Afrontar el futuro con esperanza


José A. Teixeira
Poner al Señor, a Su reino y a nuestras familias en primer lugar nos dará la esperanza que necesitamos para afrontar los desafíos presentes y futuros.

El hermano Arnaldo Teles Grilo llegó a ser uno de mis mejores amigos cuando yo tenía unos veinticinco años. A los 62 años, el hermano Grilo, que en aquel entonces era un ingeniero jubilado, fue llamado a ser uno de mis consejeros en la presidencia de lo que era el Distrito Oeiras, Portugal, donde prestamos servicio juntos por varios años.

Su sabiduría y experiencia me proporcionaron a mí, un líder joven en el sacerdocio, consejo y perspectiva muy valiosos. Él era optimista por naturaleza; siempre veía el lado bueno de toda situación y tenía un buen sentido del humor. Su actitud era una fuente de gran inspiración para muchos a su alrededor, en especial para mí, ya que yo conocía las grandes dificultades que había afrontado.

Después de recibirse de ingeniero, el hermano Grilo trabajó como investigador para la Agencia Agronómica Nacional de Portugal y más tarde viajó a una de las colonias portuguesas de África para dirigir un proyecto de investigación sobre el algodón. El proyecto lo llevó a una exitosa carrera como director ejecutivo de uno de los grandes bancos internacionales en ese país. Durante casi treinta años en África, crió una hermosa familia y disfrutó de una buena vida hasta que su familia repentinamente se vio obligada a regresar a Portugal debido a la tragedia del conflicto y a la guerra.

El hermano Grilo y su familia dejaron atrás todo por lo cual habían trabajado, todos sus bienes y pertenencias personales, después de ser testigos presenciales de los efectos devastadores de la guerra en un país al que amaban.

A pesar de la confusión y la agitación ocasionadas por una guerra que gradualmente destruyó toda la paz y estabilidad durante los últimos meses que estuvo en África, el hermano Grilo rescató a uno de sus amigos al darle un automóvil muy costoso que había comprado en Alemania. El auto permitió que su amigo y la madre de él pudieran escapar de la guerra.

La gran cantidad de posesiones materiales que una vida de arduo trabajo le había proporcionado al hermano Grilo no distorsionaron sus prioridades, pues se mantuvo anclado en principios firmes y en el amor por su familia.

Una vez en Portugal, a los 52 años, afrontó la realidad de comenzar partiendo de cero. Con toda esa adversidad y tragedia, ¿qué fue lo que marcó la diferencia en su vida? ¿Por qué era tan positivo en cuanto al presente y al futuro? ¿Por qué tenía tanta confianza?

El hermano Grilo es un converso de los comienzos de la Iglesia en Portugal y llegó a ser un firme baluarte y pionero en ese país. Como expresión de su fe y devoción, en varias ocasiones llevó a su familia al templo de Suiza, para lo cual viajaron 4.500 km de ida y vuelta. A lo largo de sus años de servicio, el hermano Grilo y su esposa brindaron felicidad a sus hijos y a muchas otras personas.

La fe del hermano Grilo estaba centrada en Jesucristo y en el conocimiento de que, al final, Cristo reinaría. Eso le dio esperanza en el presente y en el futuro.

El Nuevo Testamento termina con un mensaje de gran esperanza1. Los profetas, como Juan el Revelador, vieron las cosas que habrán de acontecer y nos hablaron de las bendiciones que recibiríamos si somos justos y perseveramos hasta el fin.

Juan vio un libro con siete sellos o períodos y describió cómo Satanás siempre ha combatido a los justos (véase Apocalipsis 5:1–5; 6). Pero Juan también vio que Satanás sería atado y que Cristo reinaría triunfalmente (véase Apocalipsis 19:1–9; 20:1–11). Por último, vio que los justos morarían con Dios después del Juicio Final (véase Apocalipsis 20:12–15).

Uno de los grandes desafíos actuales es aprender a conquistar el temor y la desesperanza a fin de sobrellevar las pruebas y las tentaciones. Sólo se tarda unos minutos en abrir un periódico, explorar internet o escuchar un noticiero en la radio o la televisión y encontrarse con penosos relatos sobre delitos y desastres naturales que suceden a diario.

Comprender las promesas que se encuentran en las Escrituras en cuanto a cómo el Señor conquistará la maldad y cómo la verdad conquistará el error puede ayudarnos a afrontar el futuro con fe y optimismo. En el mundo de hoy vemos guerras, desastres naturales y crisis económicas; a veces esas circunstancias no son cosas que observamos a la distancia, sino que nos afectan a nosotros personalmente.

No hay necesidad de lamentarse por las posesiones mundanas que hayamos perdido ni de obsesionarse con lo temporal, ya que eso puede privarnos de la alegría de las cosas sencillas y sublimes de la vida.

Estoy agradecido por el ejemplo del hermano Arnaldo Teles Grilo. Él puso los asuntos espirituales en primer lugar, los asuntos de “gran valor para [nosotros] en los postreros días” (2 Nefi 25:8), entre ellos las relaciones familiares y el servicio a los demás.

Todos debemos afrontar el futuro con esperanza porque sabemos que las fuerzas del mal serán vencidas. Todos tenemos que mantener una actitud positiva al afrontar los desafíos, pues hoy en día, como miembros de la Iglesia, tenemos las Escrituras, las enseñanzas de los profetas vivientes, la autoridad del sacerdocio, los templos y el apoyo mutuo. Todos debemos “salir triunfantes” a causa de la oración (véase D. y C. 10:5); y lo más importante, debemos tener esperanza en la vida eterna gracias al perfecto sacrificio expiatorio del Señor (véase Moroni 7:41).

Cuando nuestras prioridades estén en el lugar debido, viviremos una vida más próspera y abundante. Poner al Señor, a Su reino y a nuestras familias en primer lugar nos dará la esperanza que necesitamos para afrontar los desafíos presentes y futuros.

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    Nota

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    Véase Apocalipsis 19–22; véase también la lección 46 de El Nuevo Testamento, Doctrina del Evangelio: Manual para el maestro, 1997.