Maestras visitantes

Por la Presidencia General de la Sociedad de Socorro

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Nuestro Padre Celestial necesita que sigamos un sendero más sublime y demostremos nuestro discipulado al preocuparnos sinceramente por Sus hijos.

Durante Su vida en la tierra, Cristo ministró a los demás. Si deseamos ser Sus discípulos, debemos seguir Su ejemplo. Él enseñó: “Las obras que me habéis visto hacer, ésas también las haréis” (3 Nefi 27:21). El Nuevo Testamento está lleno de ejemplos de la forma en que Cristo ministró: le reveló a la mujer de Samaria que Él era el Mesías; sanó a la suegra de Pedro; devolvió a la hija de Jairo a sus padres, y a Lázaro a sus hermanas entristecidas. Aun cuando se encontraba sufriendo en la cruz, el Salvador “expresó preocupación por Su madre, quien muy probablemente para ese entonces era una viuda que necesitaba de cuidado”1. En la cruz, le pidió a Juan que cuidara a Su madre.

Julie B. Beck, Presidenta General de la Sociedad de Socorro, dijo: “La Sociedad de Socorro [y el programa de maestras visitantes] es donde practicamos el ser discípulas de Cristo; aprendemos lo que Él quiere que aprendamos, hacemos lo que quiere que hagamos y llegamos a ser lo que quiere que seamos”2.

Comprender el poder de ministrar

El ministrar y el ofrecer alivio a los demás siempre ha sido el propósito central de la Sociedad de Socorro: “A lo largo de los años, las hermanas y las líderes de la Sociedad de Socorro han aprendido un paso a la vez y han mejorado su habilidad de velar por los demás”, dijo la hermana Beck. “Ha habido ocasiones en las que las hermanas se han concentrado más en llevar a cabo las visitas, enseñar las lecciones y dejar un recado cuando han visitado los hogares de las hermanas. Tales prácticas han ayudado a las hermanas a aprender modelos sobre cómo velar. Así como las personas en la época de Moisés se concentraban en llevar largas listas de normas, a veces las hermanas de la Sociedad de Socorro se han impuesto muchas reglas escritas y no escritas por su deseo de saber cómo fortalecerse unas a otras.

“Con tanta necesidad que existe hoy en día en la vida de las hermanas y sus familias de aliviarlas y rescatarlas, nuestro Padre Celestial necesita que sigamos un sendero más sublime y demostremos nuestro discipulado al preocuparnos sinceramente por Sus hijos. Con este importante propósito en mente, se enseña a las líderes que pidan informes acerca del bienestar espiritual y temporal de las hermanas y sus familias, y en cuanto al servicio que se haya prestado. Y las maestras visitantes tienen la responsabilidad de ‘[llegar] a conocer y amar a cada hermana con sinceridad, la ayudan a fortalecer su fe y le dan servicio’”3.

Nuestra historia de la Sociedad de Socorro, Hijas en Mi reino, y el Manual 2: Administración de la Iglesia, nos enseñan la forma de seguir un sendero más sublime y demostrar nuestro discipulado:

  • Orar diariamente por las hermanas a las que visite y por sus familias.

  • Buscar inspiración para saber cuáles son las necesidades de las hermanas.

  • Visitar a las hermanas con regularidad para consolarlas y fortalecerlas.

  • Mantener un contacto frecuente con las hermanas por medio de visitas, llamadas telefónicas, cartas, correos electrónicos, mensajes de texto y pequeños actos de bondad.

  • Saludar a las hermanas en la capilla.

  • Ayudar a las hermanas cuando tengan alguna enfermedad u otra necesidad urgente.

  • Enseñar el Evangelio a las hermanas por medio de las Escrituras y de los mensajes de las maestras visitantes.

  • Inspirar a las hermanas dándoles un buen ejemplo.

  • Informar a una líder de la Sociedad de Socorro sobre el bienestar espiritual y temporal de las hermanas4.

Centrarse en cómo ministrar

Nosotras somos las manos del Señor. Él cuenta con cada una de nosotras. Cuanto más nos esforcemos por considerar nuestra asignación de maestras visitantes como una de las responsabilidades más importantes que tenemos, mayor será la ayuda que brindemos a las hermanas que visitemos.

