La castidad en un mundo inmoral


El departamento de Revistas de la Iglesia se reunió con un grupo de jóvenes adultos de diversas partes del mundo para analizar los desafíos y las bendiciones de mantenerse castos en un mundo que no valora la castidad sino que, incluso, se burla de ella. Su análisis abierto, honesto y sincero nos pareció alentador e inspirador; esperamos que en los comentarios de estos jóvenes ustedes también descubran algo que los ayude a valorar más la santidad del matrimonio y de la intimidad física.

Con tanta gente que justifica la conducta inmoral, ¿qué verdades del Evangelio los ayudan a mantenerse sexualmente puros?

Martin Isaksen, Noruega: En las Escrituras dice que debemos ser castos; eso es suficiente para mí.

Lizzie Jenkins, California, EE. UU.: La castidad es un compromiso que hacemos; vivimos ese compromiso; es un estilo de vida.

Liz West, Inglaterra: El comprender quién soy y que la vida es mucho más que este momento, que esta noche, me ayuda mucho. El plan de salvación es muy valioso, aunque mientras era jovencita no habría podido explicarlo con detalles. ¡El concepto del matrimonio eterno es maravilloso! Cuando las personas entienden ese compromiso, se dan cuenta de lo extraordinario que es el que Dios nos haya puesto aquí en una familia y que nos haya dado mandamientos para que no sólo estemos a salvo sino que también seamos felices. Cuando vivo estos principios y los comparto con mis amigos al decirles: “No tomo bebidas alcohólicas”, “No voy a ir a esa fiesta” o “No voy a hacer eso”, me respetan y, con el tiempo, me defienden. El comprender mi valía como hija de Dios y que el Padre Celestial sabe quién soy y realmente se interesa por mí me da gran fortaleza.

Anna (Anya) Vlasova, Rusia: El pensar que soy parte de una familia celestial me ayuda mucho. Amo y respeto a Dios y no quiero que Él se sienta avergonzado de las decisiones que tomo.

Kaylie Whittemore, Florida, EE. UU.: Sin lugar a dudas pienso que el comprender la santidad de la familia me ha dado una fuerte determinación de vivir la ley de castidad; otra cosa es el darme cuenta de que cuando quebrantamos los mandamientos surgen consecuencias negativas que no quiero tener que vivir.

Falande (Fae) Thomas, Haití: He pensado mucho sobre lo que dice la gente: “¿Por qué esperar cuando se puede tenerlo todo ahora?”; pero me he preguntado cuánto tiempo les durará ese tipo de felicidad. Prefiero vivir la ley de castidad y, al final del día, sentir paz.

Hippolyte (Hip) Kouadio, Costa de Marfil: Una de las cosas que me ayuda mucho es la Proclamación sobre la familia: “…declaramos que Dios ha mandado que los sagrados poderes de la procreación han de emplearse sólo entre el hombre y la mujer legítimamente casados como esposo y esposa”1.

Otro elemento que influye es la forma en que las Autoridades Generales nos explican la castidad; nos advierten sobre la forma en que comienza la inmoralidad y nos enseñan que cuando abusamos del cuerpo, abusamos del alma. El élder Jeffrey R. Holland enseñó que “el Salvador pagó un precio para que algún día tengamos un cuerpo resucitado; la manera en que podemos agradecerle el precio que Él pagó es mantener puro nuestro cuerpo”2.

Liz: Recuerdo muy bien una conversación que tuve con alguien cuando tenía unos quince años. Hablamos de que yo no creo en la intimidad física antes del matrimonio, y ella me dijo: “¡Ah, sí!, pero ¿y si simplemente te sucede? ¿Y si una noche tú simplemente … ?”. Pero yo sabía que tenía la opción. Nada simplemente “sucede”.

Me parece increíble que el Padre Celestial nos haya dado el albedrío y los mandamientos para liberarnos y que Satanás hace todo lo posible por encadenarnos y restringirnos. Los momentos a los que se refería mi amiga en que algo podía “suceder”, eran los que surgían en fiestas en las que las personas tomaban bebidas alcohólicas y se juntaban en parejas; es por eso que no me pongo en esas situaciones. La decisión no debe tomarse a último momento para decir sí o no; se toma antes, cuando uno se pregunta: “¿Voy a esa fiesta?”.

Si no se piensa por adelantado en lo que se va a hacer y en las consecuencias, muchas personas harán lo que quieran en el momento. Pero si se dice: “Esto es lo que quiero como resultado; por lo tanto, voy a tomar estas decisiones”, entonces se evitarán muchos problemas.

Ustedes mencionaron el albedrío y los mandamientos. Pero, ¿los ayudan los convenios bautismales o los del templo a vivir de acuerdo con sus normas?

Fae: Pienso en mi vida antes de bautizarme y en cuánto más sentido tiene para mí ahora que he hecho convenios. Es asombroso cómo podemos ser perdonados gracias a la Expiación. Al recordar los convenios que he hecho pienso en cómo puedo arrepentirme, convertirme en una persona mejor y continuar avanzando.

