Reconozcan las entrañables misericordias del Señor en su vida

De un discurso de la conferencia general de abril de 2005


David A. Bednar
La fidelidad y la obediencia nos permiten recibir esos dones importantes y, con frecuencia, el momento oportuno del Señor nos ayuda a reconocerlas.

He reflexionado muchas veces en este versículo del Libro de Mormón: “Pero he aquí, yo, Nefi, os mostraré que las entrañables misericordias del Señor se extienden sobre todos aquellos que, a causa de su fe, él ha escogido, para fortalecerlos, sí, hasta tener el poder de librarse” (1 Nefi 1:20).

Testifico que las entrañables misericordias del Señor son reales y que no ocurren al azar ni por pura casualidad. Muchas veces, el momento oportuno en que el Señor muestra Sus entrañables misericordias nos ayuda tanto a discernirlas como a reconocerlas.

¿Qué son las entrañables misericordias del Señor?

Las entrañables misericordias del Señor son las sumamente personales e individualizadas bendiciones, fortaleza, protección, seguridad, guía, amorosa bondad, consuelo, apoyo y dones espirituales que recibimos del Señor Jesucristo por causa de Él y por medio de Él. Verdaderamente, el Señor conforma “sus misericordias a las condiciones de los hijos de los hombres” (D. y C. 46:15).

Recuerden cómo el Salvador instruyó a Sus apóstoles de que no los dejaría sin consuelo. No sólo enviaría a “otro Consolador” (Juan 14:16), o sea, el Espíritu Santo, sino que el Salvador dijo que Él vendría a ellos (véase Juan 14:18). Yo sugeriría que una de las maneras por las que el Salvador viene a cada uno de nosotros es por medio de Sus abundantes y tiernas misericordias. Por ejemplo, al hacer frente, ustedes y yo, a los desafíos y las pruebas de la vida, el don de la fe y el sentido apropiado de confianza personal que sobrepasa nuestra propia capacidad son dos ejemplos de las entrañables misericordias del Señor. El arrepentimiento, el perdón de los pecados y la conciencia tranquila son ejemplos de las entrañables misericordias del Señor; y la constancia y la fortaleza que nos permiten seguir adelante con alegría a través de las limitaciones físicas y las dificultades espirituales son ejemplos de las entrañables misericordias del Señor.

En una reciente conferencia de estaca, se manifestaron las entrañables misericordias del Señor en el conmovedor testimonio de una joven esposa y madre de cuatro hijos cuyo marido había perdido la vida en Irak en diciembre de 2003. Esa fiel hermana relató que después de que le notificaron de la muerte de su esposo, recibió la tarjeta y el mensaje de Navidad que él les había mandado. En medio de la brusca realidad de una vida radicalmente cambiada, llegó a esa buena hermana el oportuno y tierno recordatorio de que, en verdad, las familias pueden ser eternas. Con el permiso de ella, cito lo siguiente de esa tarjeta de Navidad:

“¡A la mejor familia del mundo! ¡Que se diviertan mucho juntos y recuerden el verdadero significado de la Navidad! El Señor ha hecho posible que estemos juntos para siempre; de modo que, aunque estemos separados, aún estaremos juntos como familia.

“¡¡¡Que Dios los bendiga y los proteja, y que permita que esta Navidad sea nuestro regalo de amor para Él en lo alto!!!

“Con todo mi amor, su papi y esposo que los quiere mucho”.

Obviamente, la mención que él hizo en su saludo de Navidad del hecho de estar separados se refería a la separación ocasionada por su asignación en el ejército; pero, como si hubiese sido una voz que salía desde el polvo, del eterno compañero y padre fallecido, a esta hermana le llegaron el consuelo y testimonio espirituales que tanta falta le hacían. Tal como indiqué anteriormente, las entrañables misericordias del Señor no ocurren al azar ni por pura casualidad. La fidelidad, la obediencia y la humildad traen las entrañables misericordias del Señor a nuestra vida, y muchas veces el momento oportuno del Señor es lo que nos permite reconocer y atesorar esas importantes bendiciones.

