Ésta es tu obra

De una charla fogonera del Sistema Educativo de la Iglesia dirigida a los jóvenes adultos el 2 de marzo de 2008.


Julie B. Beck
Ustedes son una generación preparada especialmente con los talentos tecnológicos para efectuar la obra de historia familiar y prestar servicio en el templo.

Ésta es tu obra

El profeta Abraham pasó por los períodos transitorios de la vida al igual que los jóvenes adultos en la actualidad. Leemos acerca de él en la Perla de Gran Precio: “En la tierra de los acaldeos, en la morada de mi padre, yo, Abraham, vi que me era necesario buscar otro lugar donde morar” (Abraham 1:1). Abraham había llegado a la edad para dejar la casa de sus padres y comenzar su vida como adulto; sabía que había “mayor felicidad, paz y reposo” (versículo 2) para él de la que tenía en ese momento.

Abraham buscó y recibió esas bendiciones de mayor felicidad, paz y reposo, y las mismas están disponibles para todos los miembros de la Iglesia, incluso los jóvenes adultos. ¿Cómo se preparan para recibirlas? Centrémonos en una de las varias actividades que podrían hacer ahora mismo: participar en la obra del templo y de historia familiar.

Como Santos de los Últimos Días, ustedes han aprendido la importancia del templo y de las ordenanzas del templo. Durante siglos, mucha gente ha muerto sin el conocimiento del Evangelio. Esas personas son sus parientes cercanos y distantes; están esperando que ustedes realicen la investigación necesaria para unir a sus familias y efectuar las ordenanzas salvadoras en el templo a favor de ellos.

Tener algo de conocimiento sobre tecnología hace avanzar la obra del templo y de historia familiar. Ustedes son una generación especialmente preparada con el talento tecnológico para hacerlo. Mi abuela paterna tenía un profundo testimonio y sentimiento de urgencia en cuanto a la obra de historia familiar. Hace muchos años, cuando estaba compilando 25.000 nombres de su familia, tuvo que escribir a mano cada uno de los nombres en formularios. Ella hubiera estado muy agradecida de tener un programa de informática que la ayudara a trabajar con más exactitud y eficacia. Ahora tiene cientos de jóvenes talentosos entre sus descendientes que pueden ayudarla desde este lado del velo.

El Señor ha prometido plantar en los corazones de ustedes las promesas hechas a los padres, y que sus corazones se volverían hacia sus padres a fin de que la tierra no fuera totalmente asolada a Su venida (véase D. y C. 2:2–3). Sus habilidades técnicas son parte del cumplimiento de esta profecía, y espero que sientan la urgencia de esta obra. Nacieron en esta época para llevar a cabo la obra del templo y de historia familiar. Su familia necesita la ayuda de ustedes; sus barrios o ramas necesitan su ayuda en esta importante responsabilidad.

Al participar en la obra del templo y de historia familiar recibirán bendiciones personales. Una de ellas es la oportunidad de ser dignos de recibir una recomendación para el templo, la cual indica su dignidad ante el Señor. La recomendación para el templo es un símbolo de obediencia.

Instrucciones recientes de parte de la Primera Presidencia aclaran las normas para obtener recomendaciones para el templo y para recibir las investiduras. Se reiteró que recibir la investidura personal del templo es un asunto serio que se debe extender sólo a aquellos que estén suficientemente preparados y tengan la madurez necesaria para guardar los convenios que hagan. La Primera Presidencia también afirmó que a los miembros solteros que estén al final de la adolescencia o que tengan alrededor de veinte años y que no hayan recibido un llamamiento misional o que no estén comprometidos para casarse en el templo, no se les debe otorgar una recomendación para el templo para recibir su propia investidura1. Sin embargo, todo miembro digno que tenga doce años o más puede recibir una recomendación de uso limitado para efectuar bautismos por los muertos.

Aquellos de ustedes que no sean dignos hoy del privilegio de poseer una recomendación pueden trabajar con su obispo o presidente de rama para llegar a ser dignos de recibirla lo antes posible. Por favor, no estén sin este documento tan importante.