Anya: Especialmente en el templo se ve una perspectiva eterna. El templo nos ayuda a pensar en la eternidad y no sólo en el presente; así tomamos decisiones más sabias.

Lizzie: Muchas veces pensamos que la intimidad física es algo malo, pero no lo es. Sencillamente debe contar con la aprobación de la autoridad correcta, se debe hacer en el momento apropiado y con la persona apropiada. De eso se tratan los convenios. Se establecen compromisos. Se dice: “Realmente estoy lista para dar este paso”. Los convenios me ayudan porque sé que estoy haciendo las cosas en el orden en que debo hacerlas; y sé que si hago lo que el Padre Celestial quiere, seré más feliz.

Jonathan Tomasini, Francia: No sería honrado conmigo mismo ni sería leal a Dios si quebrantara los convenios. Los convenios del matrimonio me hacen comprender que quiero ser capaz de ofrecer a mi esposa un hombre con autocontrol, que se ha preparado para ser un buen esposo y se ha mantenido puro.

En el mundo hay gran cantidad de argumentos, muchos de los cuales parecen persuasivos y complejos, que alegan que la ley de castidad es anticuada. ¿Qué argumentos han oído ustedes y cómo han respondido a los que cuestionan sus normas?

Lizzie: En mi último año de secundaria, recuerdo que una profesora nos dio algunos “consejos”. Ella se había casado tan pronto como terminó sus estudios secundarios y el matrimonio había terminado mal; así que básicamente nos dijo que “hay muchos peces en el mar”. Lo que quiso decir es que hay muchas cosas para que experimentemos, muchos candidatos para probar. Recuerdo que me horrorizó que la profesora dijera eso. Desde entonces he pensado que sí, es cierto que hay muchas personas, ¡pero yo no quiero muchas personas!

Jonathan: Una conocida mía dijo que cuando entra en una relación de pareja, quiere saber si es sexualmente compatible con esa persona. Me dio el ejemplo de un muchacho con el que salía y que le gustaba, y que después de empezar a tener relaciones íntimas, se dio cuenta de que no eran compatibles y la relación no funcionó. Empleó aquella experiencia para justificar su argumento, que parecía bastante persuasivo. Al fin, le expliqué que creo que dos personas pueden llegar a conocerse muy bien de otras maneras y que, si lo hacen y fomentan la confianza mutua mientras obedecen la ley de castidad, tendrán mucha mayor compatibilidad cuando se casen.

Anya: El argumento más común que siempre oigo es que cuando dos personas se aman, está bien, ya que la intimidad física es simplemente una expresión de amor.

Martin: Cuando oigo la excusa: “Es que nos amamos”, me viene a la memoria una cita del presidente Spencer W. Kimball en la que dice que, con frecuencia, la lujuria se presenta furtivamente cuando las personas piensan que están enamoradas3. Eso les sucede a muchas personas que tienen relaciones íntimas antes de casarse: aunque creen que se aman mutuamente, lo que sienten es lujuria; si realmente se amaran, se respetarían más la una a la otra, se apoyarían y comprenderían que existe un tiempo apropiado para la intimidad sexual. Para mí, esa intimidad antes del matrimonio demuestra que las personas no se van a apoyar mutuamente tanto como creen; porque si no se ayudan ahora el uno al otro a vivir sus normas, ¿cómo se van a prestar apoyo mutuo más adelante?

Kaylie: Algunas personas que no creen en Dios piensan que la Biblia y la ley de castidad son anticuadas. En la escuela secundaria tuve amigos que se declaraban ateos o agnósticos y tenía una amiga que en realidad no creía en las enseñanzas de su religión, vivía de acuerdo con sus deseos, con lo que a ella le parecía bien. En su punto de vista, la intimidad física era gratificante y cualquier cosa que restringiese ese placer era indeseable.

Creo que a mi amiga le extrañaba que yo creyera en la Biblia y en los mandamientos de Dios, pero me esforcé por hacerle comprender que para mí los mandamientos no son restricciones sino que los vivo porque me hacen más feliz. A pesar de que no estábamos de acuerdo, ella me respetaba y continuamos siendo grandes amigas.

Liz: Todos esos argumentos encuentran su respuesta en principios básicos del Evangelio. Cuando creemos que hay un Dios, cuando creemos que existe un plan superior, cuando creemos en la responsabilidad personal, en que hay Alguien que nos quiere y se interesa por nosotros, y cuando creemos que tenemos valor intrínseco por ser hijos de Dios, entonces es mucho más probable que nos consideremos valiosos y respetemos nuestro cuerpo. Cuando las personas no conocen estos principios o no creen en ellos, buscan a otras personas y en otros lugares para saber lo que valen.

¿Qué influencias o ejemplos los han ayudado a comprometerse a vivir la ley de castidad?

