Sé sabio y sé un amigo


Robert D. Hales
Aprende y obtén conocimiento y sabiduría en tu juventud, y eleva y fortalece a los que te rodean.

Si realmente deseas tener una buena vida, querrás seguir el consejo que se encuentra en las Escrituras: “Aprende sabiduría en tu juventud; sí, aprende en tu juventud a guardar los mandamientos de Dios” (Alma 37:35). El proceso del aprendizaje se puede resumir de la siguiente manera:

Todos comenzamos con una inteligencia básica, a la cual añadimos conocimiento con el aprendizaje que recibimos en el salón de clases y mediante la lectura. Luego agregamos las experiencias de la vida, y después llegamos al cuarto paso: la sabiduría. Allí es donde el mundo se detiene; pero nosotros tenemos algo que el mundo no tiene. Al ser bautizados y confirmados, se nos confirió el don del Espíritu Santo. Si somos fieles a las leyes, ordenanzas y convenios que aceptamos al bautizarnos, así como a los compromisos regulares y frecuentes en las reuniones sacramentales y a los convenios del sacerdocio y del templo, siempre tendremos el don del Espíritu Santo para que nos enseñe y nos guíe. El Espíritu Santo nos impulsa a actuar y a obrar. Todos tenemos dones y talentos espirituales (véase D. y C. 46).

La sabiduría añadida a los dones espirituales nos lleva a tener un entendimiento en el corazón. “Sabiduría ante todo; adquiere sabiduría; y con todo lo que adquieras, adquiere entendimiento” (Proverbios 4:7). Es importante que cultives la sabiduría y el entendimiento en tu juventud.

Una experiencia de mi juventud me enseñó algo acerca de la sabiduría. Yo era un niño de ciudad, así que mi padre me envió a trabajar a la estancia de mi tío en la región oeste del estado de Utah. Mientras estuve allí, nunca pude entender por qué el ganado, pudiendo escoger de entre miles de hectáreas, sacaba la cabeza por el alambre de púas para comer el pasto del otro lado del cerco. ¿Alguna vez has pensado lo mucho que nosotros también somos así? Siempre empujamos para ver cuáles son los límites, especialmente en nuestra juventud. Como seres humanos —hombres naturales— tendemos a empujar hasta el cerco de alambre de púas y sacar la cabeza. ¿Por qué lo hacemos?

Podemos tener mucho gozo en la vida sin ir más allá de los límites. Recuerda: “Sabiduría ante todo”, y con esa sabiduría, “No entres en la vereda de los malvados, ni vayas por el camino de los malos. Déjala; no pases por ella. Apártate de ella; pasa de largo” (Proverbios 4:14–15). Ni siquiera te acerques; no saques la cabeza por el cerco de alambre de púas.

¿Tienes buenos amigos?

Notarás que, junto con esas enseñanzas sobre la sabiduría, el libro de Proverbios también enseña en cuanto a escoger buenos amigos: “No entres en la vereda de los malvados, ni vayas por el camino de los malos” (Proverbios 4:14). “Hijo mío, no andes en camino con ellos; aparta tu pie de sus veredas” (Proverbios 1:15–16).

youth studying together

Ilustraciones por Keith Larson.

¿Cómo sabes si tienes buenos amigos? Te daré dos formas de probarlo; si las aplicas, nunca irás por senderos extraños ni te alejarás del “estrecho y angosto camino que conduce a la vida eterna” (2 Nefi 31:18).

  1. 1.

    Los buenos amigos te facilitan vivir los mandamientos cuando estás con ellos. Un verdadero amigo te fortalece y te ayuda a vivir los principios del Evangelio que te permitirán perseverar hasta el fin.

  2. 2.

    Un verdadero amigo no te obligará a escoger entre los modos de él o ella y los caminos del Señor, apartándote así del sendero estrecho y angosto. El adversario ronda por esta tierra y desea intensamente que cada uno de nosotros caiga. Si tus amigos te llevan por los senderos de la iniquidad, apártate de ellos ahora mismo. Escoge tus amigos con sabiduría.

¿Qué clase de amigo eres tú?

Ahora te hago una pregunta difícil: ¿Qué clase de amigo eres ?

La vida consiste en mucho más que sólo salvarnos a nosotros mismos. Se nos ha mandado elevar y fortalecer a todos los que nos rodean. El Señor quiere que todos regresemos a Su lado juntos.

Tú eres un faro, y no hay nada más peligroso que un faro caído. Recuerda quién eres: eres una luz al mundo, a tus amigos, a tus hermanos y hermanas; tú eres la persona a la que están observando.

Proverbios 4 continúa:

“Mas la senda de los justos es como la luz resplandeciente que va en aumento hasta que el día es perfecto.

“El camino de los malvados es como la oscuridad; no saben en qué tropiezan” (versículos 18–19).

Realmente no saben por qué tropiezan; no tienen luz ni dirección.

¿Sabes lo que es depender de un faro cuando éste no tiene luz? El resultado es la oscuridad, y nos perdemos.

Cuando en un avión se corta la energía eléctrica, los únicos indicadores que le quedan al piloto son los que funcionan sin electricidad. Se siente totalmente inútil cuando está en un avión de caza de un solo asiento a 12.200 metros de altura y las nubes lo sacuden de un lado a otro. No tiene ninguna guía. Yo tuve una experiencia como esa, y debo agradecer el estar aquí; es una experiencia que nunca olvidaré. Quizás tú también te encuentres en una situación similar algún día; no hay nada más peligroso que un faro caído, especialmente cuando dependes de esa luz.

¿Hay alguien que dependa de tu luz para guiarlo? Sé un buen ejemplo; sé una luz al mundo y guía y dirige a los que te rodean por los senderos de la rectitud; ellos dependen de ti para que seas un faro fidedigno; permanece al alcance cuando alguien te necesite.

El Espíritu es la luz guiadora que brinda gozo y felicidad. Ruego que nunca se nos niegue el Espíritu debido a nuestra conducta. ¡Cuánto ruego que nunca estemos solos y tristes en este mundo “obscuro y lúgubre”! (1 Nefi 8:4).

Ruego que las bendiciones del Señor te acompañen al esforzarte por aprender y obtener conocimiento y sabiduría en tu juventud. Ruego que también obtengas sabiduría y entendimiento en tu corazón de las verdades del Evangelio mediante la obediencia y por la luz del Espíritu Santo. Sé un buen amigo; eleva y fortalece a los que te rodean; haz que el mundo sea mejor por haber estado tú en él. Ayuda a tus amigos a permanecer en el sendero estrecho y angosto, a perseverar hasta el fin y a regresar con honor.