La tradición de luz y testimonio

De un discurso pronunciado en un devocional el 24 de enero de 2012 en la Universidad Brigham Young–Idaho. Para consultar el texto completo en inglés, visite web.byui.edu/devotionalsandspeeches.


L. Tom Perry
Asegúrense de estar creando un ambiente productivo en el que su familia espere con ansias los momentos especiales del año cuando las tradiciones los mantengan unidos como una gran unidad familiar eterna.

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es en verdad una iglesia mundial. No obstante, es importante reconocer que la Iglesia nunca hubiera llegado a ser lo que es hoy día sin el nacimiento de una gran nación: Estados Unidos de América. El Señor preparó una tierra nueva para atraer a los pueblos del mundo que buscaban independencia y libertad religiosa. Esta nueva tierra fue bendecida con líderes firmes que sentían el deber de establecer un gobierno que permitiera que las personas adoraran conforme a su propia conciencia.

Los fundadores de Estados Unidos creían que la fe religiosa era fundamental para el establecimiento de un gobierno fuerte. Sin embargo, muchas personas en el mundo han olvidado la importancia primordial que tienen las creencias religiosas en el establecimiento de las normas, leyes y reglas de gobierno. Muchos estadounidenses, por ejemplo, no comprenden que los fundadores creían que la función de la religión habría de ser tan importante en nuestros días como lo fue en los días de ellos. Los fundadores no consideraban que la religión y la moral fueran meros ejercicios intelectuales sino que, de manera contundente, declararon que eran un componente esencial del buen gobierno y de la felicidad de la humanidad.

El primer presidente de Estados Unidos, George Washington, estableció esa postura en su discurso de despedida, en el que dijo:

“De todas las aptitudes y hábitos que conducen a la prosperidad política, son la religión y la moral respaldos indispensables… Permitámonos con cautela suponer que la moral se pudiese mantener sin la religión…Tanto la razón como la experiencia nos impiden esperar que la moral nacional prevalezca si se excluyen los principios religiosos.

“Es básicamente cierto que la virtud o la moral es un fundamento necesario para un gobierno popular”1.

Estados Unidos es la tierra prometida predicha en el Libro de Mormón, un lugar donde la guía divina llevó a que hombres inspirados creasen las condiciones necesarias para la restauración del evangelio de Jesucristo. Fue el nacimiento de Estados Unidos de América lo que inició el final de la Gran Apostasía, época en que la tierra estaba ensombrecida debido a la ausencia de profetas y de luz revelada. No fue coincidencia que la hermosa mañana de la Primera Visión ocurriera tan sólo unas décadas después del establecimiento de Estados Unidos.

La Primera Visión precipitó un diluvio de verdad revelada: se restauró el conocimiento de la naturaleza de la Trinidad; una nueva Escritura traducida proporcionó un segundo testigo y testamento de Jesucristo; la restauración del sacerdocio volvió a dotar a la humanidad con el poder y la autoridad para actuar por Dios y en Su nombre al llevar a cabo ordenanzas del sacerdocio y al volver a establecer la Iglesia de Jesucristo sobre la tierra. Somos bendecidos por ser miembros de la Iglesia restaurada.

Un plan para la seguridad espiritual

Una de las bendiciones de la Iglesia restaurada son los profetas vivientes. El presidente Harold B. Lee (1899–1973) tenía una comprensión hermosamente clara de las prioridades. Él enseñó: “…gran parte de lo que hacemos al organizarnos [en la Iglesia]… es preparar el andamiaje al procurar edificar a la persona en forma individual, y no debemos confundir el andamiaje con el alma”2.

El presidente Lee no estaba restándole importancia al papel que la Iglesia desempeña en la salvación de los hombres, las mujeres y las familias; más bien, enseñó de manera convincente que el núcleo del evangelio de Jesucristo son las personas, las familias y los hogares, para los cuales la Iglesia funciona como apoyo3. Por tanto, la Iglesia es el andamiaje con el cual edificamos familias eternas.

Pertenezco a una rama del árbol familiar de una familia de apellido Wing. Los miembros de dicha familia aún son propietarios de la casa más antigua de Nueva Inglaterra que haya permanecido en la misma familia. Se la conoce como la Antigua Casa Fuerte. Fue la casa de Stephen Wing y su familia después de que llegaron a América aproximadamente en 1635.

El núcleo de la casa se construyó para que sirviera de protección. Las paredes tienen un grosor de medio metro, hechas de troncos de roble clavados en la tierra para formar la típica construcción de los fuertes de Nueva Inglaterra. Son dos paredes separadas, y el espacio entre ambas se llenó de arenisca para protección contra flechas y balas. El fuerte era el centro de la casa. A medida que la familia Wing creció, hicieron añadiduras en los costados del fuerte original, pero éste siguió siendo su protección, su refugio.