  1. Brindaremos experiencias que inviten al Espíritu y que ayuden a nuestras hermanas a aumentar su fe y rectitud personales.

  2. Nos preocuparemos profundamente por las hermanas a quienes visitamos y las ayudaremos a fortalecer sus hogares y familias.

  3. Tomaremos las medidas necesarias cuando nuestras hermanas tengan alguna necesidad.

A continuación se encuentra el ejemplo de María y Gretchen, dos maestras visitantes que entienden el poder de lo que es ministrar. Aquí podemos ver que ahora las maestras visitantes tienen la oportunidad de visitar juntas o separadas. Su “cuidado” cuenta ya sea que hagan o no las visitas juntas y den el mensaje. Pueden realizar actos que sean apropiados sin que se les pida que lo hagan. Pueden buscar activamente revelación personal, recibirla y actuar de acuerdo con ella a fin de saber cómo responder a las necesidades espirituales y temporales de cada hermana a la que visiten.

Rachel esperaba su primer bebé y tuvo que guardar reposo durante la mayor parte del embarazo. Sus maestras visitantes oraban para recibir inspiración y saber cuál era la mejor manera de ayudarla. María, que vivía cerca, ayudaba a Rachel en su casa casi todos los días antes de ir a trabajar. Un día limpiaba una parte del baño, al día siguiente limpiaba el resto; otro día pasaba la aspiradora en la sala y al día siguiente le preparaba el almuerzo a Rachel. Así continuó su cuidado constante al lavar la ropa, sacudir los muebles o hacer cualquier otra cosa que Rachel necesitara.

Gretchen llamaba con frecuencia a Rachel por teléfono para levantarle el ánimo. A veces charlaban y se reían. En otras ocasiones, Gretchen y María conversaban con Rachel junto a su cama y compartían sus testimonios, leían las Escrituras o el mensaje de las maestras visitantes. Y después de que nació el bebé de Rachel, siguieron ayudándola.

Durante todo ese tiempo, María y Gretchen también trabajaron en colaboración con la presidencia de la Sociedad de Socorro para coordinar otros cuidados que Rachel y su familia necesitaran. La presidencia de la Sociedad de Socorro deliberaba con el obispo y el consejo de barrio a fin de que los maestros orientadores y otras personas proporcionaran ayuda adicional.

El hecho de ministrar se volvió más dulce a medida que esas hermanas cultivaban el amor la una por la otra y compartían experiencias espirituales. Como maestras visitantes, podemos seguir esos mismos modelos y principios sobre la forma de ministrar, y recibir las mismas bendiciones.

Ministrar a la manera de Cristo

“Como dedicadas discípulas del Salvador, estamos mejorando nuestra habilidad para hacer las cosas que Él haría si estuviera aquí”, dijo la hermana Beck. “Sabemos que para Él lo que cuenta es que cuidemos a los demás, de modo que estamos tratando de concentrarnos en el cuidado de nuestras hermanas en vez de completar listas de cosas para hacer. El verdadero ministerio se mide mejor por la profundidad de nuestra caridad que por la perfección de nuestras estadísticas”5.

Como maestras visitantes, sabremos que hemos logrado el éxito en nuestro servicio cuando nuestras hermanas puedan decir: “Mis maestras visitantes me ayudan a progresar espiritualmente y sé que ellas se preocupan de verdad por mí y por mi familia, y si tengo problemas, sé que ellas me ayudarán”. Al seguir un sendero más sublime como maestras visitantes, participamos en la milagrosa obra del Señor y cumplimos con los propósitos de la Sociedad de Socorro a fin de aumentar la fe y la rectitud personales, fortalecer a las familias y los hogares, y ayudar a los necesitados.

Ilustraciones fotográficas por Jerry Garns.

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Notas

  1. 1.

    Hijas en Mi reino: La historia y la obra de la Sociedad de Socorro, 2011, pág. 3.

  2. 2.

    Hijas en Mi reino, pág. 8.

  3. 3.

    Julie B. Beck, “Lo que espero que mis nietas (y nietos) comprendan acerca de la Sociedad de Socorro”, Liahona, noviembre de 2011, pág. 112.

  4. 4.

    Véase Hijas en Mi Reino, pág. 135.

  5. 5.

    Liahona, noviembre de 2011, págs. 112–113.