Ideas para la noche de hogar


Este ejemplar contiene artículos y actividades que se podrían utilizar en la noche de hogar. A continuación figuran algunos ejemplos.

“El ayuno nos fortalece espiritual y temporalmente”, página 10: Lea el artículo y comparta los puntos que se ilustran en la segunda página. Señale que ayunar es más que solamente no comer. El ayuno debe ir acompañado de oración, de compartir el testimonio y de las ofrendas de ayuno. Quizá desee preguntar a los miembros de la familia de qué manera han sido bendecidos al ayunar. Considere también compartir el relato del Antiguo Testamento que se encuentra en Ester 4.

“Actuar de acuerdo con los susurros”, página 20: Lea o resuma lo que dice la barra lateral: “Ocho finalidades de la revelación”. Luego lea los relatos del artículo, uno a la vez, y analicen el propósito de la revelación en el relato. Inste a los miembros de la familia a prestar atención esta semana a cuándo y cómo sienten el Espíritu. Quizá desee tomar un tiempo para hablar al respecto la próxima semana para analizar lo que aprendieron.

“¿A dónde me conducirán mis decisiones?”, página 56: Lea o resuma el relato; luego lea la cita del presidente Boyd K. Packer. Recuerde a los miembros de la familia que si han cometido errores, pueden decidir cambiar.

“La lección de la liga infantil de béisbol”, página 68: Para empezar, quizá deseen cantar “Las familias pueden ser eternas” (Canciones para los niños, pág. 98). Lean el relato como familia. ¿Por qué es importante que demostremos apoyo a los integrantes de nuestra familia? ¿De qué maneras podrían apoyarse más los unos a los otros en su familia?

Amor y luz en la noche de hogar

Cuando era recién conversa y vivía en Colombia, una familia muy especial de mi barrio me invitó a la noche de hogar. Era la primera vez que asistía a una noche de hogar, y el espíritu de amor y de fe que allí encontré me sorprendió.

Una vez que todos se habían reunido, se ofreció la oración y luego todos compartimos lo que habíamos hecho durante la semana anterior. Después de hablar, tuvimos una actividad.

Con las luces apagadas, escribimos ciertas frases en corazones de papel de color. Cuando todos habíamos terminado, prendimos las luces y mostramos lo que habíamos escrito. Algunos no lo hicieron muy bien, otros terriblemente y otros, como yo, escribimos con gran dificultad; creo que mi letra era la peor de todas. Por supuesto, la lección fue muy clara: cuando no tenemos la luz del Evangelio en nuestra vida, todo se ve obscuro, está distorsionado y es difícil.

Esa lección me conmovió profundamente y, en los años que han pasado desde ese día, he tratado de asegurarme de que mi vida lleve un curso lleno de la luz del Evangelio, especialmente para ser un ejemplo para mis hijos.

Dina del Pilar Maestre, California, EE. UU.