Los profetas durante la Navidad


La vida de nuestros dieciséis profetas de los últimos días ejemplifica el espíritu de la Navidad, recordándonos ese incomparable acontecimiento que se llevó a cabo en el establo de Belén hace más de veinte siglos: el nacimiento de nuestro Salvador Jesucristo. Nunca estaremos en error si seguimos el ejemplo de ellos, especialmente durante la Navidad.

Obsequios de amor

Uno de los sellos distintivos de la vida de los profetas durante la Navidad ha sido el obsequiar regalos de amor y servicio a los desafortunados. En 1931, durante la Gran Depresión, el presidente Harold B. Lee presidía una estaca grande de Salt Lake City, Utah. El presidente Lee tomó la determinación de averiguar las necesidades de los miembros de su estaca y de hacer lo que estuviese a su alcance por aliviar sus carencias. Al realizar una encuesta, se enteró de que más de la mitad de los miembros de la estaca, casi 5.000 personas, dependían de alguien para que los ayudara; entre ellas casi 1.000 niños menores de diez años. Movilizó a los miembros a fin de que recolectaran juguetes y organizó talleres para reparar, pintar y limpiar juguetes viejos o hacer nuevos a fin de que ningún niño se quedara sin recibir algo para la Navidad. Decidió que cada una de las familias de la estaca tenía que disfrutar de una cena de Navidad, por lo que solicitó donativos de comida1. Más tarde, cuando era apóstol, se le pidió al élder Lee que organizara el programa de Bienestar de la Iglesia basado en principios similares de servicio, sacrificio y trabajo.

Cuando era niño, el presidente Thomas S. Monson estaba celebrando la Navidad y su amigo le hizo una pregunta que lo dejó asombrado: “¿Qué gusto tiene el pavo?”. Le respondió que tenía un sabor parecido al pollo, pero después se dio cuenta de que su pobre amigo tampoco lo había probado nunca; no sólo eso, sino que en casa de su amigo no había nada con qué preparar una cena navideña. “Traté de pensar en una solución”, dijo el presidente Monson. “Yo no tenía pavos, ni pollos, ni dinero. Entonces recordé que tenía dos conejos como mascotas. De inmediato tomé a mi amigo de la mano y rápidamente lo llevé a la jaula de los conejos, puse los dos conejos en una caja, se los di y le dije: ‘Aquí tienes estos dos conejos; son muy sabrosos, igual que el pollo’… Al cerrar la puerta de la jaula vacía de los conejos, se me empezaron a caer las lágrimas, pero no me sentía triste; una calidez, un sentimiento de indescriptible gozo inundó mi corazón. Fue una Navidad memorable”2.

Mantenerse unidos como familia

Una de las Navidades más gratas que recordaba el presidente Ezra Taft Benson ocurrió en 1923, cuando una Nochebuena regresó a casa, a la granja de la familia en Whitney, Idaho, EE. UU., después de servir en una misión de dos años y medio en Inglaterra. Esa alegre reunión con sus padres y sus diez hermanos y hermanas también estuvo llena de entusiasmo y emoción por la Navidad. Como algo especial, sus padres le permitieron quedarse a ayudar con los preparativos navideños después de que los otros hijos se habían ido a acostar. Al trabajar en compañía de sus padres, compartió calmadamente sus experiencias misionales. No pudo contener las lágrimas durante esa “noche especial” en el hogar de su niñez3.

La vida de los profetas nos alienta a acercarnos a nuestra familia durante la época navideña. El presidente Joseph F. Smith recordaba una Navidad, cuando era un padre joven, en que no tenía dinero, ni siquiera un centavo, para comprarles regalos a sus hijos. Poco antes de la Navidad, salió de su casa y caminó por la calle. Miró todas las cosas maravillosas de los escaparates de las tiendas, pero sabía que no podía comprar nada. Casi al punto de la desesperación, encontró un lugar apartado y “lloró como un niño” para aliviar su acongojado corazón. No obstante, secándose los ojos, se fue a casa y jugó con los niños todo el día, “agradecido y feliz simplemente por tenerlos”4. A pesar de no haber sido capaz de proporcionar una Navidad material para sus hijos, les había hecho el regalo más grande que cualquier padre podría dar: su amor y su tiempo.

El profeta José Smith pasó la Navidad de 1838 en la cárcel de Liberty, Misuri. A él y a varios compañeros los habían metido en un pequeño calabozo en el sótano, el cual estaba frío, sucio y lleno de humo debido a la fogata que se veían obligados a encender. El techo era tan bajo que no les permitía ponerse de pie. No obstante, en esa época navideña hubo un momento de felicidad. La esposa del Profeta, Emma, pudo visitar a José durante varios días poco antes de la Navidad y, lo que es más, había llevado a su hijo, Joseph Smith III. Al sentir el amor de su familia, José escribió desde ese calabozo palabras de ánimo a los santos: “Nos gloriamos en nuestra tribulación, porque sabemos que Dios está con nosotros”5.

En 1937, el presidente Joseph Fielding Smith se estaba adaptando a la vida sin su amada esposa Ethel, quien había fallecido poco antes. Ethel había pedido que Jessie Evans, una hermana soltera que tenía una voz hermosa, cantara en su funeral. Por medio de ese encuentro, Jessie Evans y Joseph Fielding Smith se conocieron más y su atracción mutua se transformó en amor. Ella aceptó la propuesta de matrimonio que él le hizo poco después de la Navidad. Al meditar sobre los obsequios que había recibido en la Navidad de 1937, el presidente Smith escribió: “He recibido a [Jessie] como regalo de Navidad, por lo cual estoy agradecido”6. Contrajeron matrimonio en abril del año siguiente.

