St. George”.

Si desea más información, véase Francis M. Gibbons, Lorenzo Snow: Spiritual Giant, Prophet of God,1982.