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Emular y honrar a nuestros Padres Celestiales


Debido a que tener un modelo en mente nos ayuda a emular las prácticas celestiales, nuestro sabio Padre proporcionó a Su Hijo como nuestro verdadero modelo para seguirlo a Él.

Emular y honrar a nuestros Padres Celestiales

El evangelio de Jesucristo es un evangelio de emulación, enseñó el élder Douglas L. Callister, ex Setenta: “…uno de los propósitos de nuestra probación terrenal es llegar a ser como [nuestros Padres Celestiales] en todo aspecto, de manera que nos sintamos cómodos en Su presencia”. Los emulamos al pensar, hablar, actuar y aun al parecernos físicamente a Ellos (véase Alma 5:14)1.

Como diseñador gráfico, tengo que trabajar en muchos estilos artísticos diferentes que los varios clientes piden. Para hacerlo, he considerado útil tener un modelo. Aun cuando el cliente me explique en gran detalle el trabajo y lo que él quiere como resultado, he descubierto que me ayuda tener una imagen a la que mirar mientras trabajo. El modelo, aunque sólo sea un modelo mental, me recuerda mi objetivo y me mantiene en una trayectoria constante.

De igual manera, en nuestro estado mortal probatorio, las instrucciones solas no siempre son suficiente para comunicar una información o transmitir un concepto nuevo. Es probable que necesitemos una ilustración o un modelo en la mente para ayudarnos a emular una práctica celestial. Por consiguiente, si pensamos que somos hijos de Dios que desean regresar a Él, es más probable que conformemos nuestra vida a la de Él y que nos esforcemos por obtener las cualidades inherentes a Él2.

Nuestro sabio Padre Celestial proporcionó a Su Hijo Unigénito como el verdadero ejemplo de la manera para emularlo a Él. Durante el ministerio mortal del Salvador, Él hizo la voluntad del Padre y pasó el tiempo ayudando a los demás. De manera similar, cuando emulamos al Padre y a Su Hijo, utilizamos nuestros dones, talentos e inteligencia para prestar servicio libremente. Cuando servimos, honramos a nuestro Padre y Él nos honra a nosotros al llamarnos a participar en la edificación de Su reino.

Al igual que en el diseño gráfico, en la vida, a veces un modelo visual y tangible remplaza a uno mental. Con frecuencia aprendemos del servicio que prestan los demás. Todavía recuerdo la primera vez que no pude llenar por completo los horarios de entrevista para el obispo cuando era secretario ejecutivo de barrio. El obispo me recordó que el Señor estaba a cargo y que Él sabía quién necesitaba ver al obispo ese día, aun cuando nosotros no lo supiésemos. Y sin fallar, cada vez que teníamos ese “problema”, el teléfono sonaba o alguien pasaba por la oficina para preguntar si el obispo tenía tiempo de verlo; y debido a su inspirado liderazgo, sí tenía tiempo.

Además de tener el ejemplo de los líderes, tuve la bendición de tener padres que eran un ejemplo de bondad, trabajo arduo, apoyo, honradez y rectitud. El ejemplo de ellos era un modelo que yo también podía seguir, lo que demuestra, para mí, la relación que existe entre emular a Dios y honrar a nuestro padre y a nuestra madre. El buen ejemplo de nuestros padres terrenales es parte del modelo del Padre Celestial y, al honrarlos a ellos, podemos aprender las cualidades que necesitamos a fin de vivir con nuestro Padre Celestial otra vez. Asimismo, a medida que nos convertimos en parte del modelo de rectitud de la vida de nuestros hijos, podemos hacer avanzar el plan de Él y completar Su modelo de cómo ser padres llevando de nuevo a Él no sólo a nosotros mismos, sino también a nuestra familia eterna.

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    Notas

  1.   1.

    Véase Douglas L. Callister, “Nuestro refinado hogar celestial”, Liahona, junio de 2009, pág. 27.

  2.   2.

    Véase Sherrie Johnson, “Fomentar una imagen de rectitud”, Liahona, junio de 1984, pág. 10.