Educación académica


Craig A. Cardon
Un mayor conocimiento nos da la oportunidad de ser una influencia más grande para lograr los propósitos del Señor.

La educación académica

Con gran deseo y ansiedad por el bienestar de sus almas, Jacob enseñó al pueblo de Nefi “de cosas que son y que están por venir” (2 Nefi 6:4). Ése era su pueblo y lo amaba; les enseñó quiénes eran realmente y las promesas del Señor concernientes a ellos. Al enseñarles acerca del Salvador, exclamó: “¡Oh, cuán grande es la santidad de nuestro Dios! Pues él sabe todas las cosas, y no existe nada sin que él lo sepa” (2 Nefi 9:20; cursiva agregada).

Vale la pena recordar eso al considerar la importancia de la preparación académica. Siglos antes, en otra parte del mundo, el padre Abraham “[buscó] las bendiciones de los padres” y deseó “también ser el poseedor de gran conocimiento, y ser un seguidor más fiel de la rectitud, y lograr un conocimiento mayor” (Abraham 1:2).

Todos ustedes son amados hijos e hijas de Dios1 y “[son] los hijos de los profetas; y [son]… del convenio que el Padre concertó con… Abraham” (3 Nefi 20:25). Al igual que Abraham, llevan en su interior la capacidad de “ser [poseedores] de gran conocimiento” al ser instruidos en cosas que “[les] conviene comprender” (D. y C. 88:78).

El Señor ha indicado que el conocimiento deseable incluye “cosas tanto en el cielo como en la tierra, y debajo de la tierra; cosas que han sido, que son y que pronto han de acontecer; cosas que existen en el país, cosas que existen en el extranjero; las guerras y perplejidades de las naciones, y los juicios que se ciernen sobre el país; y también el conocimiento de los países y de los reinos” (D. y C. 88:79).

young man carrying stack of books

Ilustraciones fotográficas por Robert Casey.

¿Por qué? ¿Por qué es tan importante obtener educación académica? El Señor mismo proporciona una explicación maravillosa: “…a fin de que estéis preparados en todas las cosas, cuando de nuevo os envíe a magnificar el llamamiento al cual os he nombrado y la misión con la que os he comisionado” (D. y C. 88:80).

En este mundo cada vez más complejo, la educación es una de las adquisiciones más importantes de la vida; y si bien es verdad que más educación por lo general conduce a la oportunidad de tener más beneficios materiales, lo de más valor al tener mayor conocimiento es la oportunidad que nos brinda de ser una influencia más grande para lograr los propósitos del Señor. Como se explica en Para la Fortaleza de la Juventud: “La educación académica es una parte importante del plan de nuestro Padre Celestial para ayudarte a llegar a ser más como Él. Él desea que eduques tu mente y cultives tus aptitudes y talentos, tu poder para conducirte bien en tus responsabilidades y tu capacidad para apreciar la vida”2.

Asimismo, el profeta José Smith enseñó: “En el conocimiento hay poder. Dios tiene más poder que todos los otros seres, porque Él tiene mayor conocimiento”3.

Por buenas razones, la educación formal requiere que por varios años te dediques a una amplia gama de destrezas y temas, algunos de los cuales tal vez no conozcas o no te guste demasiado estudiar. Sin embargo, debes ser diligente en tus estudios, pues amplía tus horizontes y expande la capacidad de tu mente para aprender también en otros aspectos. De hecho, el estar expuesto a una amplia gama de destrezas y temas básicos te da la oportunidad de reconocer las aptitudes y temas que verdaderamente te interesan. Con eso en mente, al continuar tu educación tendrás la oportunidad de estudiar más a fondo las cosas que verdaderamente te gusten.

El presidente Henry B. Eyring, Primer Consejero de la Primera Presidencia, compartió un consejo muy valioso que recibió de su padre cuando le aconsejó que estudiara “algo que te guste tanto que cuando no tengas nada en qué pensar, eso sea en lo único que pienses”4. La hermana Cardon y yo hemos aconsejado a nuestros hijos que estudien y sigan una carrera que les interese tanto que cuando vayan a trabajar lo hagan “saltando de alegría”.

Jacob amonestó a su pueblo contra las “vanidades, y las flaquezas, y las necedades de los hombres”. Explicó: “Cuando son instruidos se creen sabios, y no escuchan el consejo de Dios”. Después agregó esta ennoblecedora verdad: “Pero bueno es ser instruido, si hacen caso de los consejos de Dios” (2 Nefi 9:28–29).

Sean instruidos y hagan caso a los consejos de Dios. Él los bendecirá y prosperará para lograr Sus propósitos.

Mostrar referencias

    Notas

  1.   1.

    Véase “La Familia: Una Proclamación para el Mundo”, Liahona, noviembre de 2010, pág. 129.

  2.   2.

    Para la Fortaleza de la Juventud, folleto, 2011, pág. 9.

  3.   3.

    Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, 2007, pág. 280.

  4.   4.

    Véase de Gerald N. Lund, “El élder Henry B. Eyring: Moldeado por ‘influencias determinantes’”, Liahona, abril de 1996, pág. 28.