Hip: Tuve un compañero de cuarto que estaba comprometido para casarse; un día estábamos hablando de su próxima boda y alguien le preguntó: “¿Cuáles son los compromisos que piensan que los ayudarán a permanecer fuertes?”. Él respondió: “El no obedecer la ley de castidad podría destruir nuestra relación; así que decidimos que no haríamos nada que no nos sintiéramos a gusto haciendo frente al obispo o a nuestros padres”. Esa idea todavía influye en mí.

Jonathan: Ahora que soy joven adulto, es más fácil escuchar a los profetas y meditar sobre lo que nos dicen los líderes de la Iglesia. Sin embargo, pienso que en los años más jóvenes gran parte de la responsabilidad recae en nuestros padres y familia. La Iglesia proporciona información y muchas otras cosas buenas, pero el ejemplo de mi familia fue lo que realmente contribuyó a que me diera cuenta de que el Evangelio es algo bueno y que nos hace felices.

Liz: En mis años de adolescencia, el miembro de la Iglesia de mi edad que tenía más cerca estaba a una hora y media de distancia; así que, no había otros miembros en mi escuela. Pero algo que apreciaba mucho era que, aunque yo era la única, mis líderes siempre asistían a la Mutual, siempre iban a seminario; siempre estaban allí para enseñarme la lección, todas las veces. Nunca dijeron: “Sólo tengo una alumna así que hoy no tendremos clase”. Seguramente aprendí mucho, pero lo que realmente recuerdo más es que mis líderes eran constantes; y gracias a ellos, tuve oportunidades de sentir el Espíritu.

Pienso que nunca llegamos a apreciar plenamente el don del Espíritu Santo. Aun cuando tenía a mis padres, a mi familia y a mis líderes, en las horas que pasaba en la escuela estaba sola; sin embargo, el Espíritu me acompañaba. De modo que, sea lo que sea que mantenga al Espíritu en la vida de una persona, eso será una gran influencia para que la persona obedezca la ley de castidad.

Lizzie: Una de las mayores influencias para mí fue el obtener mi propio testimonio. Si no se está firmemente arraigado en el Evangelio, es muy fácil tomar un camino diferente; pero si uno empieza por asegurarse de tener un fuerte cimiento en el Evangelio, todo lo demás le seguirá.

Hip: Si deseamos ser físicamente fuertes, hacemos ejercicio y de esa manera obtenemos resultados. Si aplicamos ese principio a lo espiritual, debemos ejercitarnos espiritualmente. Hay muchas cosas que podemos hacer como ejercicio espiritual, por ejemplo, leer las Escrituras y esforzarnos por tener el Espíritu con nosotros. También debemos establecer metas buenas y empeñarnos en alcanzarlas. Pero para alcanzarlas, no podemos hacerlo solos, tenemos que contar con el Señor. De Él recibimos la fortaleza y el Espíritu para vencer las dificultades que se nos presentan. Entonces podremos cumplir con el ruego del presidente Thomas S. Monson:

“No permitan que sus pasiones destruyan sus sueños. Rechacen las tentaciones.

“Recuerden las palabras del Libro de Mormón: ‘…la maldad nunca fue felicidad’”4.

La norma y la clave

Presidente Boyd K. Packer

“La norma se mantiene: abstinencia antes de casarse y fidelidad total en el matrimonio. No obstante cuán diferentes parezcamos para el mundo, no obstante lo ridiculizadas que sean nuestras normas, no obstante cuánto sucumban a la tentación otras personas, nosotros no vamos a ceder, no podemos ceder …

“A ustedes se les confirió el don del Espíritu Santo. Cuando tengan que tomar decisiones, recibirán impresiones de aprobación o de advertencia. Si se han extraviado y han perdido su sendero, el Espíritu Santo los puede guiar alejándolos del mal y trayéndolos de regreso al Señor. No olviden nunca que son hijos e hijas de Dios. Satanás no puede encarcelarlos permanentemente, porque ustedes siempre tienen la llave del arrepentimiento para abrir la puerta de la prisión”.

Presidente Boyd K. Packer, Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles, “El estandarte de la verdad se ha izado”, Liahona, noviembre de 2003, pág. 26.

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    Notas

  1.   1.

    “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, Liahona, noviembre de 2010, pág. 129.

  2.   2.

    Véase de Jeffrey R. Holland, “Of Souls, Symbols, and Sacraments” (“Sobre almas, símbolos y sacramentos”), en Brigham Young University 1987–1988 Devotional and Fireside Speeches, 1988, págs. 77–79.

  3.   3.

    “En el momento [del pecado], el amor puro sale por una puerta mientras la lujuria entra con disimulo por la otra. El afecto se ha remplazado con deseo de la carne y pasión descontrolada; se ha aceptado la doctrina que el diablo procura con tanto afán establecer: que las relaciones sexuales ilícitas se justifican” (Teachings of Spencer W. Kimball, ed. por Edward L. Kimball, 1982, pág. 279; véase también “La ley de castidad”, Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Spencer W. Kimball, pág. 199).

  4.   4.

    Presidente Thomas S. Monson, “Sean un ejemplo”, Liahona, mayo de 2005, pág. 113.