Tal vez cada uno de nosotros deba considerar edificar estructuras para nuestra seguridad espiritual que estén libres de las influencias del mundo, lugares donde podamos proteger y enseñar a los miembros de la familia la forma de hacer frente a los desafíos de un mundo que siempre está amenazando los valores básicos del Evangelio. Prefiero ser optimista, de manera que sigo teniendo la esperanza de que se realice un cambio positivo en el mundo; pero también soy realista, de modo que elaboro un plan para contingencias en caso de que no se lleven a cabo cambios positivos. A fin de tener seguridad espiritual, mi plan para contingencias debe considerar todo el contenido, tanto bueno como malo, que se introduce a través de varios medios de comunicación. ¿Adónde acudo para saber cómo establecer esa clase de plan para contingencias a fin de proteger la seguridad espiritual de mi familia? Acudo a la Iglesia, el andamiaje con el que edifico una familia eterna.

Hay dos razones principales por las que valoro la metáfora del presidente Lee que presenta a la Iglesia como el andamiaje para nuestra familia eterna. Primero, me ayuda a entender lo que es la Iglesia; segundo, e igual de importante, entiendo lo que la Iglesia no es.

La Iglesia, en calidad de andamiaje, tal vez quede mejor explicada mediante la declaración que hizo el profeta José Smith acerca de su función como líder de la Iglesia; él dijo: “Les enseño principios correctos y ellos se gobiernan a sí mismos”4. Los principios eternos son el andamiaje que la Iglesia proporciona. Esos principios eternos se encuentran firmemente arraigados en las doctrinas del reino de Dios y se reflejan en Su plan eterno de felicidad. Como miembros de la Iglesia, nos reunimos para enseñarnos mutuamente, aprender unos de otros los principios de rectitud, y para recibir ordenanzas de salvación a fin de que el andamiaje sea firme y estable al edificar nuestra familia eterna.

Tengan en cuenta que no se supone que la Iglesia haga el trabajo de los padres; más bien, guía el trabajo de ellos. La Iglesia ofrece un modelo eterno. Como edificadores de familias eternas, encontramos tranquilidad en las promesas de que si edificamos siguiendo este modelo eterno, nuestros esfuerzos brindarán la seguridad y la protección que buscamos para quienes más amamos.

Nuestro desafío es utilizar la Iglesia como andamiaje para edificar una familia que en lo espiritual sea tanto o más fuerte de lo que es materialmente la Antigua Casa Fuerte. ¿Cómo lo logramos?

La importancia de las tradiciones

Creo que las tradiciones familiares son como los troncos de roble clavados en la tierra para edificar la Antigua Casa Fuerte. A lo largo de la vida, den prioridad a respetar las tradiciones familiares: las tradiciones de los días festivos, las de los cumpleaños, de los domingos, de la hora de la cena; así como también a fomentar otras nuevas. Respétenlas, anótenlas y asegúrense de seguirlas. Hay estudios que muestran que la razón por la que los jóvenes se unen a pandillas es por la tradición y el ritual de pertenecer a algo más grande que ellos mismos. Eso es lo que debe ser una familia. Asegúrense de estar creando un ambiente productivo en el que su familia espere con ansias los momentos especiales del año cuando las tradiciones los mantengan unidos como una gran unidad familiar eterna.

Entiendan que esta solución no es ni sencilla ni fácil. Roma no se hizo en un día, ni tampoco las tradiciones familiares. Éstas pueden brindar apoyo básico y duradero, pero hay mucho que tiene que edificarse en torno a ellas. Es probable que las tradiciones familiares den resultado únicamente cuando exista una función para cada miembro de la familia y cuando incluyan un esfuerzo mancomunado por establecerlas. Eso significa que los integrantes de la familia tienen que pasar tiempo juntos y aprender a trabajar juntos. En lo que respecta a las familias, no existe tiempo de calidad si no existe cierta cantidad de tiempo.

Al considerar un empleo, por ejemplo, piensen en el tiempo que el trabajo les exigirá cada día. ¿Los mantendrá trabajando catorce horas al día e impedirá que lleguen a casa hasta después de que los niños se hayan acostado? No sugiero que ese tipo de oportunidades laborales se deban descartar pero, si optan por ellas, deben buscar maneras creativas para mantener una conexión con su familia. El andamiaje de la Iglesia servirá para recordarles sus prioridades eternas.

La profesión que escogí fue la venta al por menor. Nuestros almacenes estaban abiertos seis días a la semana, de las diez de la mañana hasta las diez de la noche. Mi día normal de trabajo era de por lo menos diez horas, a veces de doce o quince. Tenía que tener mucho cuidado de disponer de tiempo para mis hijos, y creo que el tener constantemente presente el andamiaje de la Iglesia sirvió para recordarme mis prioridades eternas.

Por ejemplo, todos mis hijos tuvieron trabajos de horario parcial en los almacenes. Mi hija mayor solía ir a actualizar las cifras de ventas para que mis informes siempre estuvieran al día y pudiera hacer comparaciones de un año al otro. Durante el verano, mi hijo trabajaba con las cuentas a pagar. A mi hija menor le enseñé a manejar una caja registradora para que ella pudiera trabajar de cajera a tiempo parcial. Eso nos daba la oportunidad de vernos durante el día, almorzar juntos varios días a la semana, y pasar tiempo valioso en forma individual. El mejor tiempo que pasábamos juntos era durante los viajes al trabajo y de regreso a casa.

