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El ayuno nos fortalece espiritual y temporalmente


El ayuno nos fortalece espiritual y temporalmente

El ayuno ha sido parte del evangelio de Jesucristo desde los tiempos del Antiguo Testamento (véase, por ejemplo, Daniel 9:3; Joel 2:12). El ayuno fortalece espiritualmente a las personas y aumenta la eficacia de sus oraciones (véase Isaías 58:6–11). En la actualidad, los miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días ayunan y dan a la Iglesia el dinero que hubieran gastado en alimentos, para ayudar a los pobres y necesitados.

“La Iglesia designa un domingo por mes, por lo general el primero, como día de ayuno. La observancia correcta del domingo de ayuno consiste en no ingerir alimentos ni bebidas correspondientes a dos comidas consecutivas [en un período de 24 horas], en asistir a la reunión de ayuno y testimonios, y en dar una ofrenda de ayuno para el cuidado de los necesitados.

“El valor de la ofrenda de ayuno debe ser por lo menos el de las dos comidas que no hayas ingerido. Cuando sea posible, sé generoso y da mucho más que esa cantidad.

“Además de observar los días de ayuno establecidos por los líderes de la Iglesia, puedes ayunar cualquier otro día, según lo que necesites y lo que los demás necesiten; sin embargo, no debes ayunar con demasiada frecuencia ni durante períodos excesivos”1. Las personas que tengan algún problema médico que pudiera agravarse al ayunar deben obrar con sabiduría y modificar la manera de hacerlo.

Los miembros de la Iglesia ayunan con diferentes propósitos. Por ejemplo, podemos ayunar y orar por un integrante de la familia que esté enfermo; podemos ayunar para expresar gratitud a Dios, para cultivar mayor humildad, para vencer una debilidad o pecado, para recibir inspiración con respecto a nuestras responsabilidades en la Iglesia, etc. Ayunar nos ayuda a sentir compasión por aquellos que pasan hambre con regularidad; también ayuda a que nuestro espíritu triunfe sobre el cuerpo.

  • Ayunar significa abstenerse voluntariamente de alimentos y bebidas con el propósito de acercarnos al Señor y pedir Sus bendiciones.

  • Se nos insta a ser generosos en nuestras ofrendas de ayuno; la Iglesia utiliza el dinero para ayudar a los pobres y necesitados.

  • El domingo de ayuno incluye el dar testimonio en la reunión sacramental.

  • El ayuno es más eficaz cuando va acompañado de la oración.

  • Los verdaderos creyentes siempre han practicado el ayuno. Los judíos de la antigüedad, por ejemplo, ayunaron por Ester, para que pudiera pedirle al rey que protegiera a su pueblo (véase Ester 4:16).

Si desea leer más acerca de este tema, lea Mateo 6:16–18; Alma 5:46; 6:6.

Presidente Joseph F. Smith

“[El ayuno] es [sencillo] y [perfecto], [se basa] en la razón y la inteligencia, y no sólo sería una solución al problema de proveer de lo necesario para los pobres, sino que también daría como resultado el bien de los que… observaran [la ley]. Hace que… el cuerpo quede sujeto al espíritu y, de ese modo, promueve la comunión con el Espíritu Santo y asegura la fortaleza y el poder espirituales que la gente de la nación tanto necesita. Puesto que el ayuno debe ir siempre acompañado de la oración, esta ley acercaría a las personas más a Dios”.

Véase Presidente Joseph F. Smith (1838–1918), Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Joseph F. Smith, 1998, pág. 213.

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    Nota

  1.   1.

    Leales a la fe, 2004, págs. 24–25.