El libro de Alma: Lecciones para la actualidad


Paul B. Pieper
Los nefitas sobrellevaron fielmente las pruebas de su época y son un testimonio de que el Señor proporcionará las bendiciones y la protección que necesitemos para afrontar con éxito los desafíos de nuestros días.

Al finalizar su reinado, el rey Mosíah propuso que la monarquía se reemplazara con un sistema de jueces escogidos por el pueblo. El sistema propuesto se habría de basar en las leyes de Dios, las cuales serían administradas por los jueces que el pueblo habría de seleccionar.

El principio del albedrío era la base del sistema propuesto: las personas, en lugar de un rey, aceptarían el compromiso y la responsabilidad de actuar de acuerdo con la ley. Ya que “no es cosa común que la voz del pueblo desee algo que sea contrario a lo que es justo” (Mosíah 29:26), ese sistema proporcionaría mayor protección a los derechos de las personas individualmente y a la rectitud general de la sociedad.

En respuesta a la propuesta de Mosíah, la gente “se [sintió ansiosa] en extremo de que todo hombre tuviese igual oportunidad por toda la tierra; sí, y todo hombre expresó el deseo de estar dispuesto a responder por sus propios pecados” (Mosíah 29:38).

El libro de Alma contiene la historia del pueblo durante el período de cuarenta años después de que la gente adoptó ese sistema. Los últimos capítulos del registro de Alma, del capítulo 43 al 62, relatan un período de intensos desafíos y pruebas. Durante ese corto período de 19 años, la gente afrontó retos políticos internos, amenazas externas y un conflicto armado casi constante.

En dos ocasiones el sistema de gobierno se vio amenazado internamente por hombres que querían establecerse a sí mismos como reyes y privar a la gente del derecho de elegir a sus líderes y de adorar libremente. Simultáneamente, el pueblo tuvo que defenderse de muchos ataques externos por parte de los lamanitas, quienes estaban resueltos a destruir el gobierno nefita y someter a los nefitas al cautiverio.

Las dificultades económicas ocasionadas por esa serie de desafíos, aunque no se mencionan en forma específica, seguramente fueron un reto importante para la gente. Al compilar el registro sagrado, Mormón se sintió inspirado a dar un informe detallado de ese período. De hecho, ¡si hubiese dado detalles similares para el resto de los 1.000 años de historia de los nefitas, el Libro de Mormón contendría más de 2.500 páginas!

El presidente Ezra Taft Benson (1899–1994) enseñó:

“El Libro de Mormón… fue escrito para nuestros días. Los nefitas nunca tuvieron el libro, ni tampoco los lamanitas de la antigüedad. Fue escrito para nosotros… Bajo la inspiración de Dios, quien ve todas las cosas desde el principio, [Mormón] recopiló siglos de registros, escogiendo las historias, discursos y acontecimientos que más nos serían de provecho…

“Constantemente deberíamos preguntarnos: ‘¿Por qué inspiró el Señor a Mormón (o a Moroni o a Alma) para que incluyera eso en su registro? ¿Qué lección puedo aprender de ello que me ayude a vivir en esta época?’”1.

Hoy en día, los Santos de los Últimos Días de todo el mundo afrontan muchos de los mismos retos que los nefitas afrontaron durante ese período de la historia, incluso los esfuerzos por privar a los miembros del derecho de adorar y de expresar su opinión sobre temas de trascendencia para las comunidades en las que vivimos. Algunos Santos de los Últimos Días han sentido la amenaza de ataques externos y conflictos con fuerzas que están dedicadas a la destrucción de sus naciones y sus libertades.

Afortunadamente, los nefitas pudieron superar sus dificultades mediante un esfuerzo y sacrificio supremos y la ayuda del Señor. Algunas lecciones sobre cómo afrontaron con éxito sus desafíos pueden ser de guía y de ánimo para nosotros al afrontar nuestros desafíos en la actualidad.

1. Mantener deseos y motivos apropiados.

A través de todas sus dificultades, los nefitas rectos adquirieron fortaleza del hecho que actuaban por motivos correctos. Su único fin era “defenderse a sí mismos, y a sus familias, y sus tierras, su país, sus derechos y su religión” (Alma 43:47). Su deseo era preservar su albedrío: el derecho de actuar en rectitud y de ser responsables por su propia conducta en vez de tener un rey que determinara cómo debían comportarse. Su afán era mantener la igualdad bajo la ley, específicamente su libertad de adorar a Dios y de conservar su iglesia (véase Alma 43:9, 45).

En la sociedad hay y siempre habrá fuerzas que procuran manipular la opinión pública a fin de obtener poder para beneficio personal. Existe la tentación de adoptar sus intenciones y convertir el conflicto en una lucha por el poder. La manera del Señor es actuar siempre basándose únicamente en deseos y motivos puros, como hicieron los nefitas. El hacerlo les permitió recurrir a los poderes del cielo para superar sus desafíos “con la fuerza del Señor” (Alma 46:20; véase también Alma 60:16; 61:18).

En forma similar, al responder a los desafíos que afrontamos hoy en día, debemos analizar constantemente nuestro corazón para asegurarnos de que nuestros deseos y nuestras intenciones sean puros y se basen en los principios del evangelio de Jesucristo. Si actuamos (o manipulamos a otras personas para que actúen) por egoísmo, para beneficio personal o para degradar a los demás, no tendremos la ayuda celestial necesaria para soportar nuestras dificultades.

