La cosecha llegará


La familia Filipponi ha aprendido que la ley de la cosecha, tanto en lo físico como en lo espiritual, requiere persistencia, paciencia y oración.

Para Oscar Filipponi y su familia, ganarse la vida trabajando la tierra nunca ha sido fácil. A veces les ha parecido que el viento, la sequía, la maquinaria que se rompe, un mercado lento y otras dificultades conspiran contra los mejores esfuerzos de la familia.

“Aquí en la chacra, nuestra tierra, todos los días tenemos que buscar inspiración y revelación para vivir con lo que la tierra nos da”, dice Oscar, que tiene una granja de unas cuarenta hectáreas en el Valle Inferior del Río Chubut, localizado en el sur de la provincia argentina de Chubut. “Cada día trae sus desafíos”.

Uno de los desafíos principales que afronta la familia Filipponi es que no siempre sabe cuándo darán fruto sus incansables esfuerzos. No obstante, ellos han aprendido que el trabajo arduo y la perseverancia, al final, dan buenos resultados.

“Trabajar la tierra no recompensa los esfuerzos ni diaria ni semanalmente”, explica Oscar. “Trabajamos todos los días salvo los domingos, todas las semanas, todos los meses, sin que necesariamente se vea una retribución monetaria, por lo que tenemos que planificar la economía. A veces, lleva meses o incluso un año para que gocemos de los frutos de nuestras labores; y siempre tenemos que recordarnos que el trabajo que realizamos ahora dará su cosecha más tarde”.

Junto con su esposa Liliana y dos de sus hijos, Daniel y María Celeste, Oscar cultiva alfalfa y cría ganado.

“A veces tenemos dinero y otras no, porque todo se usa para cubrir el costo de mantener la chacra”, dice. “A veces se rompe la maquinaria; otras, no podemos vender nuestros animales cuando están listos para el mercado. Pero, si meditamos y oramos, tenemos paciencia y nos aferramos a la esperanza, en uno o dos días se presenta la solución. Llega alguien preguntando: ‘Che1, ¿tenés animales para vender?’; entonces todo se arregla y seguimos adelante. Es difícil trabajar la tierra, pero, mediante nuestros esfuerzos diarios, hemos recibido el sostén necesario”.

Puntos de referencia

Daniel afirma que trabajar la tierra le ha dado oportunidades diarias de reflexionar sobre las bendiciones y las dificultades desde la perspectiva del Evangelio. “Poder hablar con el Señor y estar atento a la influencia del Espíritu sin distracciones de ruido, música o propaganda comercial es una bendición”, comenta al referirse a labrar la tierra.

“Cuando se vive en un lugar como éste, rodeado de seres queridos y de la naturaleza, es fácil ser miembro de la Iglesia”, agrega Liliana. “Me hace recordar que dependemos del Señor y que todo lo que tenemos es gracias a Él. En casi todo lo que hacemos aquí se refleja algún principio del Evangelio; Oscar siempre llega a casa con algún pensamiento que ha tenido mientras trabajaba en el campo o con los animales”.

Por ejemplo, cuando está arando un campo, elige un punto de referencia distante, como un árbol o una roca, que lo ayude a arar en línea recta. “No importa que haya obstáculos en su camino”, explica Liliana; “él no se desvía del curso porque quiere que los surcos queden derechos”.

Oscar añade: “Si miro hacia atrás para ver cómo está el surco, pierdo el rumbo; así que me concentro en el punto de referencia y sigo adelante”.

Él dice que en la Iglesia es como en la chacra: “Para no desviarnos de nuestro curso en la vida, debemos mirar hacia el Señor, leer las Escrituras y guardar los mandamientos. Si permitimos que algo nos distraiga, perdemos los puntos de referencia y nuestro sendero se tuerce”.

Una cosecha espiritual

La familia Filipponi asiste a una rama de la Iglesia en Gaiman, una población cerca de donde viven que tiene seis mil habitantes y que fue establecida por inmigrantes galeses en la década de 1870. Los miembros de la rama tienen amplia oportunidad para hacer brillar su luz. “Tenemos que hacer lo mejor posible día tras día porque la gente siempre está observándonos”, dice Liliana.

