Cómo vestirse para un baile


Me sentí tentada a dejarme llevar por la corriente, pero luego me di cuenta de que en vez de ello debía ser un ejemplo.

Cuando era adolescente, a veces era difícil vivir el Evangelio. En la región donde vivía no había muchos miembros de la Iglesia y mis amigos que no eran miembros a veces hacían difícil el que yo me mantuviera por buen camino.

“Deberías ponerte esto; haría resaltar el color de tus ojos”, me dijo una amiga antes de un baile. Sostuvo en alto un vestido que me iba a prestar, pero no tenía mangas. Decidí usar el vestido con una chaqueta encima.

Cuando llegué al baile, nadie más llevaba vestidos con mangas y sentí que llamaba mucho la atención. Cuando empezó a hacer calor, mis amigas me dijeron que me quitara la chaqueta y que, de todas maneras, me vería mejor.

En el momento en que estaba a punto de quitarme la chaqueta, recordé mi bendición patriarcal. En ella se me decía que tendría muchas tentaciones y que si caía, muchas personas me seguirían. Fue cuando me di cuenta de que debía permanecer en el buen camino, no sólo por mí, sino por otras personas que se fijaban en mí. Decidí dejarme puesta la chaqueta.

A veces se burlaban de mí por no hacer lo que hacían todos los demás, pero permanecí firme y fui bendecida por ello. Más tarde me enteré de que muchas personas me habían admirado, incluso algunos de mis amigos me dijeron que me respetaban por vivir mis normas. Me pidieron disculpas por haberme hecho la vida tan difícil debido a que no hacía lo que todos los demás hacían en la escuela.

Gracias a que seguí las normas de la Iglesia y traté de ser un ejemplo, pude tener experiencias misionales y enseñar el Evangelio a otras personas. No habría podido influir en los demás si no hubiera permanecido en el buen camino.

Normas de vestir

“Nunca rebajes tus normas de vestir; no utilices una ocasión especial como excusa para ser inmodesto(a). Las jovencitas deben evitar… las… prendas que no cubran los hombros”.

Para la Fortaleza de la Juventud, folleto 2011, págs. 6, 7.