Nuestro Padre Celestial


En la Iglesia aprendemos acerca del Padre Celestial desde un principio, desde la primera oración que ofrecemos y hasta la primera vez que cantamos “Soy un hijo de Dios” (Himnos, N° 196). Lo que los Santos de los Últimos Días sabemos de Dios el Padre es singular y lo consideramos de suma importancia.

Ver al Padre

A continuación hay tres relatos de las Escrituras sobre personas que han visto al Padre:

Pero como dijo Jesús: “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre” (Juan 14:9).

Real y personal

“Una de las grandes y fundamentales doctrinas de esta Iglesia es nuestra creencia en Dios el Eterno Padre. Él es un ser real y personal; Él es el gran Gobernador del universo, y no obstante, Él es nuestro Padre y nosotros somos Sus hijos.

“Nosotros le oramos a Él, y esas oraciones son una conversación entre Dios y el hombre. Estoy seguro de que Él oye nuestras oraciones y las contesta”.

Presidente Gordon B. Hinckley (1910–2008), “Las cosas de las que tengo convicción”, Liahona, mayo de 2007, pág. 83.

El único Dios verdadero

“El Padre es el único Dios verdadero. Esto es seguro: nadie lo superará, ni nadie ocupará su lugar… Él es Elohim, el Padre. Él es Dios; como Él hay uno sólo”.

Véase presidente Boyd K. Packer, Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles, “El modelo de nuestro progenitor”, Liahona, enero de 1985, pág. 56.

Escuchar al Padre

Cuando Dios el Padre habla, da testimonio de Su Hijo Amado, Jesucristo. Por ejemplo:

La misión del Salvador de revelar al Padre

“En todo lo que Jesús vino a hacer y a decir… Él nos estaba enseñando quién es y cómo es Dios nuestro Padre Eterno, y cuán intensamente se dedica a Sus Hijos en toda época y en toda nación. Con palabras y con hechos, Jesús intentaba revelarnos y darnos un conocimiento personal de la verdadera naturaleza de Su Padre, nuestro Padre Celestial”.

Véase élder Jeffrey R. Holland, del Quórum de los Doce Apóstoles, “La grandiosidad de Dios”, Liahona, noviembre de 2003, pág. 70.

Padres Celestiales: una verdad poderosa

“Consideremos el excelente concepto que enseña ese himno predilecto titulado ‘Soy un hijo de Dios’ (Himnos, 1992, N° 196)… He aquí la respuesta a una de las principales preguntas de la vida: ‘¿Quién soy yo?’. Soy un hijo de Dios, con linaje espiritual de padres celestiales. Esa ascendencia determina nuestro potencial eterno; y ese poderoso concepto es un potente confortante. Puede fortalecernos para escoger la rectitud y cultivar lo mejor que hay en nosotros”.

Véase élder Dallin H. Oaks, del Quórum de los Doce Apóstoles, “Conceptos excelentes”, Liahona, enero de 1996, pág. 28.

José Smith enseña acerca de Dios el Padre

José Smith nos enseña mucho acerca de la verdadera naturaleza de Dios porque él vio al Padre Celestial y a Jesucristo, y recibió muchas revelaciones.

¿Qué clase de ser es Él?: “¡Dios una vez fue como nosotros somos ahora; es un hombre glorificado, y está sentado sobre Su trono allá en los cielos!”1.

¿Qué aspecto tiene?: “El Padre tiene un cuerpo de carne y huesos, tangible como el del hombre”2. “Si lo vieran hoy, lo verían en la forma de un hombre, así como ustedes”3.

¿Cuál es nuestra relación con Dios?: “Si los hombres no comprenden la naturaleza de Dios, no se comprenden a sí mismos”4. “El Gran Padre del universo vela por todos los de la familia humana… como Su progenie”5.

¿Por qué instituyó el plan de salvación para nosotros?: “Dios, hallándose en medio de espíritus y gloria,… [instituyó] leyes por medio de las cuales los demás podrían tener el privilegio de avanzar como Él lo había hecho”6.

¿Cuál es la clave para acercarnos a Dios?: “Cuando entendemos la naturaleza de Dios, y aprendemos cómo acercarnos a Él, entonces Él empieza a manifestarnos los cielos”7.

Notas

  •   1.

    Véase Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, 2007, pág. 42.

  •   2.

    Doctrina y Convenios 130:22.

  •   3.

    Enseñanzas: José Smith, pág. 42.

  •   4.

    Enseñanzas: José Smith, pág. 42.

  •   5.

    Enseñanzas: José Smith, pág. 41.

  •   6.

    Enseñanzas: José Smith, pág. 221.

  •   7.

    Enseñanzas: José Smith, pág. 43.