Adrián Ochoa
Al dedicarnos a trabajar en la obra misional, podemos obtener información de los ejemplos del Salvador, de Alma y de José Smith.

Vosotros sois la luz del mundo

Los ex misioneros con frecuencia se refieren al servicio que han prestado como los mejores años de su vida. ¿Por qué es así?

Tal vez sea el gozo de ver a otra alma ir al Salvador (véase D. y C. 18:15); quizás tenga que ver con los lazos que crean con los investigadores, los conversos, los miembros, los compañeros y el presidente de misión. Creo que esas cosas son parte de ello, pero creo que también tiene que ver con la luz del Salvador que sienten, así como con la luz que comparten en la forma de servicio y testimonio.

Sabemos que el Salvador se llamó a Sí mismo la Luz del Mundo (véase Juan 9:5; 12:46); pero en el Sermón del Monte, Él declaró lo mismo en cuanto a Sus seguidores:

“Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder.

“Ni se enciende una vela y se pone debajo de un almud, sino sobre el candelero, y alumbra a todos los que están en casa.

“Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:14–16).

Compartir nuestra luz, es decir, reflejar la luz del Salvador (véase 3 Nefi 18:24), es algo que podemos hacer durante toda la vida, y es algo que tenemos que comenzar a hacer cuando somos jóvenes. Al trabajar en asignaciones misionales formales y en la obra misional de por vida, podemos seguir el ejemplo de tres personas que, en mi opinión, son el mejor ejemplo de lo que es esta obra: Alma, el profeta José Smith y el Salvador. Los tres han influenciado enormemente mi comprensión de la importancia de la obra misional, de mostrar al mundo la luz del Salvador.

Alma: Ser humilde

Las enseñanzas de Alma jugaron un papel decisivo en mi propósito de servir en una misión. Aunque mi abuela se aseguró de que me bautizara cuando tenía ocho años, rara vez fui a la Iglesia en mi juventud. Cuando, como joven adulto, conocí a los misioneros y comencé a pensar en la Iglesia, empecé a estudiar las Escrituras. El análisis que Alma hizo en cuanto a la diferencia que existe entre el verse obligado a ser humilde y el escoger ser humilde me llamó la atención (véase Alma 32:13–15). Me sentía inepto por mis imperfecciones, pero pensé en ello seriamente: decidir prestar servicio en una misión requeriría un cambio considerable. Yo ya tenía una carrera y mi propio negocio, y quería casarme con mi novia (quien, a propósito, ahora es mi esposa). ¿Podía renunciar a todo eso para servir al Señor?

Fui a un lugar privado y dediqué tiempo, tiempo de verdad, a orar y estar en comunión con mi Padre Celestial. Al humillarme, llegué a saber que mi Padre Celestial quería que prestara servicio. Decidí seguir Su palabra y, al hacerlo, encontré la veracidad de la promesa de Alma: “…el que verdaderamente se humille y se arrepienta de sus pecados, y persevere hasta el fin, será bendecido; sí, bendecido mucho más que aquellos que se ven obligados a ser humildes” (Alma 32:15).

Aunque ya tenía más de veintiséis años, fui a ver a mi obispo, quien me ayudó a prepararme. Entregué mis papeles para la misión y esperé varios meses. Finalmente, recibí una llamada en la que me informaban que no reunía los requisitos para prestar servicio en una misión de tiempo completo, pero que podía servir en comunicaciones públicas, el campo en el que ya trabajaba. Fue una época emocionante. Se me capacitó y aparecí en los medios de comunicación poco después de que el gobierno mexicano reconociese oficialmente la Iglesia en México. Ayudé a las estacas a capacitar a sus especialistas en asuntos públicos y establecí relaciones con funcionarios del gobierno. Esa oportunidad de prestar servicio me bendijo en más formas de las que puedo describir y de maneras que nunca hubiese previsto. Afectó muchos aspectos de mi vida para bien.