Testifico que la Expiación es real y que los pecados pueden ser perdonados con el debido arrepentimiento.

Ustedes pueden ayudar a mantener los templos llenos. La obra del templo y de historia familiar es su obra. ¡Hay mucho que depende de ustedes! Y ustedes pueden lograr mucho con su energía y sus habilidades.

Al participar en la obra del templo y de historia familiar, con seguridad tendrán el Espíritu para que los consuele en sus desafíos y los guíe en las decisiones importantes que tomen. Al participar en esta obra individualmente, en sus barrios, en grupos de instituto, en la Sociedad de Socorro y en los quórumes del sacerdocio, establecerán buenas amistades y tendrán experiencias sociales significativas; y debido a que sus relaciones y amistades se expanden y el Espíritu influye en ustedes, hay mayor probabilidad de que encuentren un cónyuge y formen una familia eterna.

Al participar en forma individual, con sus amigos, en sus quórumes, en la Sociedad de Socorro y en sus grupos de instituto, esas actividades aumentarán su fe y su felicidad para toda la vida; son indicadores del discipulado que fortalecerán sus futuros matrimonios y familias, e invitarán al Espíritu a estar con ustedes.

El evangelio restaurado de Jesucristo es verdadero. Porque es verdadero, hay mucho que depende de ustedes, la nueva generación. Espero que ustedes, al igual que Abraham, sean seguidores de la rectitud, que busquen las bendiciones de los padres al participar en esta obra y que de ese modo obtengan mayor conocimiento, felicidad, paz y reposo.

¿Qué puedo hacer?

A continuación se encuentran algunas ideas para considerar.

Asistan al templo

  • Inviten a familiares, a miembros del barrio o de la rama, a clases de instituto, o a otros amigos para ir con ustedes.

  • Apoyen las iniciativas de su barrio o rama para participar en la obra del templo.

  • Si es posible, lleven nombres de sus propios antepasados.

  • Ofrézcanse para cuidar a los niños de algunos padres para que ellos puedan ir al templo.

Recopilen registros

  • Digitalicen fotos, diapositivas, videos y otros registros. El guardarlos en formato electrónico los puede ayudar a salvaguardar y compartir piezas históricas.

  • Verifiquen la exactitud de los registros familiares. New.familysearch.org es un buen lugar donde comenzar. Las instrucciones en línea o los especialistas de historia familiar de su barrio o rama pueden ser de ayuda para que exploren el sitio. Si ya están familiarizados con el sitio, podrían enseñarle a alguna otra persona la forma de usarlo.

  • Aprovechen las oportunidades que tienen para viajar. Si visitan un lugar donde hayan vivido sus antepasados, y si la ley lo permite, hagan los arreglos para pasar algún tiempo en los cementerios y bibliotecas de la localidad u otros lugares donde puedan averiguar más acerca de sus progenitores.

Creen registros

  • Lleven un diario personal.

  • Si les es posible, lleven una cámara fotográfica a dondequiera que vayan.

  • Aprendan a indexar, lo que permite buscar en línea registros de todo el mundo, o enseñen a otra persona a hacerlo (indexing.familysearch.org).

  • Hablen con parientes acerca de acontecimientos importantes de la vida de ellos; si pueden, graben las entrevistas.

  • Comiencen un blog para la familia. Tal vez puedan pedir a familiares que hagan entradas sobre ciertos temas específicos (como “Mi navidad más memorable”) o pedirles que pongan sus fotos más recientes o recuerdos en general.

  • Conserven las relaciones familiares manteniéndose en contacto por medio de correos electrónicos, llamadas telefónicas y cartas. Cuando sea posible, planifiquen reuniones familiares.

  • Organicen un viaje al cementerio de la localidad y, con sus compañeros, tomen fotografías de las lápidas, si se permite, y pónganlas en internet para que los demás puedan acceder a ellas. Eso puede ser una gran oportunidad de servicio, en especial en los cementerios pequeños.

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    Nota

  1.   1.

    Véase la carta de la Primera Presidencia del 7 de septiembre de 2007.