El gran ejemplo de Alex


El hecho de que Alex Escobar haya mantenido su luz encendida, ha marcado una diferencia eterna para su familia.

Hace ocho años, cuando Alex Escobar tenía el oficio de maestro en el Sacerdocio Aarónico, se comprometió a servir en una misión. En ese entonces, Alex nunca hubiera imaginado que su padre sería el obispo cuando llegara el momento de salir a la misión.

La razón era porque el padre de Alex no había asistido a la Iglesia por más de una década. Sin embargo, Alex, que iba a la Iglesia solo, nunca lo consideró un caso perdido, ni tampoco a su familia.

“He aprendido por mí mismo lo importante que puede ser el ejemplo”, dice.

Mis líderes me buscaron

¿Cómo se mantiene activo en la Iglesia un joven sin tener el apoyo de su familia? Mario Sayas, que era el obispo cuando Alex era un joven del Sacerdocio Aarónico, lo acredita al testimonio de Alex y a sus dedicados líderes de los Hombres Jóvenes. Alex está de acuerdo con él.

“Si yo no iba un domingo, mis líderes venían a buscarme”, expresa. “Poco a poco aprendí acerca del Evangelio, hasta que tuve un firme testimonio. Otra razón por la cual seguí yendo a la Iglesia fue que yo sabía que sólo mediante el evangelio de Jesucristo podíamos ser una familia feliz para siempre”.

Lograr esa meta significaba mantenerse fiel aun cuando algunos de sus amigos de la Iglesia en Córdoba, Argentina, vacilaran.

“Existe mucha tentación a romper la Palabra de Sabiduría y la ley de castidad”, menciona Alex, quien obtuvo fortaleza mediante el consejo que recibió del obispo Sayas. “Él me dijo: ‘La única forma de merecer una esposa digna es ser digno uno mismo’. Eso me ayudó mucho”.

El testimonio de Alex se fortaleció aun más después de tener un sueño en el que lo llamaban a servir en una misión de tiempo completo. Comenzó a prepararse, pero no esperó hasta cumplir 19 años para compartir el Evangelio; empezó con su propia familia.

“Alex siempre oró por su familia y los animó”, comentó el obispo Sayas. “Y siempre alentaba a sus hermanos mayores para que fueran a la Iglesia. El empeño por traer a su familia de regreso dio fruto gracias a Alex”.

“Yo era el testarudo”

Cuando el padre de Alex, René, piensa en los trece años que pasó alejado de la Iglesia, se lamenta por lo que perdió.

“Esos años fueron muy difíciles”, dice. “A veces no podía dejar de pensar en el tiempo que estaba perdiendo por no disfrutar de la vida maravillosa que el Evangelio ofrece”.

La familia Escobar se había unido a la Iglesia en Córdoba cuando Alex era un niño. Fueron activos hasta que regresaron a Bolivia, su país de origen, poco después del bautismo de Alex. Cuando estaban en Bolivia, se olvidaron “de lo que el Evangelio significa en nuestra vida”, explica René.

Cuando regresaron a Córdoba, dos años después, la madre de Alex, Carmen, asistía ocasionalmente a la Iglesia con los cuatro hijos de la pareja. Pero René, que es un ferviente jugador de fútbol, se pasaba el domingo durmiendo para recuperarse de los partidos del sábado y de las actividades asociadas con ellos, actividades que con frecuencia lo llevaban a romper la Palabra de Sabiduría.

“Yo era el testarudo”, dice. “En ocasiones pensaba que estaba completamente perdido, lo cual pensamos cuando ya no tenemos la compañía del Espíritu”.

Lo que finalmente hizo que René cambiara fue darse cuenta de que su ejemplo perjudicaba a sus hijos. “Mis hijos eran como huérfanos que asistían a la Iglesia solos porque su padre no era activo”, recuerda.

“Comencé a analizar mi vida y el efecto que mi ejemplo tenía en mis hijos”, explica René, quien está agradecido de que el poder de la expiación de Jesucristo le permitió arrepentirse. “Me di cuenta de que no estaba cumpliendo con mis responsabilidades como padre. Todas esas cosas me ayudaron a recordar al Señor, ponerme de rodillas y pedirle que me ayudara a regresar”.

A medida que la fidelidad y el testimonio de René fueron creciendo, recibió una serie de llamamientos. Varios años después de volver a abrazar el Evangelio, recibió la impresión de que el Señor tenía un nuevo llamamiento importante preparado para él.

“El resultado es que mi padre es mi obispo”, dice Alex.

La importancia del ejemplo

Mientras Alex servía en la Misión Argentina Resistencia, todos lo extrañaron, pero estaban agradecidos de que él estaba compartiendo su ejemplo con otras personas. Y están agradecidos por haberse sellado en el Templo de Buenos Aires, Argentina, en el año 2009.

“Fue Alex quien trabajaba siempre con nosotros y con miembros del barrio para nuestro beneficio”, explica Carmen. “Nos dijeron que él siempre oraba para que sus padres volvieran a la Iglesia. Estamos agradecidos de que no se dio por vencido”.

El obispo Escobar está contento de que Alex haya sido el primer misionero que mandó a la misión después de ser llamado como obispo. “Es emocionante tener un hijo que preste servicio”, comenta. “Todos extrañamos a Alex, pero yo soy el que más lo extrañó. Él es quien me apoyaba”.

Si los Santos de los Últimos Días son buenos ejemplos, dice Alex, con el tiempo las otras personas lo notarán. “Si estamos felices y contentos en la Iglesia, otras personas querrán compartir nuestra felicidad. Si perseveramos y seguimos adelante, pueden ocurrir milagros”.