Hace algún tiempo, hablé con un líder del sacerdocio que había sentido la impresión de memorizar los nombres de todos los jóvenes de su estaca que tenían entre 13 y 21 años de edad. Con las fotografías de los hombres y las mujeres jóvenes hizo tarjetas que estudiaba en viajes de negocios y otros momentos libres. Ese líder del sacerdocio pronto aprendió todos los nombres de los jóvenes.

Una noche, el líder tuvo un sueño acerca de uno de los jóvenes a quien sólo conocía por medio de la fotografía. En el sueño, vio al joven vestido de camisa blanca y con la placa de identificación misional. Con el compañero sentado a su lado, el joven estaba enseñando a una familia y sostenía en la mano un ejemplar del Libro de Mormón, y daba la impresión de que testificaba de la veracidad del libro. En ese momento, el líder del sacerdocio despertó.

En una reunión del sacerdocio que se llevó a cabo posteriormente, el líder se acercó al joven que había visto en el sueño y le preguntó si podía hablar con él unos momentos. Una vez que se presentaron, el líder se dirigió al joven por su nombre y le dijo: “No soy un soñador; nunca he tenido un sueño sobre ningún miembro de esta estaca, salvo tú. Te contaré el sueño, y después me gustaría que me ayudaras a entender lo que significa”.

El líder le relató el sueño y le preguntó al joven su significado. Ahogado por la emoción, el jovencito simplemente contestó: “Significa que Dios sabe quién soy”. El resto de la conversación entre el joven y su líder del sacerdocio fue de lo más provechosa, y acordaron reunirse de vez en cuando para hablar durante los meses siguientes.

Ese joven recibió las entrañables misericordias del Señor por conducto de un inspirado líder del sacerdocio. Vuelvo a repetir: las entrañables misericordias del Señor no ocurren al azar ni por pura casualidad. La fidelidad y la obediencia nos permiten recibir esos dones importantes y, con frecuencia, el momento oportuno del Señor nos ayuda a reconocerlos.

No debemos subestimar ni pasar por alto el poder de las entrañables misericordias del Señor. La simplicidad, la dulzura y la constancia de las entrañables misericordias del Señor serán de mucho provecho para fortalecernos y protegernos en los tiempos difíciles en los que actualmente vivimos y en los que aún viviremos. Cuando las palabras no pueden proporcionar el solaz que necesitamos ni expresar el gozo que sentimos, cuando es simplemente inútil intentar explicar lo inexplicable, cuando la lógica y la razón no pueden brindar el entendimiento adecuado en cuanto a las injusticias y desigualdades de la vida, cuando la experiencia y la evaluación terrenales son insuficientes para producir el resultado deseado y cuando parezca que quizás nos encontramos totalmente solos, en verdad el Señor nos bendice con Sus entrañables misericordias y se nos fortalece hasta tener el poder de librarnos (véase 1 Nefi 1:20).

¿A quién ha escogido el Señor para recibir Sus entrañables misericordias?

La palabra escogido en 1 Nefi 1:20 es fundamental a fin de comprender el concepto de las entrañables misericordias del Señor. Según el diccionario, la palabra escogido da la idea de selecto, a lo que se da preferencia o se escoge; también se utiliza para referirse a los elegidos o escogidos de Dios1.

Es posible que algunas personas que oigan o lean este mensaje erróneamente pasen por alto o descarten la idea de que ellas tienen a su alcance las entrañables misericordias del Señor y piensen: “Con toda certeza yo no soy ni nunca seré escogido”. Tal vez pensemos equivocadamente que esas bendiciones y esos dones están reservados para otras personas que parecen ser más rectas o que sirven en llamamientos destacados de la Iglesia. Testifico que las entrañables misericordias del Señor están al alcance de todos nosotros y que el Redentor de Israel está ansioso por conferirnos esos dones.

El ser o llegar a ser escogidos no es un estatus exclusivo que se nos concede; más bien, ustedes y yo somos los que determinamos si somos escogidos. Presten atención al uso de la palabra escogidos en los siguientes versículos:

“He aquí, muchos son los llamados, y pocos los escogidos. ¿Y por qué no son escogidos?

