Mi desafío de historia familiar


Mi desafío de historia familiar

Para comenzar, el obispo Page, obispo de nuestro barrio de jóvenes adultos, explicó que las obras de historia familiar y del templo no son sólo para los padres y los abuelos, son la responsabilidad de nuestra generación y parte de la razón por la que se nos ha enviado a nosotros a la tierra en esta época. Luego nos dio el desafío: FamilySearch Indexing. De hecho, sugirió que nuestro barrio indexara 100.000 nombres.

Iba a ser un trabajo tremendo; cada persona tendría que indexar 1.000 nombres; pero cuando el obispo Page preguntó quién estaba dispuesto a comprometerse para lograr esa meta, todos levantamos la mano.

El reto rápidamente llegó a ser una parte importante de mi vida. Descargué el programa de indexación de FamilySearch, leí las instrucciones y comencé.

Al principio parecía difícil; no siempre era fácil descifrar la letra, pero cada vez que completaba un grupo de nombres, me sentía más segura.

Ya que mi familia proviene de Chile, decidí indexar nombres en español. Quizás por esa razón, la experiencia para mí fue particularmente personal. No sentía que simplemente estaba transcribiendo nombres, pues me daba cuenta de que cada nombre era una persona que podía recibir las bendiciones del templo.

No tardé en descubrir que la indexación es una actividad excelente para los domingos. Debido a que vivo lejos de mi familia, a veces siento que no hay mucho que hacer después de las reuniones de la Iglesia; pero la indexación me ayuda a usar el tiempo de manera productiva y, mientras lo hago, puedo escuchar música o algún discurso.

Me sentí fortalecida cuando nuestro presidente de estaca citó las palabras del presidente Boyd K. Packer, Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles: “Ninguna obra ofrece mayor protección a la Iglesia que la obra del templo y la investigación de historia familiar que la acompaña. Ninguna obra surte un efecto más purificador sobre el espíritu; ninguna obra que llevemos a cabo nos da mayor poder… Nuestras labores en el templo nos cubren con un escudo y una protección, individualmente y como pueblo”1.

Parecería que a los jóvenes adultos en particular los acometen los “ardientes dardos del adversario” (1 Nefi 15:24), y aquí se me prometía protección. Sentí un gran deseo de ayudar a los miembros del barrio a que tuvieran esa misma bendición; así que, un amigo y yo organizamos una actividad de indexación. Mucha gente llevó computadoras portátiles y las personas que ya estaban familiarizadas con la indexación compartieron sus computadoras y contestaron las preguntas de los que apenas empezaban.

En el transcurso de los meses siguientes, los líderes del barrio también organizaron actividades dedicadas a lograr nuestra meta. Cuando alguien se desanimaba, nos alentábamos unos a otros. Me maravilló la unidad que logramos mientras todos juntos servíamos al Señor y los unos a los otros.

Al final, nuestro barrio no alcanzó la meta de 100.000 nombres, aun cuando muchas personas completaron 1.000. Pero el objetivo del desafío de nuestro obispo no eran las cifras, era ayudarnos a obtener un testimonio de la obra de historia familiar; y debido a que el proyecto incluía servicio, sacrificio y la salvación de otras personas, sentimos su efecto purificador.

Estoy agradecida por la oportunidad de participar en la obra del Señor. Al hacer Su obra, también llegué a conocerlo mejor.

¿Qué es la Indexación de FamilySearch?

Por muchos años, la Iglesia ha recopilado registros genealógicos de cientos de países. Esos registros se han escaneado y guardado en computadoras. Ahora, voluntarios pueden descargar imágenes digitales de esos registros y transcribir la información para crear índices en línea con opción de búsqueda, y de ese modo todas las personas pueden acceder a ellos en familysearch.org.

Los proyectos de indexación están disponibles en muchos idiomas. Conviértase en el miembro más nuevo de una comunidad de indexadores que va en aumento; para ello, vaya a indexing.familysearch.org.

Mostrar referencias

    Nota

  1.   1.

    Boyd K. Packer, “El Santo Templo”, Liahona, octubre de 2010, pág. 35.