Si la gente pregunta por qué enviamos misioneros a naciones cristianas, ¿qué debo responder?

two young men looking at globe

Ilustración fotográfica por Sway Chávez.

Para muchas personas que no son miembros de nuestra Iglesia, hacer “obra misional” significa ir a tierras muy distantes en las que, por ejemplo, se pueda enseñar a quienes no son cristianos acerca del cristianismo, y en donde se pueda realizar obra humanitaria. De modo que, cuando se enteran de que nuestra Iglesia hace “obra misional” en donde ellos viven, tal vez se pregunten por qué.

El mensaje que comparten nuestros misioneros es para todo el mundo; por eso los enviamos a todo el mundo. Creemos que se ha restaurado la plenitud del evangelio de Jesucristo, incluso la Iglesia de Cristo y la autoridad del sacerdocio necesaria para efectuar las ordenanzas, como el bautismo. Sólo en esta Iglesia se ha restaurado la plenitud del Evangelio. Ya que todas las personas necesitan escuchar este mensaje, incluso en los lugares donde hay una larga tradición cristiana, enviamos misioneros a todo pueblo.

¿Cuándo no es apropiado compartir experiencias espirituales?

El compartir nuestras experiencias espirituales con aquellos que estén dispuestos a escucharlas es una forma extraordinaria de edificar la fe y el testimonio de los demás. Por ejemplo, si te sientes motivado a hablar acerca de la respuesta a una oración, otros tendrán más fe en que las oraciones de ellos pueden ser contestadas. Pero, si has tenido una experiencia profundamente espiritual y personal, es prudente no compartirla a menos que el Espíritu Santo te inspire a hacerlo.

El presidente Boyd K. Packer, Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles, dijo:

“He aprendido que no recibimos experiencias espirituales impresionantes y fuertes con mucha frecuencia, y cuando lo hacemos, son por lo general para nuestra propia edificación, instrucción o corrección…

“He llegado también a la convicción de que no es prudente hablar continuamente de experiencias espirituales extraordinarias. Éstas han de guardarse con la debida reserva y compartirse sólo cuando el Espíritu los induzca a mencionarlas para el beneficio de otras personas…

“Yo creo que debemos reservarnos todas estas cosas y meditarlas en nuestro corazón”1.

    Nota

  1.   1.

    Véase Boyd K. Packer, “Lámpara de Jehová”, Liahona, octubre de 1983, pág. 31.

A veces hay personas que me preguntan acerca de los gárments del templo, y en ocasiones, de manera irrespetuosa. ¿Qué debo decirles?

Primero, cuando las personas usan palabras irrespetuosas para referirse a los gárments del templo, es totalmente apropiado que les pidas amablemente que demuestren más respeto, ya que los gárments son sagrados para nosotros.

Además, tal vez te convenga señalar que los miembros y el clero de muchas otras religiones usan artículos de ropa específicos para representar su fe personal o su responsabilidad oficial, de manera que el hecho de que nuestra práctica religiosa incluya ropa especial realmente no es nada inusual.

Para explicar la importancia de los gárments del templo, podrías decir que es una ropa interior sencilla y recatada que se da a miembros adultos de la Iglesia como parte de ceremonias especiales en nuestros templos. En esas ceremonias, nos comprometemos a vivir como Jesucristo desea que lo hagamos, y los gárments son un recordatorio tangible y constante de ese compromiso personal y espiritual. De esa forma, los gárments pueden ayudar a protegernos contra las tentaciones y el mal.