Conseguir que las personas se interesen en el Evangelio es un proceso lento. Al igual que la ley física de la cosecha, la ley espiritual de la cosecha requiere paciencia. Sin embargo, a causa de la constancia de la familia en vivir los principios del Evangelio, la gente ha llegado a conocer y a respetar sus normas como Santos de los Últimos Días.

Antes, cuando Oscar trabajaba en un empleo del gobierno, constantemente rechazaba invitaciones para tomar café, té y bebidas alcohólicas. “Después de unos años”, comenta, “mis compañeros empezaron a ser más considerados y respetuosos, y me preguntaban: ‘¿Qué tipo de refresco quieres?’; y a veces, algunos hasta se interesaban en la Iglesia. Ésa es la cosecha”.

Donde la cosecha espiritual de aprender y vivir los principios del Evangelio ha sido particularmente abundante es en la familia.

Han recogido su cosecha por medio de bendiciones que han recibido del servicio que Oscar presta como patriarca de la Estaca Trelew Norte, Argentina; del servicio rendido por Liliana como presidenta de la Sociedad de Socorro de la rama y de muchos otros llamamientos en los que los miembros de la familia han servido a lo largo de los años.

La han recogido al guardar el día de reposo y obedecer la ley del diezmo. “Las ventanas de los cielos verdaderamente se abren, si no de inmediato, por un proceso de obediencia continua”, explica Oscar.

Han recogido la cosecha con la finalización por parte de todos sus hijos de la escuela secundaria y con las misiones de tiempo completo que sirvieron sus cuatro hijos varones. Los estudios y el servicio misional de ellos les han proporcionado oportunidades de empleo y de liderazgo que de otra manera no habrían tenido.

La han recogido en las preguntas que a María Celeste le han hecho sus amigos que quieren saber sobre el servicio misional de sus hermanos, las creencias religiosas de ella y por qué evita ir a fiestas que empiezan tarde los sábados por la noche.

Y la han recogido en las impresiones y la influencia tranquilizadora del Espíritu Santo que contribuyó a que la familia evitara una tragedia tarde por la noche cuando creyeron que alguien había entrado en su casa a robar. Un ruido despertó a Daniel, quien se preparó para defender su hogar, pero descubrió que el supuesto ladrón era un vecino que había ido a buscar ayuda porque se le había descompuesto el coche.

“Me di cuenta de que el Espíritu me había calmado para que pudiéramos resolver la situación sin una reacción exagerada”, comenta Daniel. “Después, oramos y agradecimos al Padre Celestial porque no había sucedido nada malo”.

Los miembros de la familia Filipponi dicen que cuando nos entregamos a Dios, Él nos bendice en nuestras necesidades y nos convertimos en instrumentos en Sus manos. Es un proceso que requiere persistencia, paciencia y oración, y también mucha fe y trabajo; pero, en el debido tiempo del Señor, se recoge la cosecha.

Cuando el Señor haga el balance de Sus libros

Presidente Boyd K. Packer

“Había una vez dos granjeros cuyos campos colindaban. Uno de ellos nunca trabajaba los domingos y su vecino lo criticaba por ello. Le decía: ‘Tus cultivos no tienen tan buen aspecto como los míos, ¿por qué no trabajas los domingos?’.

“El otro granjero le contestaba: ‘Quiero hacer lo que el Señor mandó; quiero ganarme Sus bendiciones’.

“Un día de octubre se encontraban junto a la cerca medianera. El [vecino] le dijo: ‘¡Míralo! Fíjate en mi campo: está hermoso, con plantas altas y las espigas de trigo cargadas de grano. El tuyo se ve un poco descuidado; no lo has atendido tan bien como yo al mío. Mira mi cosecha comparada con la tuya. ¿Qué me dices ahora de las bendiciones que pensabas recibir?’.

“El granjero que guardaba el día de reposo pensó por unos minutos y respondió: ‘El Señor no hace el balance de Sus libros en octubre’”.

Véase presidente Boyd K. Packer, Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles, Mine Errand from the Lord, 2008, pág. 336.

Mostrar referencias

    Nota

  1.   1.

    Una expresión familiar que se emplea comúnmente en Argentina para llamar la atención de alguien o dirigirse a una persona, y que se usa como “amigo”, “compadre” o “compañero”.