Hasta la próxima

La esperanza en la Expiación

De un discurso pronunciado en un devocional de la Universidad Brigham Young, el 4 de noviembre de 2008. Para el texto completo en inglés, visite speeches.byu.edu.


Richard C. Edgley
La esperanza no sólo debe basarse en el conocimiento y el testimonio, sino también en la personalización de la Expiación.

Esperanza en la Expiación

He conocido personas que han perdido toda esperanza, que consideran que el arrepentimiento ya no está a su alcance y que no pueden ser perdonadas. No comprenden el poder purificador de la Expiación o, si lo comprenden, no han asimilado el significado del sufrimiento de Jesucristo en Getsemaní y en la cruz. Que cualquiera de nosotros pierda la esperanza de purificar nuestra vida es negar la profundidad, el poder y el alcance de Su sufrimiento por nosotros.

Hace algunos años, cuando fui a una conferencia de estaca, se me asignó entrevistar a un joven de 21 años para determinar si era digno de servir en una misión. Las Autoridades Generales por lo general no entrevistan a futuros misioneros, así que eso era inusual. Al leer los antecedentes por los cuales debía hacer la entrevista, sentí pesar en el corazón. Ese joven había cometido transgresiones serias. Me preguntaba por qué se me habría pedido entrevistar a alguien con tales antecedentes y llegué a la conclusión de que sería muy raro que yo lo recomendara para servir como misionero.

Después de la sesión de la conferencia del sábado por la tarde, fui a la oficina del presidente de estaca para la entrevista. Mientras esperaba, se me aproximó un joven muy apuesto con un extraordinario semblante. Pensé cómo podía excusarme, ya que parecía que quería hablar conmigo y yo tenía una cita con un joven muy atribulado. Entonces él se presentó; era el joven a quien debía entrevistar.

En la privacidad de la oficina, sólo le hice una pregunta: “¿Por qué lo estoy entrevistando?”.

Me relató su pasado. Cuando terminó, comenzó a explicarme los pasos que había dado y el sufrimiento personal que había experimentado. Habló de la Expiación, del infinito poder de la Expiación; testificó del Salvador y expresó su amor por el Salvador; y entonces dijo: “Yo creo que el sufrimiento personal del Salvador en Getsemaní y Su sacrificio en la cruz tuvieron el poder suficiente para rescatar incluso a un hombre como yo”.

Conmovido por su humildad y por el Espíritu, dije: “Lo recomendaré para que preste servicio como representante de Jesucristo”; y luego agregué: “Sólo le pediré una cosa; quiero que sea el mejor misionero de toda la Iglesia, eso es todo”.

Tres o cuatro meses después, la hermana Edgley y yo discursamos en el centro de capacitación misional. Al concluir el devocional, estaba hablando con algunos misioneros cuando vi a un joven de cara conocida.

Él me preguntó: “¿Se acuerda de mí?”.

Un poco avergonzado respondí: “Disculpe, sé que debería recordarlo, pero no me acuerdo”.

Entonces dijo: “Le diré quien soy; soy el mejor misionero del centro de capacitación misional”. Y yo le creí.

La esperanza de este joven no se basaba sólo en el conocimiento y testimonio de la Expiación, sino en su experiencia personal de ella. ¡Él entendía que era para él en forma personal! Conocía el poder de la Expiación y la esperanza que ésta brinda cuando todo parece perdido o imposible.