Hasta la próxima

Siguen ocurriendo cosas buenas


Siendo una persona que lamenta que el presente se convierta tan rápidamente en pasado, estaba agradecida por el recordatorio de simplemente disfrutar el momento y mirar hacia el futuro.

Siguen ocurriendo cosas buenas

Era un viernes por la noche igual que cualquier otro. Mis amigas más cercanas y yo estábamos sentadas en mi apartamento después de haber visto una película, a ratos charlando en voz baja y luego riéndonos a carcajadas. Había en el ambiente un aire de sincera alegría y no podía dejar de sonreír a medida que las historias y ocurrencias rondaban la habitación. A algunas personas las conocía de hacía sólo un mes, mientras que a otras las había conocido durante todos mis 25 años.

En cierto momento, una de esas amigas de mucho tiempo y yo comenzamos a compartir recuerdos de algunos de nuestros amigos de la universidad de pocos años antes. Mientras hablábamos pensé cuánto extrañaba a esos amigos, cuánto nos habíamos divertido y lo unidos que habíamos sido. Ahora, después de graduarnos, todos nos habíamos mudado a distintas partes del mundo y nos encontrábamos en situaciones que nunca hubiéramos previsto. Suspiré sintiendo un gran vacío por un instante; después miré las caras risueñas a mi alrededor y de repente me vino el pensamiento: siguen ocurriendo cosas buenas.

Ese simple pensamiento fue, en realidad, muy profundo para mí, en especial porque siempre me ha sido difícil enfrentar los cambios y me cuesta aceptar que las cosas buenas lleguen a su fin. Extraño el pasado aun cuando todavía es el presente, desesperada por disfrutar cabalmente los momentos que vivo con intención y determinación. Reconozco cuando ocurre algo bueno y quiero aferrarme a ello y que nunca termine. Ese viernes por la noche, despreocupado y feliz, era uno de esos buenos momentos. Por lo general, cuando me doy cuenta de lo bien que van las cosas, instantáneamente comienzo a pensar cómo todo es efímero y que al final quedará perdido en el tiempo o las circunstancias.

Pero esa noche no tuve el sentimiento profundo de tristeza. Sentada en silencio, rodeada de personas a quienes quería, supe que aun cuando algunas cosas buenas naturalmente deban llegar a su fin, y que sin duda habría muchas cosas difíciles en el futuro, seguirían ocurriendo cosas buenas; y siempre sería así, en tanto que yo lo permitiese. Incluso cuando las personas a quienes quiero se han ido, el vacío se ha llenado con personas y experiencias nuevas y asombrosas que nunca hubiese imaginado.

A veces es difícil seguir adelante, pero debemos hacerlo. El seguir adelante no significa olvidar amistades ni hacer que los recuerdos desaparezcan; significa abrir nuestro corazón a mayor felicidad y a más experiencias.

Unas semanas después de ese viernes se relevó a la presidencia de jóvenes adultos de mi rama. Como cualquier persona que pertenezca a una rama pequeña puede atestiguar, era difícil pensar lo que pasaría sin que la rama pudiese depender de esos hombres y de sus esposas a quienes habíamos llegado a amar y en quienes confiábamos; pero cerré los ojos y me repetí a mí misma las palabras que habían venido a mi mente ese viernes: siguen ocurriendo cosas buenas. Recibí consuelo y estaba lista para el cambio.

El cambio es la manera del Señor. Él quiere que seamos felices y que progresemos; que estemos animados para seguir adelante con nuestra vida. La vida es una travesía, y aun cuando disfrutemos del presente y nos preparemos para los desafíos inevitables, debemos seguir adelante con optimismo y con el corazón abierto a las experiencias y a las cosas buenas que sin duda están por venir.