Una voz en defensa de las normas elevadas


Nombre: Gerson Santos

Edad: 17 años

Localidad: Setúbal, Portugal

Pasatiempos: Cantar, actuar, tocar la guitarra, mirar películas, bailar con sus hermanas, componer y tocar música con su hermano y estudiar en el conservatorio.

Luces brillantes. Público bullicioso. Miles de aficionados en Facebook. Cuando a los diecisiete años Gerson Santos se convirtió en uno de los diez finalistas de la competencia televisada de talento musical portuguesa Ídolos, tuvo que ajustarse a la fama y la atención que acompañaron ese éxito. Gerson decidió recibir con los brazos abiertos esa oportunidad única de predicar el Evangelio, y pronto se lo llegó a conocer en los medios portugueses como el “concursante mormón” que estaba dispuesto a contestar preguntas acerca de su religión.

¿Cómo decidiste ingresar en Ídolos? ¿Cómo te preparaste?

Ídolos era un programa de televisión que realmente me gustaba mirar. Siempre me ha gustado cantar, y esperaba un día poder participar en una competencia musical. Este año no lo dudé; simplemente me inscribí en el programa y fui a la audición con mi padre. Creo que se podría decir que yo llevaba toda la vida preparándome para Ídolos. Cada experiencia que tuve en Ídolos fue increíble, sin excepción. Traté de aprovechar toda oportunidad que se me presentaba.

¿Qué oportunidades misionales tuviste durante la competencia?

Una vez, cuando cenábamos con los demás concursantes, conversamos un poco sobre religión, y yo hablé de mis creencias y de las normas de la Iglesia. Después le di a cada finalista un ejemplar del folleto Para la fortaleza de la juventud para que entendiesen mejor lo que yo creo. Algunos dijeron que las normas de la Iglesia parecían bastante conservadoras, pero otros me elogiaron por tener normas tan elevadas en estos días.

Ídolos seguramente te ocupó mucho tiempo. ¿Cómo lograste aún así tener tiempo para las responsabilidades de la Iglesia?

Seguí haciendo la oración, leyendo las Escrituras, participando de seminario y tomando la Santa Cena cada domingo. Actualmente me estoy preparando para servir en una misión, algo que he querido hacer desde que era pequeño. En mi barrio sirvo como pianista del barrio, como misionero de barrio y como ayudante del obispo en el quórum de presbíteros. Tuve que dedicarle casi todo mi tiempo a la competencia, pero me aseguré de primero dedicarle tiempo al Señor.