Él está allí


Rosemary M. Wixom
“…derramamos nuestras almas a Dios en oración, pidiéndole que nos fortaleciera” (Alma 58:10).

Cuando uno de nuestros hijos varones tenía once años, se levantó con un fuerte dolor de cabeza. Al principio pensé que no quería ir a la escuela, pero pronto me di cuenta de que tenía mucha fiebre. Lo llevé al doctor y de allí tuvimos que correr al hospital, donde se le diagnosticó meningitis espinal, una enfermedad grave.

Al empeorar su condición, comenzó a tener convulsiones. El doctor me pidió que saliera de la habitación. Al salir al pasillo, sentí miedo y comencé a llorar. Una mujer a la que yo no conocía me rodeó con sus brazos. Yo oré en voz alta para que el Padre Celestial ayudara a mi hijo y para que todo estuviera bien. Recuerdo haber sentido una gran paz.

Mi hijo tuvo cirugía y muchas semanas de recuperación. Hoy en día es una persona sana, está casado y es el padre de dos hijas hermosas. Esa experiencia fue un gran ejemplo para mí del poder de la oración.

Hay una canción de la Primaria que se titula “Oración de un niño”. Hace las preguntas: “Padre Celestial, dime, ¿estás ahí? ¿Y escuchas siempre cada oración?” (Canciones para los niños, pág. 6).

Y la respuesta es concluyente: Sí, Él escucha.

Si alguna vez te preguntas si el Padre Celestial vive, entonces es el momento de arrodillarte y preguntar: “Padre Celestial: ¿Estás realmente ahí? ¿De verdad viví contigo antes de venir a la tierra? ¿Puedo regresar a vivir contigo de nuevo?”.

Él contestará tu oración; te hará saber que está allí. Nunca estás solo. Lo necesitamos en todo momento, y Él está allí para nosotros.