Una de las tradiciones anuales de la familia del presidente David O. McKay era llevar a los nietos de paseo en un trineo arrastrado por un magnífico tiro de caballos que al trotar hacían ruido con cascabeles. El paseo era una de sus tradiciones preferidas, la cual el presidente McKay continuó hasta que tenía ochenta y tantos años. Para mantenerse abrigado, el presidente McKay usaba un abrigo pesado y largo de piel de mapache y unos guantes gruesos. Los nietos más pequeños se subían al trineo grande, pero los mayores “iban a toda velocidad en sus propios trineos” atados a la parte de atrás del más grande. Esas celebraciones navideñas, que recordarían por mucho tiempo, a veces concluían con el canto de villancicos alrededor del piano y con la canción “Cuando hay amor”7.

Un testimonio de Jesucristo

Tal vez lo más importante es que las experiencias de los profetas durante la Navidad nos enseñan a aumentar nuestro testimonio de Jesucristo al colocarlo a Él en el centro de nuestras celebraciones. En 1876, el Templo de Saint George, Utah, estaba a punto de terminarse. La ceremonia de dedicación del sótano, la sala principal y el cuarto de sellamiento se había programado para el 1º de enero de 18778. Ya que la Navidad caía sólo siete días antes de la dedicación, muchas personas de Saint George trabajaron incansablemente para asegurar que el templo se terminara a tiempo.

El presidente Wilford Woodruff, que sirvió como el primer presidente del templo, anotó en su diario que durante la Navidad los hombres estaban ocupados trabajando con sierras circulares, y que cuarenta mujeres pasaron el día entero en el templo cosiendo alfombras. Colocaron las alfombras y colgaron las cortinas9.

A pesar de que casi no terminaron a tiempo, su dádiva durante esa época de Navidad valió la pena. Ese trabajo fue su celebración navideña. Con 2.000 personas presentes, el 1º de enero el presidente Woodruff pronunció la Oración Dedicatoria para algunas partes del templo, más de treinta años después de que se obligara a los santos a abandonar el Templo de Nauvoo.

Durante la Segunda Guerra Mundial, muchas ciudades de Estados Unidos impusieron apagones nocturnos a fin de conservar electricidad. En Salt Lake City, los reflectores del Templo de Salt Lake se apagaron. Por años, el templo permaneció a oscuras en una ciudad en tinieblas. Cuando en Europa se declaró el cese de fuego, el presidente Heber J. Grant dio órdenes de que se volvieran a encender los reflectores del templo.

Para la Navidad de 1945, el presidente George Albert Smith ideó una tarjeta de Navidad inspiradora y emotiva. En el frente aparecía una fotografía de las tres agujas ubicadas en el lado Este del Templo de Salt Lake, hermosamente iluminadas contra un fondo azul oscuro en el que resaltaba la figura del ángel Moroni. En la parte inferior aparecían las palabras “Navidad de 1945” y el mensaje “Las luces están encendidas de nuevo”10. Nada podría haber reflejado mejor el gozo que sintieron todos después de tantos años largos de muerte y destrucción.

Sin embargo, esa bella tarjeta de Navidad era también la manera que tenía el presidente Smith de dar su testimonio de Jesucristo y de la restauración del Evangelio. Del mismo modo que el fin de la guerra llevó paz y luz a lugares en tinieblas, la restauración del Evangelio, tras siglos de apostasía, encendió las luces brillantes de la verdad “otra vez” para todos los pueblos del mundo.

El ejemplo de nuestros profetas de los últimos días de amor, servicio, fe y sacrificio testifica que el verdadero gozo durante la época navideña se obtiene al vivir como Cristo vivió. Como dijo el presidente Howard W. Hunter: “La verdadera Navidad le llega a aquel que ha dado entrada a Cristo en su vida como una fuerza motivadora, dinámica y vigorosa. El verdadero espíritu de la Navidad radica en la vida y la misión del Maestro”11.

Show References

    Notas

  1.   1.

    Véase Larry C. Porter, “Remembering Christmas Past”, BYU Studies, tomo XL, Nº 3, 2001, págs. 94–96.

  2.   2.

    Véase Thomas S. Monson, “Regalos y bendiciones de la Navidad”, Liahona, diciembre de 1995, págs. 4–5.

  3.   3.

    Véase Porter, “Remembering Christmas Past”, págs. 104–105.

  4.   4.

    Joseph F. Smith, “Christmas and New Year”, Improvement Era, enero de 1919, pág. 267.

  5.   5.

    Joseph Smith, en Porter, “Remembering Christmas Past”, pág. 53.

  6.   6.

    Joseph Fielding Smith, en Joseph Fielding Smith Jr. y John J. Stewart, The Life of Joseph Fielding Smith, 1972, pág. 255.

  7.   7.

    Véase David Lawrence McKay, My Father, David O. McKay, 1989, págs. 70–71.

  8.   8.

    La dedicación final del Templo de St. George, Utah, que se acababa de terminar, se llevó a cabo cuatro meses después, del 6 al 8 de abril de 1877.

  9.   9.

    Véase Wilford Woodruff’s Journal, ed. Scott G. Kenney, 9 tomos, 1983–1985, tomo VII, pág. 297.

  10.   10.

    Véase Albert L. Zobell Jr., “It Being Christmas”, Improvement Era, diciembre de 1949, págs. 826–827.

  11.   11.

    The Teachings of Howard W. Hunter, ed. Clyde J. Williams, 1997, pág. 269.