¿Hay un límite para el arrepentimiento? ¿Llegaré en algún momento al límite si tengo que pedir perdón por lo mismo una y otra vez?

En esto hay que recordar dos cosas: (1) la misericordia de Dios es ciertamente infinita y (2) el verdadero arrepentimiento significa abandonar los pecados.

Por un lado, gracias a la expiación infinita de Jesucristo, el arrepentimiento queda a disposición de todos, incluso de quienes hayan repetido muchas veces el mismo error. Como dijo el profeta Alma: “He aquí, [Dios el Señor] invita a todos los hombres, pues a todos ellos se extienden los brazos de misericordia, y él dice: Arrepentíos, y os recibiré” (Alma 5:33).

Por otro lado, el profeta José Smith enseñó lo siguiente: “El arrepentimiento es algo que no se debe tratar livianamente día tras día. Pecar a diario y arrepentirse a diario no es agradable a la vista de Dios” (Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, 2007, pág. 78).

Así que, ¿cuál es la clave del arrepentimiento? Como lo reveló el Señor a José Smith: “Por esto sabréis si un hombre se arrepiente de sus pecados: He aquí, los confesará y los abandonará” (D. y C. 58:43). Y como enseñó Alma: “…el que se arrepienta hallará misericordia; y quien halle misericordia y persevere hasta el fin, será salvo” (Alma 32:13; cursiva agregada).

En otras palabras, tienes que confesar tus pecados y abandonarlos y esforzarte por ser fiel hasta el fin de tu vida. Si actualmente te cuesta vencer algún pecado en particular, no dejes que te venza la errada idea de que el arrepentimiento sincero tiene límites. Busca la ayuda de tus padres y de tu obispo o presidente de rama. El amor, apoyo y consejo de ellos te puede ayudar en tus esfuerzos por eliminar el pecado de tu vida y por allegarte más al Padre Celestial y a Jesucristo.

¿Pueden tomar la Santa Cena los que no son miembros?

Como sabes, la idea es que el pan y el agua de la Santa Cena son para los miembros a fin de que renovemos nuestros convenios bautismales. Sin embargo, no debemos hacer nada durante la reunión sacramental para impedir que quienes no sean miembros participen de la Santa Cena.

Es bueno invitar a la Iglesia a nuestros amigos y familiares que no sean miembros, y deseamos que se sientan bienvenidos y a gusto en nuestras reuniones. Sería útil prepararlos para la reunión sacramental al explicarles el propósito de la Santa Cena y lo que sucederá durante la reunión. Si preguntan si deben tomar la Santa Cena, sencillamente diles que tienen la opción de hacerlo, pero que la Santa Cena es para los miembros de la Iglesia, quienes mediante ella renuevan sus convenios bautismales.

Como lo ha expresado el élder Dallin H. Oaks, del Quórum de los Doce Apóstoles: “La ordenanza de la Santa Cena hace que la reunión sacramental sea la más sagrada e importante de la Iglesia” (“La reunión sacramental y la Santa Cena”, Liahona, noviembre de 2008, pág. 17). Debemos ayudar a quienes no son miembros a entender esta importante ordenanza, asegurándonos también de que se sientan a gusto en nuestras reuniones.

¿Tienen espíritu los animales? ¿Qué les pasa cuando mueren?

Sí, los animales tienen espíritu (véase D. y C. 77:2–3). Claro que hay una enorme diferencia entre los espíritus de los animales y nuestros espíritus, ya que nosotros somos hijos engendrados del Padre Celestial, y ellos no.

Y según el profeta José Smith, en el cielo hay por lo menos algunos animales. Él dijo:

“Juan vio animales de aspecto extraño en el cielo… allí presentes, dando gloria a Dios… (véase Apocalipsis 5:13)…

“Supongo que Juan vio allí seres de mil formas que habían sido salvos de diez mil veces diez mil tierras como ésta: animales extraños de los cuales ningún concepto tenemos; todos podrán existir en el cielo. Juan entendió que Dios se glorificó a Sí mismo salvando todo lo que Sus manos habían hecho, ya fueran animales, aves, peces u hombres; y Él se glorificará a Sí mismo con ellos” (véase Enseñanzas del Profeta José Smith, pág. 354).

Así que, si bien no entendemos plenamente lo que les sucede a los animales al morir, creemos que gozarán de algún tipo de salvación e inmortalidad.