Cómo brindar dádivas a Cristo

Tomado del mensaje del Devocional de Navidad de la Primera Presidencia de 2010, “La dádiva de un Salvador”.


Henry B. Eyring

El espíritu de la Navidad pone en nuestro corazón el deseo de ocasionar gozo a otras personas. Celebrar la Navidad nos ayuda a guardar nuestra promesa de recordar siempre al Señor y los dones que Él nos da; y ese recuerdo crea en nosotros el deseo de brindarle dádivas a Él.

Él nos ha dicho lo que podemos darle para que Él sienta gozo. Primero, podemos, a raíz de la fe en Él, ofrecerle un corazón quebrantado y un espíritu contrito. Podemos arrepentirnos y hacer convenios sagrados con Él.

Segundo, podrían darle la dádiva de hacer por los demás lo que Él haría por ellos. El libro de Mateo contiene una larga lista de posibilidades. Allí leemos las palabras de nuestro Redentor, las cuales todos esperamos escuchar y pronunciar cuando lo veamos después de esta vida:

“Entonces los justos le responderán, diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento y te sustentamos?, ¿o sediento y te dimos de beber?

“¿Y cuándo te vimos forastero y te recogimos?, ¿o desnudo y te cubrimos?

“¿O cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?

“Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de éstos, mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis” (Mateo 25:37–40).

En esas palabras el Señor nos dice con claridad qué dádivas le podemos ofrecer a raíz de nuestra gratitud. Cada acto de bondad hacia cualquier persona llega a ser un acto de bondad hacia Él, porque Él ama a todos los hijos de nuestro Padre Celestial. Y dado que eso le produce gozo a Él, también brinda gozo a Su Padre, a quien le debemos una gratitud infinita.

father and son in kitchen

Ilustración fotográfica por Christina Smith.

Muchos de ustedes encontrarán maneras de dar alimento a personas que padezcan hambre en esta época navideña. Al hacerlo, brindarán gozo al Señor. No obstante, Él nos enseñó que hay una manera de ofrecer una dádiva aún más invalorable y duradera. Él dijo: “Yo soy el pan de vida; el que a mí viene nunca tendrá hambre; y el que en mí cree no tendrá sed jamás” (Juan 6:35). De todas las bondades que realizamos por Él, la mayor de todas es indicar el camino que conduce a Él, la única fuente de vida eterna, a aquéllos a quienes amamos y servimos.

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Para compartir las experiencias que tengas al aplicar estos principios y leer sobre las experiencias de otros jóvenes, visita lds.org/go/regalo12.

Cómo han puesto esto en práctica los jóvenes

“Invito a algún amigo a la Iglesia, a alguna actividad de la Mutual o incluso a cenar. Un poco de amabilidad puede contribuir considerablemente a ayudar a que alguien se sienta amado”.

Armand F.

“Trato de escribir a los misioneros de mi barrio”.

Jenny R.

“A veces sólo se trata de ofrecer amistad a quien necesita ayuda”.

Ryan B.