Centrarse en una familia eterna


El que se haya construido un templo en El Salvador llegó a ser una gran bendición para dos hermanos que ayudaron a sus padres a volver a la Iglesia.

Kevin y Jacqueline S., dos hermanos de El Salvador, son muy buenos amigos entre sí y se apoyan mutuamente. Tienen un gran amor por el Evangelio y por su familia, y su deseo es que su familia esté unida para siempre.

Cuando Kevin y Jacqueline eran más pequeños, las personas en la Iglesia le preguntaban a su papá: “¿Cuándo van a sellarse en el templo?”; y él respondía: “Cuando haya un templo en El Salvador”.

Oraban por sus padres

Sin embargo, cuando en el año 2007 se anunció el Templo de San Salvador, El Salvador, los padres de Kevin y Jacqueline ya no asistían a la Iglesia. No obstante, Kevin, que ahora tiene dieciocho años, y Jacqueline, que tiene quince, siguieron yendo a la Iglesia, y oraban para que algún día sus padres regresaran a ella.

“Nunca dejé de orar y de pedir al Padre Celestial que se volvieran a activar”, dice Jacqueline. “Sé que el Padre Celestial quiere lo mejor para nosotros y Él quiere que seamos una familia eterna”.

También trataron de ser un buen ejemplo para sus padres. “Nunca perdí la esperanza”, dice Kevin. “Siempre leía las Escrituras y oraba, y mis padres me veían estudiar, salir para hacer la orientación familiar y para ir a las actividades de la Iglesia. A medida que me esforzaba por cumplir con los mandamientos y mejorar, mis padres veían mi ejemplo”.

Sentir el espíritu del templo

Las oraciones de Kevin y de Jacqueline a favor de sus padres comenzaron a recibir respuesta al acercarse la terminación del templo. “Cuando los líderes anunciaron la dedicación y la celebración cultural, invitamos a nuestros padres”, cuenta Kevin. “Les hablamos del privilegio que, como jóvenes, íbamos a tener de participar y eso los motivó mucho y los ayudó a progresar espiritualmente”.

Además de asistir a la celebración cultural, la familia pudo ir al programa de puertas abiertas del templo.

“A pesar de que mis padres no asistían a la Iglesia, seguían considerado que la Iglesia y el Evangelio eran algo sagrado”, afirma Kevin. “Cuando entramos al templo, mi padre comenzó a explicarles a mis hermanas que cuando vamos al templo, usamos ropa blanca y que es allí donde efectuamos ordenanzas sagradas”.

Kevin quedó sorprendido de que su hermanita de dos años, que por lo general es muy inquieta, permaneciera callada mientras estaban adentro del templo, y notó que su madre tenía lágrimas en los ojos al observar los diferentes cuartos y las pinturas. Cuando la familia entró en la sala de sellamiento, un guía voluntario les explicó que allí es donde las familias se sellan para estar juntas para siempre.

“Nuestra hermanita comenzó a tocar a cada uno de nosotros y a decir: ‘Mi mamá, mi papá, mi Kevin, mi Jacqueline’”, cuenta Jacqueline. “Fue como si nuestro Padre Celestial hubiese hablado por medio de ella para decirnos que todos somos de ella”.

“Entonces nos abrazó y comenzó a besarnos y a señalar los espejos”, comentó Kevin. “Nos miramos todos juntos al espejo y fue algo impresionante. Cuando salimos de la sala de sellamiento ese día, nos pusimos la meta de volver allí”.

Recobrar la perspectiva

Después de ir al programa de puertas abiertas del templo, la familia comenzó a hacer algunos cambios. Kevin dice: “Desde que fuimos al templo, nuestra familia ha recobrado la perspectiva. Desde entonces, hemos estado haciendo la noche de hogar y nuestros padres nos llevan a la Iglesia y se sientan con nosotros en la primera fila de la capilla”.

En agosto de 2011, Kevin y Jacqueline consideraron que fue una bendición el poder sentarse con sus padres en el centro de estaca para mirar la transmisión de la dedicación del templo.

“Cuando se anunció el templo en 2007, mis padres estaban menos activos y yo pensé que nunca tendría la oportunidad de estar con ellos en la dedicación”, dice Kevin. “Cuando estaban sentados junto a mí, puede sentir que el Padre Celestial había contestado mis oraciones. Estar allí con mi familia fue una de las bendiciones más grandes que he tenido en la vida”.

Jacqueline comenta: “Esta experiencia del templo me ha fortalecido, y lo que me ha fortalecido más es ver que el templo cambia vidas, ya que ayudó a mis padres a volver a activarse en el Iglesia. Ahora nos hemos puesto la meta de sellarnos en el templo. Yo sé que el Padre Celestial quiere lo mejor para nosotros”.

Más en línea

Vea un video sobre Kevin y Jacqueline y la dedicación del Templo de San Salvador, El Salvador en lds.org/go/familia12.

La meta más importante

Presidente Thomas S. Monson

“Si todavía no han ido al templo, o si sí han ido pero actualmente no son dignos de tener una recomendación, no existe meta más importante para ustedes que la de esforzarse por ser dignos de ir al templo… Las bendiciones supremas y de fundamental importancia del ser miembros de la Iglesia son las bendiciones que recibimos en los templos de Dios”.

Presidente Thomas S. Monson, “El Santo Templo: Un faro para el mundo”, Liahona, mayo de 2011, pág. 92.

Cuando hay amor en el hogar

Kevin y Jacqueline son muy unidos como hermanos y han aprendido que el vínculo afectivo entre hermanos puede ser una parte muy gratificante de la vida. Ésta es la forma en que se apoyan el uno al otro:

Jacqueline dice: “Mi hermano siempre me ayuda en mis tareas en casa y en la escuela. Siempre tengo su apoyo y sé sin lugar a dudas que me quiere y que me apoyará en todo momento. Cuando estoy triste o deprimida, siempre está a mi lado para alentarme”.

Kevin dice: “Cuando estoy desanimado, mi hermana me apoya y me da ánimo. Dice cosas positivas de mí y eso me hace sentir mucho mejor. He aprendido mucho de su ejemplo. En las ocasiones en que empiezo a perder la fe, ella me dice que no dude y que las cosas resultarán mejor de lo que yo esperaba”.

Estos dos jóvenes dicen que disfrutan de su relación y del hecho de que no pelean como muchos otros hermanos. “Podría decirse que somos raros, pero agradezco a mi Padre Celestial esta relación con mi hermana”, señala Kevin.