Cuaderno de la conferencia de octubre


“Lo que yo, el Señor, he dicho, yo lo he dicho… sea por mi propia voz o por la voz de mis siervos, es lo mismo” (D. y C. 1:38).
A medida que repase la conferencia general de octubre de 2011, puede utilizar estas páginas (y los cuadernos de la conferencia de ejemplares futuros) para ayudarle a estudiar y aplicar las enseñanzas recientes de los profetas y apóstoles vivientes.

Para leer, ver o escuchar los discursos de la conferencia general, haga clic en conference.lds.org.

Promesa profética

“Una vez que hayan estudiado las doctrinas y los principios de bienestar de la Iglesia, procuren aplicar lo aprendido con los que estén bajo su mayordomía. Lo que esto significa es que, en gran medida, ustedes van a tener que arreglárselas por sí mismos …

“… deben hacer en su área lo que los discípulos de Cristo han hecho en toda dispensación: sentarse en consejo, usar todos los recursos disponibles, buscar la inspiración del Espíritu Santo, pedir la confirmación del Señor y ponerse a trabajar.

“Les doy una promesa: si siguen este modelo, recibirán guía específica en cuanto a quién, qué, cuándo y dónde proveer conforme a la manera del Señor”.

Presidente Dieter F. Uchtdorf, Segundo Consejero de la Primera Presidencia, “El proveer conforme a la manera del Señor”, Liahona, noviembre de 2011, pág. 55.

Amados

“Cada uno de nosotros es un ser que el Señor ama más de lo que podamos comprender o imaginar. Seamos, pues, más bondadosos los unos con los otros y más benévolos con nosotros mismos”.

Élder Robert D. Hales, del Quórum de los Doce Apóstoles, “Esperamos en el Señor: Hágase tu voluntad”, Liahona, noviembre de 2011, pág. 73.

Están invitados

“Invito

A quién: “A los jóvenes de la Iglesia

A qué: “A aprender sobre el espíritu de Elías y a experimentarlo.

Cómo: “Los aliento a que estudien, para que busquen a sus antepasados y se preparen para efectuar bautismos vicarios en la casa del Señor por sus propios familiares fallecidos”.

Véase élder David A. Bednar, del Quórum de los Doce Apóstoles, “El corazón de los hijos se volverá”, Liahona, noviembre de 2011, pág. 26.

Relatos de la conferencia

El billete dorado

“Una mujer quería, sobre todas las cosas, casarse con un justo poseedor del sacerdocio en el templo y ser madre y esposa. Ella había soñado con eso toda la vida, y ¡oh qué madre tan maravillosa y qué esposa tan amorosa sería! Su casa estaría llena de amor y bondad; no se diría ni una sola palabra áspera; la comida nunca se quemaría; y sus hijos en vez de salir con sus amigos preferirían pasar las tardes y los fines de semana con mamá y papá.

“Ése era su billete dorado. Ella sentía que toda su existencia dependía de eso exclusivamente. Era lo único que más anhelaba en todo el mundo.

“Pero eso nunca sucedió. Y, al pasar los años, se volvió más y más retraída, amargada e incluso malhumorada. No podía entender por qué Dios no le concedía ese justo deseo.

“Trabajó como maestra de la escuela primaria y, el estar con niños durante todo el día simplemente le recordaba que su billete dorado nunca había aparecido. Con el correr de los años, se volvió más descontenta y más aislada; a la gente no le gustaba estar cerca de ella y la evadían cada vez que podían; llegó incluso a pasar su frustración a los niños de la escuela …

“La tragedia de este relato es que esta estimada mujer, entre toda la decepción por no hallar su billete dorado, no logró percatarse de las bendiciones que tenía. No tenía hijos en casa, pero estaba rodeada de ellos en el salón de clases. No recibió la bendición de una familia, pero el Señor le había dado una oportunidad que pocos tienen: la posibilidad de ejercer una influencia positiva como maestra en la vida de cientos de niños y familias.

“La moraleja es que si pasamos nuestros días esperando las fantásticas rosas, podríamos obviar la belleza y la maravilla de las pequeñas nomeolvides que están a nuestro alrededor”.

Véase presidente Dieter F. Uchtdorf, Segundo Consejero de la Primera Presidencia, “No me olvides”, Liahona, noviembre de 2011, págs. 121–122.

Preguntas para reflexionar:

  • ¿Qué podría ser su “billete dorado” y cómo impide su habilidad para ver las bendiciones que ya tiene?

  • ¿Cuáles son las “pequeñas nomeolvides” que podría estar pasando por alto en su vida?

Considere escribir lo que piensa en un diario o hablar en cuanto a ello con otras personas.

Recursos adicionales en cuanto a este tema: Estudio por tema en LDS.org, “Gratitud”; Dieter F. Uchtdorf, “La felicidad es su legado”, Liahona, noviembre de 2008, págs. 117–120.

Rincón de estudio

En busca de paralelismos: El arrepentimiento

A menudo, los discursantes de la conferencia general enseñan algunos de los mismos principios. Esto es lo que cuatro discursantes dijeron acerca del arrepentimiento. Intente buscar otros paralelos al estudiar los discursos de la conferencia.

  • “Si alguno de ustedes ha tropezado en su camino, quiero que comprendan, sin lugar a dudas, que hay un modo de regresar. El proceso se llama arrepentimiento”1.—Presidente Thomas S. Monson

  • “En momentos de dificultades, tal vez piensen que no son dignos de ser salvos debido a que han cometido errores, grandes o pequeños, y piensen que ya están perdidos. ¡Eso nunca es verdad! Únicamente el arrepentimiento puede sanar lo que causa dolor”2.—Presidente Boyd K. Packer, Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles

  • “No importa quiénes sean ni lo que hayan hecho, pueden ser perdonados… Ése es el ‘milagro del perdón’; es el milagro de la expiación del Señor Jesucristo”3.—Élder Jeffrey R. Holland, del Quórum de los Doce Apóstoles

  • “Sólo mediante el arrepentimiento obtenemos acceso a la gracia expiatoria de Jesucristo y a la salvación. El arrepentimiento es un don divino y deberíamos sonreír al hablar de él”4.—Élder D. Todd Christofferson, del Quórum de los Doce Apóstoles

    Notas

  1.   1.

    Thomas S. Monson, “Atrévete a lo correcto aunque solo estés”, Liahona, noviembre de 2011, pág. 62.

  2.   2.

    Boyd K. Packer, “Consejo a los jóvenes”, Liahona, noviembre de 2011, pág. 18.

  3.   3.

    Jeffrey R. Holland, “Somos los soldados”, Liahona, noviembre de 2011, pág. 45.

  4.   4.

    D. Todd Christofferson, “El divino don del arrepentimiento”, Liahona, noviembre de 2011, pág. 38.