Hablamos de Cristo

Sublime gracia


Dependo de la gracia de Jesucristo cada día.

Sublime gracia

“En nuestras reuniones de la Iglesia no hablamos a menudo sobre la gracia”, dijo mi profesor de religión de la Universidad Brigham Young, “pero, como miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, creemos en la gracia”.

Efectivamente, no podía recordar ninguna lección de las Mujeres Jóvenes ni de la Escuela Dominical sobre la gracia, pero en mi mente vi al coro de mi escuela secundaria cantando “Sublime gracia”.

¡Sublime gracia! ¡Cuán dulce son!
¡Que salvó a un desdichado como yo!
Perdido estuve, pero se me rescató;
antes ciego, pero ahora veo1.

“La gracia es el poder de Dios que viene por la expiación de Jesucristo”, explicó el profesor. “Yo divido la gracia en cuatro poderes: la resurrección, la redención, la curación y la fortaleza”. Comenzó a explicar cada poder, pero mi mente volvió a mis recuerdos.

Ese mismo coro de la secundaria una vez viajó a California, EE. UU., para participar en un festival de música. Enfermé antes de la partida y mi dolor de garganta implicaba que no iba a poder cantar con el coro en el festival, o que si lo hacía, sonaría muy mal y sentiría dolor. Le pedí a mi padre que me diera una bendición de salud y pasé todo el día siguiente orando para que me mejorase.

Quizás entonces no comprendí plenamente, mientras cantaba “Sublime gracia” en el festival con la garganta completamente curada, que estaba cantando precisamente sobre el gran poder que me había sanado el día anterior. La expiación del Salvador me había bendecido ese día; Su gracia fue la fuente de mi curación.

“Y él saldrá, sufriendo dolores, aflicciones y tentaciones de todas clases; y esto para que se cumpla la palabra que dice: Tomará sobre sí los dolores y las enfermedades de su pueblo” (Alma 7:11).

Después de la secundaria, al igual que muchos estudiantes del primer año de universidad, me sentí abrumada con mis cursos de estudio y el desafío tanto de vivir lejos de casa como de vivir con cinco compañeras de habitación.

Fue entonces cuando aprendí a comprender la fortaleza y el poder habilitador de la gracia de Cristo. Pasaba los días trabajando y estudiando, pero dependía de las oraciones diarias en las que rogaba a mi Padre Celestial por la habilidad para terminar las tareas que me eran requeridas. A medida que el año escolar avanzaba descubrí, para mi alegría, que con la fortaleza y el poder habilitador de la expiación de Jesucristo podía desempeñarme no sólo bien, sino sin dificultad.

“Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13).

A pesar de que aún no he experimentado los otros dos aspectos de Su gracia, la resurrección y la plenitud de la redención, aún dependo cada día de la expiación de Jesucristo. La gracia, el poder de Dios mediante la expiación de Jesucristo, me ha sanado y me ha fortalecido. A medida que me esfuerzo por obedecer los mandamientos de Dios y cumplo Su voluntad, recibo ayuda celestial que sobrepasa mi propia habilidad.

“…es por la gracia por la que nos salvamos, después de hacer cuanto podamos” (2 Nefi 25: 23).

En la fortaleza del Señor

Presidente Howard W. Hunter

“Si tenemos fe en el Señor Jesucristo y obedecemos Su evangelio, mejoraremos paso a paso, buscaremos fortaleza por medio de la oración y mejoraremos nuestras actitudes, nos encontraremos completamente integrados en el rebaño del Buen Pastor. Eso requerirá disciplina, adiestramiento, esfuerzo y vigor; pero, como lo dijo el apóstol Pablo: ‘Todo lo puedo en Cristo que me fortalece’” (Filipenses 4:13).

Véase Presidente Howard W. Hunter (1907–1995), “El desarrollo de la espiritualidad”, Liahona, agosto de 1979, página 35.

¿Cómo afecta nuestra vida la gracia del Señor?

El élder David A. Bednar, del Quórum de los Doce Apóstoles, responde a esta pregunta en “La Expiación y el trayecto de la vida terrenal”, en la página 12 de esta revista:

  • “El Señor desea, mediante Su expiación y por medio del poder del Espíritu Santo, vivir en nosotros, no sólo para guiarnos, sino también para darnos poder”.

  • “La fuerza de voluntad individual, la determinación y motivación personales, la planificación eficaz y el fijar metas son necesarios, pero al final son insuficientes para que llevemos a cabo con éxito este recorrido terrenal. Verdaderamente, debemos llegar a confiar en ‘los méritos, y misericordia, y gracia del Santo Mesías’” (2 Nefi 2:8).

  • “El poder habilitador de la Expiación nos fortalece para hacer el bien, para ser buenos y para servir más allá de nuestro propio deseo personal y de nuestra capacidad natural”.

Tal vez podrían escribir en su diario y conversar con su familia en cuanto a las oportunidades en las que han sentido que la gracia del Señor los curó, los ayudó o los fortaleció.

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    Nota

  1.   1.

    John Newton, “Sublime gracia”, Olney Hymns, 1779, Nº 41.