Nuestro hogar, nuestra familia

Preparémonos para la conferencia general

Por Mark A. Barrionuevo

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Nuestra familia aprendió que el estudiar la conferencia general invita al Espíritu a nuestra vida a diario.

Para mi familia y para mí, la mejor manera de prepararse para la siguiente conferencia general es familiarizarnos bien con el consejo que se dio en la anterior. Cuando mi esposa tiene un momento libre, lee el ejemplar de la conferencia de la revista Ensign y luego trata de aplicar las enseñanzas que aprende. Por ejemplo, me dijo que el discurso del élder David A. Bednar en cuanto a mejorar la calidad de nuestras oraciones la ha ayudado a buscar caridad con más intensidad para criar a nuestros dos hijos bulliciosos1.

El repasar la última conferencia es algo que yo también trato de hacer. Al caminar hacia la escuela todas las mañanas, escucho un discurso y luego trato de meditar y orar a fin de permitir que las enseñanzas de los profetas se aniden en mi corazón y en mi mente. Converso con mi Padre Celestial sobre las actividades del día y mis responsabilidades como esposo, padre, Santo de los Últimos Días, estudiante y ciudadano.

Una mañana, sentí que el mensaje del élder L. Tom Perry “Hágase con sencillez”, se aplicaba de forma especial a mi situación2. El élder Perry utilizó los principios que Henry David Thoreau enseñó en Walden para que simplifiquemos nuestras vidas al avivar la espiritualidad y encontrar alivio de la tensión que existe en el mundo. Debido a las exigencias de mis estudios, las salidas como familia son preciadas y poco comunes; sin embargo, el verano previo al discurso del élder Perry habíamos ido a visitar la Laguna de Walden, y pasamos momentos de reflexión dentro de la réplica de la cabaña de Thoreau. Disfrutamos al máximo de esa tarde al caminar por la laguna y construir castillos de arena en la playa. Después de regresar a casa, agradecimos al Padre Celestial Sus creaciones que habíamos disfrutado juntos como familia.

Meses más tarde, al caminar con dificultad por las aceras llenas de nieve, recordé ese maravilloso día de verano. Gracias a esa experiencia y al discurso del élder Perry, comprendí más claramente que el pasar tiempo con mi familia es de vital importancia para vivir una vida intencionalmente centrada en el Evangelio.

Además de escuchar los discursos yo solo, los domingos por la mañana, toda la familia escucha un discurso de la conferencia en la computadora mientras nos preparamos para ir a la Iglesia. En una ocasión, mi esposa y yo incluso escuchamos a nuestro hijo de cuatro años pedirle a su hermano menor que hiciera silencio para que él pudiera escuchar al presidente Thomas S. Monson.

Las enseñanzas de nuestro Salvador por boca de profetas modernos son una bendición para nuestra familia. Tratar de incluir a los profetas, videntes y reveladores a nuestra vida cotidiana ha abierto el sendero para que el Espíritu Santo sea nuestra guía constante. Realmente nos hacemos eco de las palabras del himno: “Te damos, Señor, nuestras gracias que mandas de nuevo venir profetas con tu Evangelio”3.

Al estudiar con frecuencia los consejos que se dan en la conferencia general, mi esposa y yo tenemos una mayor comprensión de las enseñanzas recientes del Señor para cuando llega la siguiente conferencia general; somos edificados espiritualmente y estamos mejor preparados para recibir Sus enseñanzas actuales por medio de Sus siervos, los profetas.

Ilustración fotográfica por David Stoker.

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Notas

  1. 1.

    Véase David A. Bednar, “Ora siempre”, Liahona, noviembre de 2008, págs. 41–44.

  2. 2.

    Véase L. Tom Perry, “Hágase con sencillez”, Liahona, noviembre de 2008, págs. 7–10.

  3. 3.

    “Te damos, Señor, nuestras gracias”, Himnos, Nº 10.