“Porque a tal grado han puesto su corazón en las cosas de este mundo, y aspiran tanto a los honores de los hombres…” (D. y C. 121:34–35).

Creo que lo que implican esos versículos es bastante claro. Dios no tiene una lista de personas favoritas a la que esperamos que algún día se añada nuestro nombre. Él no limita “los escogidos” a unos pocos; por el contrario, son nuestro corazón, nuestras aspiraciones y nuestra obediencia lo que definitivamente determina si somos contados entre los escogidos de Dios.

El Señor instruyó a Enoc sobre este punto particular de la doctrina. Adviertan el uso del derivado de la palabra preferir en estos versículos:

“…He allí a éstos, tus hermanos; son la obra de mis propias manos, y les di su conocimiento el día en que los creé; y en el Jardín de Edén le di al hombre su albedrío;

“y a tus hermanos he dicho, y también he dado mandamiento, que se amen el uno al otro, y que me prefieran a mí, su Padre” (Moisés 7:32–33; cursiva agregada).

Tal como aprendemos en esos versículos, los propósitos fundamentales del don del albedrío eran que nos amáramos unos a otros y escogiéramos a Dios. De ese modo, llegamos a ser los escogidos de Dios y damos cabida a sus entrañables misericordias a medida que utilizamos nuestro albedrío para escoger a Dios.

Uno de los pasajes de las Escrituras más conocidos y que se cita con más frecuencia se encuentra en Moisés 1:39. En ese versículo se describe de manera clara y concisa la obra del Padre Eterno: “Porque, he aquí, ésta es mi obra y mi gloria: Llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna del hombre” (cursiva agregada).

En un pasaje correlacionado que se encuentra en Doctrina y Convenios, se describe con igual claridad y concisión nuestra obra primordial como hijos e hijas del Dios Eterno. Es interesante notar que este pasaje no parece ser tan conocido ni se cita con tanta frecuencia. “He aquí, ésta es tu obra: Guardar mis mandamientos, sí, con toda tu alma, mente y fuerza” (D. y C. 11:20; cursiva agregada).

Por tanto, la obra del Padre es llevar a cabo la inmortalidad y la vida eterna de Sus hijos; nuestra obra es guardar Sus mandamientos con toda nuestra alma, mente y fuerza; de ese modo llegamos a ser escogidos y, mediante el Espíritu Santo, recibimos y reconocemos las entrañables misericordias del Señor en nuestro diario vivir.

Somos bendecidos al recibir consejo inspirado de los líderes de la Iglesia del Salvador, consejos oportunos para nuestros tiempos, nuestras circunstancias y nuestros desafíos. Se nos instruye, inspira, edifica, se nos exhorta al arrepentimiento y se nos fortalece. Al igual que ustedes, estoy ansioso de proceder de acuerdo con los recordatorios, el consejo y la inspiración personal con la que se nos bendice. En verdad: “Bueno es Jehová para con todos, y sus misericordias sobre todas sus obras” (Salmo 145:9).

Estoy agradecido por la restauración del Evangelio de Jesucristo por conducto del profeta José Smith, y por el conocimiento que tenemos hoy día de las entrañables misericordias del Señor. Nuestros deseos, fidelidad y obediencia nos invitan y nos ayudan a discernir Sus misericordias en nuestra vida. Como uno de Sus siervos, testifico que Jesús es el Cristo, nuestro Redentor y nuestro Salvador. Sé que Él vive y que Sus entrañables misericordias están al alcance de todos. Cada uno tiene ojos para ver claramente y oídos para oír perfectamente las entrañables misericordias del Señor a medida que nos fortalecen y nos ayudan en estos últimos días. Ruego que nuestros corazones estén siempre llenos de gratitud por Sus abundantes y entrañables misericordias.

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    Nota

  1.   1.

    Oxford English Dictionary en línea, segunda ed., 1989, “Chosen” (escogido).