El servicio misional de ustedes será lo más importante para prepararlos para el resto de su vida. El presidente Gordon B. Hinckley (1910–2008) prometió a los futuros misioneros: “…el tiempo que pasen en el campo misional, si lo pasan dedicados al servicio, será una inversión que les dejará mayores dividendos que cualesquiera otros dos años de su vida… Si sirven en una misión fielmente y bien, serán mejores esposos, mejores padres, mejores estudiantes, mejores trabajadores”1. Si no han pasado la edad de servir en una misión de tiempo completo, prepárense ahora para servir. Las bendiciones que recibirán serán mucho mayores que cualquier sacrificio que puedan hacer.

Sé que tal vez afronten desafíos al contemplar servir en una misión. El adversario hace todo lo posible para evitar que la obra del Señor siga adelante. Si no están seguros en cuanto a si deben servir en una misión, los invito a humillarse y luego arrodillarse y preguntarle al Padre Celestial. Él me dio a conocer Su voluntad con respecto a mí y sé que hará lo mismo con ustedes.

José Smith: Obtener una perspectiva eterna

De José Smith he aprendido que el centrarse en la perspectiva eterna puede aumentar la capacidad de ustedes como siervos del Señor. Solía preguntarme cómo pudo aguantar él todo lo que soportó, en particular las pruebas y la persecución; pero llegué a comprender que, debido a que José vio más allá del velo, él sabía que esta existencia mortal es sólo una fracción de nuestra trayectoria eterna. Me puse a pensar qué me sucedería si comprendiera lo que él comprendía y, al meditar en ello, me di cuenta de que cuando nos centramos en el aquí y el ahora, nuestra visión es limitada. Cuando conservamos una perspectiva eterna, comprendemos que es sumamente importante estar dedicados a ayudar a los demás, a rescatarlos y a testificar de las verdades que conocemos.

Si nos centráramos, como lo hizo José, en las cosas bajo un punto de vista eterno, ¿cuánto más dispuestos y deseosos de compartir el Evangelio estaríamos en nuestra vida diaria? El compartir nuestra luz —reflejar la luz del Salvador— no necesita limitarse a las asignaciones misionales formales. Si tienen una mente abierta y son receptivos, pueden compartir la Luz de Cristo con aquellos que los rodeen al compartir quiénes son como miembros de la Iglesia y lo que creen. Al ir de un lado a otro a lo largo de la vida y relacionarse con muchas personas diferentes, los animo a que conozcan a sus vecinos, compañeros de clase y colegas de otras religiones. Sigan la instrucción del élder M. Russell Ballard en cuanto a compartir el Evangelio en línea, incluso a través de los sitios en los medios sociales, los blogs y los sitios para compartir videos2.

Si bien podemos enseñar a otras personas sobre el Evangelio por medio de una lección formal, a veces todo lo que se necesita para que alguien se vuelque al Evangelio es un ejemplo recto y un deseo de compartir el testimonio mediante nuestra manera de vivir. Cuando vivan de manera digna de tener el Espíritu y permitan que su luz brille, la gente verá “sus buenas obras, y [glorificará] a [su] Padre que está en los cielos” (Mateo 5:16).

El Salvador: Concentrarse en los demás

Y finalmente, el Salvador, que es nuestro ejemplo en todas las cosas, me enseñó a no preocuparme tanto de mí mismo sino a concentrarme en la salvación de los demás. Su vida entera estuvo dedicada a los demás. Algunas veces, cuando pensamos en compartir el Evangelio con las personas de otras religiones, tenemos miedo de lo que pensarán de nosotros o de cómo reaccionarán. Al pensar en el servicio misional de tiempo completo, con frecuencia nos preocupamos demasiado por el dinero, la escuela o las relaciones; ésas son cosas buenas e importantes, pero son cosas que pueden esperar. El Salvador mismo no tenía “dónde recostar la cabeza” (Mateo 8:20). Él enseñó a Sus seguidores a “[buscar] primeramente el reino de Dios” y “todas estas cosas” les serían añadidas (Mateo 6:33).

