Bienvenidos a la conferencia


Thomas S. Monson
Ruego que escuchemos con atención los mensajes… que sintamos el Espíritu del Señor y adquiramos el conocimiento que Él desea que logremos.

Por lo que puedo ver, todos los asientos están llenos, con la excepción de algunos allí atrás. Hay lugar para mejorar. Ésta es una cortesía hacia aquellos que tal vez estén llegando un poco tarde debido al tránsito, a fin de que sepan dónde encontrar asiento cuando lleguen.

Éste es un gran día, un día de conferencia. Hemos escuchado a un hermoso coro cantar música magnífica. Cada vez que escucho al coro, el órgano o el piano, pienso en mi madre que dijo: “Me encanta todo el respeto que has logrado, todos los diplomas que has obtenido y todo el trabajo que has hecho; lo único que lamento es que no hayas seguido con el piano”. Gracias madre; ojalá lo hubiese hecho.

Qué bueno es, mis hermanos y hermanas, darles la bienvenida a esta Conferencia General Semestral número 182 de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.

Desde que nos reunimos hace seis meses se han dedicado tres templos nuevos y se ha rededicado uno. En mayo, tuve el privilegio de dedicar el bello Templo de Kansas City, Misuri, y de asistir a la celebración cultural relacionada con dicha dedicación. Mencionaré esa celebración en más detalle en mis palabras de mañana por la mañana.

En junio, el presidente Dieter F. Uchtdorf dedicó el templo por tanto tiempo esperado de Manaos, Brasil; y a principios de septiembre, el presidente Henry B. Eyring rededicó el templo recientemente renovado de Buenos Aires, Argentina, templo que tuve el privilegio de dedicar hace casi 27 años. Hace apenas dos semanas, el presidente Boyd K. Packer dedicó el hermoso Templo de Brigham City en la localidad donde él nació y se crió.

Como he indicado previamente, ningún edificio construido por la Iglesia es más importante que un templo, y nos complace tener 139 templos en funcionamiento en todo el mundo, con 27 más que se han anunciado o que están en construcción. Estamos agradecidos por esos edificios sagrados y las bendiciones que traen a nuestra vida.

Esta mañana me complace anunciar dos templos más que, en los próximos meses y años, se construirán en las siguientes localidades: Tucson, Arizona, y Arequipa, Perú. Los detalles en cuanto a estos templos se darán en el futuro cuando se obtengan los permisos y aprobaciones necesarios.

Hermanos y hermanas, ahora pasaré a otro asunto: el servicio misional.

Desde hace un tiempo, la Primera Presidencia y el Quórum de los Doce Apóstoles han permitido que jóvenes de ciertos países sirvan a los 18 años cuando son dignos, aptos, se han graduado de la escuela secundaria y tienen el deseo de servir. Ésta ha sido una norma específica para cada país y ha permitido a miles de jóvenes servir en misiones honorables y también cumplir con las obligaciones militares requeridas y las oportunidades de estudio.

Nuestra experiencia con estos misioneros de 18 años ha sido positiva. Sus presidentes de misión nos dicen que son obedientes, fieles, maduros y prestan servicio tan bien como los misioneros que son mayores que ellos y sirven en las mismas misiones. Su fidelidad, obediencia y madurez ha ocasionado que deseemos esa misma opción de servicio misional anticipado para todos los jóvenes, independientemente del país de origen.

Me complace anunciar que, entrando en vigor de inmediato, todos los jóvenes dignos y capaces que se hayan graduado de la escuela secundaria o su equivalente, independientemente de dónde vivan, tendrán la opción de ser recomendados para la obra misional a los 18 años en lugar de a los 19. No estoy sugiriendo que todos los jóvenes servirán, o deban hacerlo, a esa edad más temprana. Más bien, basado en las circunstancias individuales, así como en la determinación de los líderes del sacerdocio, ahora tienen esa opción.

Al meditar en oración la edad a la cual los jóvenes podrían comenzar su servicio misional, también hemos considerado la edad a la que las mujeres jóvenes podrían servir. Hoy me complace anunciar que las jóvenes dignas y capaces que tengan el deseo de servir, pueden ser recomendadas para el servicio misional a partir de los 19 años en lugar de los 21.

Afirmamos que la obra misional es un deber del sacerdocio, y alentamos a todos los hombres jóvenes que sean dignos y que son física y mentalmente competentes, a que respondan al llamado de servir. Muchas jovencitas también prestan servicio, pero no están bajo el mismo mandato de servir que los hombres. Sin embargo, les aseguramos a las hermanas jóvenes de la Iglesia que pueden hacer una valiosa contribución como misioneras y aceptamos con brazos abiertos su servicio.

Seguimos necesitando muchos más matrimonios misioneros. Según lo permitan sus circunstancias, al acercarse el período de su jubilación, y según lo permita su salud, los animo a ofrecerse para prestar servicio misional de tiempo completo. Tanto el esposo como la esposa sentirán mayor gozo al servir juntos a los hijos de nuestro Padre.

Ahora, mis hermanos y hermanas, ruego que escuchemos con atención los mensajes que se presentarán durante los próximos dos días, que sintamos el Espíritu del Señor y adquiramos el conocimiento que Él desea que logremos. Que ésa sea nuestra experiencia, lo ruego, en el nombre de Jesucristo. Amén.