El andamiaje para nuestra vida profesional

También creo que la Iglesia puede proporcionar el andamiaje para nuestra vida profesional. Como miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, representamos al Salvador y Su Iglesia. Para nosotros, el ser tan buenos como una persona de otra iglesia no es suficientemente satisfactorio. El presidente George Albert Smith (1870–1951) enseñó esa lección cuando dijo:

“En este último año, tuve el privilegio de reunirme con algunos hombres que viven en esta comunidad [Salt Lake City] y de conversar con ellos acerca del Evangelio. Ellos no son miembros de nuestra Iglesia. Uno de ellos ha residido aquí por veinte años. Es un hombre cuya vida es intachable, es un buen ciudadano, excelente hombre de negocios y tiene sentimientos positivos hacia nuestra gente. Él me dijo que… había llegado a la conclusión de que somos tan buenos como lo son nuestros vecinos miembros de otras iglesias; no alcanzaba a ver ninguna diferencia en nosotros.

“Quiero decirles, mis hermanos y hermanas, que ése no fue ningún cumplido para mí. Si el evangelio de Jesucristo no me convierte en un hombre mejor, entonces no me he desarrollado como debería hacerlo, y si nuestros vecinos que no son de esta Iglesia pueden vivir entre nosotros año tras año y no ver ninguna evidencia en nuestra vida de los beneficios que se reciben al guardar los mandamientos de Dios, entonces hay necesidad de una reforma en Israel”5.

Un miembro de la Iglesia que sea digno de tener una recomendación para el templo siempre debe destacarse en cualquier círculo profesional al que pertenezca. Atrévanse a ser diferentes. Nunca se preocupen por ofender a los demás al vivir las normas de la Iglesia. Les prometo que vivir a la altura de las normas requeridas a fin de tener una recomendación para el templo los bendecirá y nunca los perjudicará, cualquiera sea la situación en la que se encuentren.

Reflejar la luz del Salvador

Al leer y ver las noticias cada día, me sorprendo de las dificultades que nos estamos creando. A medida que los tiempos y las condiciones cambian y se vuelven más complejos, parece que cada vez hay menos y menos personas capaces de asumir las responsabilidades que conducen al cambio positivo. Les presento el desafío, a ustedes que son líderes y futuros líderes, de que reconozcan que el mundo está cambiando rápidamente. Hay una urgente necesidad de líderes capaces y que tengan la audacia suficiente para sobrellevar los inmensos desafíos que enfrentamos hoy día.

El cimiento moral de una firme tradición judeocristiana parece estar debilitándose en Estados Unidos y en otras naciones. Esa tradición se basaba en la justicia, la compasión y el respeto por la dignidad humana; no se basaba en leyes y regulaciones, sino en la luz de Cristo que posee cada ciudadano bueno y decente.

El número de personas que están de acuerdo con estas creencias y valores va disminuyendo, pero ustedes y yo permanecemos firmes. Hemos hecho convenio con el Señor de que lo representaremos a Él. Al representar a Jesucristo y reflejar la luz de Cristo en nuestra vida, podemos ayudar a muchos de nuestros hermanos y hermanas a recordar sus tradiciones y legado judeocristianos.

Debemos ser intrépidos en nuestras declaraciones y testimonio de la divinidad de Jesucristo. Deseamos que otros sepan que creemos que Él es la figura central de toda la historia humana. Su vida y Sus enseñanzas son el corazón de la Biblia y de los demás libros que consideramos Santas Escrituras. El Antiguo Testamento crea el marco para el ministerio mortal de Cristo; el Nuevo Testamento describe Su ministerio mortal; el Libro de Mormón nos da un segundo testigo de Su ministerio mortal. Él vino a la tierra a declarar Su evangelio como fundamento para toda la humanidad, a fin de que todos los hijos de Dios pudiesen aprender acerca de Él y Sus enseñanzas. Luego, Él dio Su vida para ser nuestro Salvador y Redentor. La salvación es posible únicamente mediante Jesucristo; por eso es que creemos que Él es la figura central de toda la historia humana. Nuestro destino eterno está siempre en Sus manos. Es glorioso creer en Él y aceptarlo como nuestro Salvador, nuestro Señor y nuestro Maestro.

Recuerden todo lo que la Iglesia ha hecho, está haciendo y puede hacer por ustedes y su familia. Y recuerden que ésta no es tan sólo una iglesia más; es la Iglesia restaurada de Jesucristo.

Mostrar referencias

    Notas

  1.   1.

    Washington’s Farewell Address, ed. Thomas Arkle Clark, 1908, pág. 14.

  2.   2.

    Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: Harold B. Lee, 2000, pág. 164.

  3.   3.

    Véase Enseñanzas: Harold B. Lee, págs. 164–166.

  4.   4.

    Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, 2007, pág. 300.

  5.   5.

    Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: George Albert Smith, 2011, págs. 7–8.