Lo mismo es válido para nosotros. A medida que procuremos seguir y reflejar la Luz del Mundo, el mundo recibirá bendiciones y, a la larga, también nosotros en forma individual. Procuremos todos no esconder esa luz sino irradiarla a lo largo de nuestra vida.

Muchas oportunidades de prestar servicio

El servicio misional formal no se limita a quienes pueden servir en misiones proselitistas. Hay muchos jóvenes adultos para quienes una misión de proselitismo no es posible debido a dificultades físicas, mentales o emocionales. Esos hombres y mujeres jóvenes hacen mucho bien en las organizaciones de la Iglesia alrededor del mundo como misioneros de servicio a la Iglesia.

Se necesitan misioneros de servicio a la Iglesia en todo el mundo para prestar servicio en los centros de historia familiar, los almacenes del obispo, las envasadoras, los centros de empleo, las organizaciones de servicio comunitario, los medios de comunicación y en varias otras operaciones de la Iglesia. Los hombres y las mujeres en edad de servir en una misión y que no puedan prestar servicio en una misión proselitista pueden conversar con sus padres y líderes para analizar las opciones de una misión de servicio. Si bien las misiones de servicio varían en cuanto a las asignaciones y al tiempo que duran basándose en la capacidad del misionero, conllevan verdadero trabajo, verdadero servicio y verdadero sacrificio que marcan una diferencia en la edificación del reino de Dios sobre la tierra.

Para mayor información en cuanto a las misiones de servicio a la Iglesia, visite http://www.lds.org/callings/missionary/church-service.

Responder a un llamado del profeta

Si las primeras sesiones de la conferencia general son un indicio de lo que el profeta tiene en mente, es obvio que el presidente Thomas S. Monson está pensando en la obra misional.

En abril de 2011 mencionó el número de misioneros y de misiones en el mundo y luego dijo: “La obra misional es la savia del reino. Me gustaría sugerirles que, si pueden hacerlo, consideraran hacer una contribución al Fondo misional general de la Iglesia”1.

En octubre de 2010 dijo:

“Repito lo que los profetas han enseñado por mucho tiempo: que todo joven digno y capaz debe prepararse para servir en una misión. El servicio misional es un deber del sacerdocio, una obligación que el Señor espera de nosotros, a quienes se nos ha dado tanto. Jóvenes, los amonesto a que se preparen para prestar servicio como misioneros. Consérvense limpios y puros, y dignos de representar al Señor. Preserven su salud y fortaleza. Estudien las Escrituras. En donde estén disponibles, participen en seminario e instituto. Familiarícense con el manual misional Predicad Mi Evangelio.

“Un consejo para ustedes jóvenes hermanas: Aunque ustedes no tienen la misma responsabilidad del sacerdocio que la que tienen los hombres jóvenes de servir como misioneros de tiempo completo, ustedes aportan una valiosa contribución como misioneras y les agradecemos su servicio”2.

Y en octubre de 2009 dijo: “Les pido que continúen ejercitando su fe y oraciones en beneficio de aquellas regiones donde nuestra influencia es limitada y donde no se nos permite compartir el Evangelio libremente en este momento; ocurrirán milagros si lo hacemos”3.

Notas

  •   1.

    Thomas S. Monson, “Es conferencia una vez más”, Liahona, mayo de 2011, pág. 6.

  •   2.

    Thomas S. Monson, “Al encontrarnos reunidos de nuevo”, Liahona, noviembre de 2010, pág. 6.

  •   3.

    Thomas S. Monson, “Bienvenidos a la conferencia”, Liahona, noviembre de 2009, pág. 6.

  • Mostrar las referencias

      Notas

    1.   1.

      Véase Gordon B. Hinckley, “Misiones, templos y responsabilidades”, Liahona, enero de 1996, pág. 58.

    2.   2.

      Véase M. Russell Ballard, “Compartamos el Evangelio por medio de internet”, Liahona, junio de 2008, pág. N2.