2. Ser amables y generosos con los menos afortunados.

Cuando sus antiguos enemigos, el pueblo de Anti-Nefi-Lehi, se vio amenazado por la destrucción, los nefitas decidieron, por votación, darles un lugar donde vivir y establecer una nueva vida, y los protegieron (véase Alma 27:21–22; 43:11–12). Debido a que los anti-nefi-lehitas habían hecho un juramento de nunca volver a tomar sus armas de guerra, en su lugar proporcionaron “gran parte de sus bienes para sostener” (Alma 43:13) a los ejércitos de los nefitas durante esos tiempos críticos. No obstante, no existen registros de que los nefitas hayan tratado a estos inmigrantes de otro modo que no fuese con respeto y amor, aun cuando deben haber sido un blanco político fácil para quienes deseaban provocar la disensión.

La amabilidad con la que los nefitas trataron al pueblo de Amón, como se los llamó, fue correspondida y, con el tiempo, contribuyó a la formación de una de las brigadas militares más inspiradoras en los anales de la historia: los 2.000 jóvenes guerreros. Irónicamente, el servicio que prestaron esos jóvenes tal vez haya sido la clave para que se preservara a la sociedad nefita y no sufriera una destrucción prematura.

En épocas de desacuerdos internos, ataques externos y desafíos económicos, existe la tendencia de tener una actitud negativa hacia aquellos que no son “como nosotros”. Resulta fácil criticarlos y juzgarlos. Podemos llegar a cuestionar su lealtad hacia la sociedad y su valía para ella, así como el impacto que tienen en nuestro bienestar económico. Esas reacciones negativas son incompatibles con el mandato del Salvador de amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos y crean polarización, contención y aislamiento. Si al pueblo de Amón no se lo hubiese aceptado en la sociedad nefita, esto probablemente hubiese despertado resentimiento en la nueva generación, en lugar de gratitud. En vez de producir 2.000 fieles guerreros, la nueva generación podría haberse distanciado y vuelto a unirse con los lamanitas.

La disposición a ser amables y generosos con los necesitados fue un factor importante en la preservación de la nación nefita y dio a los nefitas el derecho de recibir las bendiciones del cielo en su momento de grandes dificultades. El pueblo de Dios necesita esas bendiciones en la actualidad.

3. Escuchar a los líderes inspirados y seguirlos.

El Señor sabía los retos que enfrentarían los nefitas y estableció líderes inspirados para ayudarlos a afrontar esos desafíos. El capitán Moroni era un guerrero, pero recibió la inspiración de preparar petos, broqueles, escudos y ropa gruesa para proteger a su pueblo (véase Alma 43:19). Como resultado, a los nefitas les fue mucho mejor en la batalla que a los lamanitas (véase Alma 43:37–38). Tiempo después, Moroni mandó que la gente levantara montones de tierra alrededor de las ciudades y que pusieran sobre ellos vigas de madera y construyeran estacadas (véase Alma 50:1–3). Esos preparativos inspirados sirvieron para preservar a los nefitas de la destrucción.

Mientras Moroni se preparaba para la guerra, Helamán y sus hermanos predicaban la palabra de Dios e instaban a la gente a vivir con rectitud a fin de que el Espíritu del Señor los guiara y los preservara. Al escuchar las instrucciones temporales y espirituales de líderes inspirados, los nefitas fueron preservados. Sólo cuando surgieron disensiones internas y la gente se negó a prestar atención a las advertencias inspiradas, comenzaron los contratiempos y el sufrimiento.

Tenemos la bendición de vivir en una época en la que el Señor ha llamado a profetas, videntes y reveladores vivientes para advertirnos y guiarnos a fin de prepararnos para los desafíos de la actualidad. En 1998, el presidente Gordon B. Hinckley (1910–2008) dio instrucciones y advertencias inspiradas a los miembros de la Iglesia:

“…ha llegado el momento de poner nuestra casa en orden.

“Muchos de nuestros miembros viven al borde de sus ingresos; de hecho, algunos viven con dinero prestado…

“La economía es algo frágil… Hay un presagio de tiempo tormentoso al cual debemos hacer caso”2.

Hace poco hablé con un hombre que escuchó las palabras del presidente Hinckley y los susurros del Espíritu. Él y su esposa decidieron liquidar sus inversiones, saldar la hipoteca de su casa y pagar todas sus deudas.

Hoy en día, ese hombre es autosuficiente. El desastre económico que vino después tuvo muy poco impacto en su familia; es más, el que fuera autosuficiente les permitió a él y a su esposa servir en una misión.

El presidente Thomas S. Monson ha sido preparado para nuestra época. Su vida y sus enseñanzas son el mensaje que Dios ha enviado para protegernos y bendecirnos hoy en día. En una época en la que muchos se preocupan por lo que no tienen, el presidente Monson nos enseña a estar agradecidos por las muchas bendiciones que el Señor nos ha dado. Y en una época en la que muchos se centran en sus propios problemas, el presidente Monson nos exhorta a que tendamos una mano y rescatemos a otras personas, olvidándonos de nosotros mismos para bendecir a los demás. El prestar atención a las instrucciones del presidente Monson proporcionará a nuestra familia la protección espiritual y las bendiciones que necesitemos en nuestros días.

Estoy agradecido por vivir en una época en la que el Evangelio ha sido restaurado. Estoy agradecido porque el Señor preparó el Libro de Mormón para nuestros días. Los nefitas sobrellevaron fielmente las pruebas de su época y son un testimonio de que el Señor proporcionará las bendiciones y la protección que necesitemos para afrontar con éxito los desafíos de nuestros días.

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    Notas

  1.   1.

    Véase Ezra Taft Benson, “El Libro de Mormón: La [piedra] clave de nuestra religión”, Liahona, enero de 1987, pág. 4.

  2.   2.

    Véase Gordon B. Hinckley, “A los jóvenes y a los hombres”, Liahona, enero de 1999, pág. 65.