La fe, la esperanza y las relaciones


Michael T. Ringwood
El deseo, el creer y la esperanza deberían inspirarnos a entablar relaciones que conduzcan al matrimonio.

“¿De verdad hiciste una lista de los pro y los contra?”. La pregunta que mi hijo adolescente hizo con asombro en su tono de voz hacía referencia a una lista que encontró en uno de mis diarios personales. No era una lista de pros y contras cualquiera; era la lista que había hecho hacía 30 años antes de proponerle matrimonio a su madre. No sé cuántos son los hombres que hacen una lista como la mía, pero al considerar la idea de casarme cuando era un estudiante universitario de 24 años, me pareció lo correcto.

No recuerdo que mi hijo me hiciera ninguna otra pregunta ese día acerca de nuestro noviazgo; estaba obsesionado con la lista. Todavía recuerdo cuando les gritó a sus hermanos: “¡Papá hizo una lista sobre mamá! ¡Vengan a verla!”. Sin embargo, al mirar hacia atrás, se me ocurren muchas preguntas que él podría haber hecho.

¿No la amabas? Ésa debería haber sido su primera pregunta. Mi respuesta hubiera sido que sí; por esa razón había hecho la lista. Realmente la amaba, y deseaba más que nada que ella fuera feliz. La lista era más para ver si yo podría hacerla feliz que para determinar si la amaba o no.

¿No se divertían juntos? Una vez más, mi respuesta hubiera sido que sí; por esa razón había hecho la lista. Era una manera de ver si la esperanza que yo tenía de que siempre se divirtiera conmigo podría llegar a hacerse realidad.

¿No pensabas que ella era la indicada? Quizá ésta sea la pregunta más interesante de todas. Mi respuesta hubiera sido que sí; yo creía que ella era “la indicada”, pero quería asegurarme de que mi creencia me inspirara a actuar de modo tal que las cosas funcionaran.

No creo que en ese momento fuera totalmente consciente de la influencia que estaban teniendo en mi noviazgo las enseñanzas de mi presidente de misión en cuanto a la fe y a sus componentes del deseo, la convicción y la esperanza. Ahora que ha pasado el tiempo y tengo una visión más clara, agradezco al presidente F. Ray Hawkins la influencia que tuvo en mí. Aún conservo las notas que tomé cuando era un misionero de 20 años y mi joven presidente de misión abrió las Escrituras y explicó cuáles eran los componentes de la fe que luego me ayudarían a tomar la decisión más importante de mi vida.

Las enseñanzas de Alma en cuanto a la fe

Entre lo que el presidente Hawkins compartió acerca de la fe se encontraban las enseñanzas de Alma a los pobres entre los zoramitas. Alma reconoció la necesidad de tener una partícula de fe, la cual describió como un deseo (véase Alma 32:27). El deseo de que algo ocurra es una influencia muy poderosa que nos llevará a tomar las medidas necesarias para aumentar nuestra fe.

El segundo componente de la fe es lo que Alma enseñó que proviene del deseo: el creer. Enseñó a los zoramitas que debían dejar que el deseo obrara en ellos hasta que creyeran de tal modo que dieran cabida a las palabras de él en sus corazones (véase versículo 27). Esta combinación del deseo y la creencia empieza a hincharse en nuestro pecho y nos damos cuenta de que es buena. Empieza a ensanchar nuestra alma y a iluminar nuestro entendimiento; comienza a ser deliciosa. (Véase el versículo 28.)

La esperanza es otro componente importante de la fe. Alma les dijo a los zoramitas humildes que la fe no es un conocimiento perfecto de las cosas. Es la “esperanza en cosas que no se ven, y que son verdaderas” (Alma 32:21; cursiva agregada). Del mismo modo, Mormón enseñó que la esperanza es una parte necesaria de la fe al decirle a Moroni: “¿Cómo podéis lograr la fe, a menos que tengáis esperanza?” (Moroni 7:40). La esperanza puede describirse como la capacidad de ver algo mejor en el futuro1. La lista que había hecho era mi manera de mirar el futuro con los ojos de la fe y, como Abraham, de determinar que “había mayor felicidad [y] paz” (Abraham 1:2) para mí estando casado con mi esposa.

Teniendo ya el componente del deseo, necesitaba creer y tener esperanza a fin de completar mi fe; y tenía que actuar, pidiéndole a Rosalie que se casara conmigo. La lista —la manifestación de mi deseo, creencia y esperanza— fue importante para darme el valor de hacer lo que fuera necesario con el fin de completar mi fe. Santiago enseñó que la fe sin obras es muerta (véase Santiago 2:17). No importa cuánto deseo, convicción y esperanza tuviera, no me hubieran ayudado a encontrar la gran felicidad y paz que he hallado en el matrimonio si esos componentes no me hubiesen conducido a hacer la gran pregunta. (Lamentablemente, la primera vez que le propuse matrimonio, Rosalie me dijo que no; pero ésa es una historia para otra ocasión. En esas circunstancias —cuando las cosas no salen de acuerdo con nuestro plan o en el momento que queremos— la fe sigue jugando un papel fundamental en nuestra vida.) Requirió perseverancia y paciencia de parte de ambos, y finalmente nos casamos un día de nieve, en diciembre de 1982.

La fe es importante en todo lo que hacemos, incluso al salir con personas del sexo opuesto y en el noviazgo. El deseo, la creencia y la esperanza en que realmente nos esperan mayor felicidad y paz deberían inspirarnos a actuar a fin de entablar relaciones que conduzcan al matrimonio. ¿Desean seguir el plan de felicidad? ¿Creen que el seguir el plan los llevará a tener más felicidad y paz? (Créanme cuando les digo que el seguir el plan y casarse en el templo en verdad llevan a tener más felicidad y más paz.) ¿Esperan tener un matrimonio feliz? ¿Les permite esa esperanza verse a ustedes mismos en un lugar mejor en el futuro? Si sus respuestas a estas preguntas son afirmativas, entonces deben completar su fe por medio de la acción. ¡Inviten a alguien a salir! ¡Acepten una invitación para tener una cita! Pónganse en situaciones que los conducirán a conocer a otros jóvenes adultos que piensen como ustedes. En resumen, sigan un curso que los lleve a ser más felices y a tener más paz.

El ejemplo de fe de José Smith

Consideremos ahora a José Smith como un ejemplo de fe y una demostración de los componentes del deseo, la creencia y la esperanza.

José deseaba encontrar la verdadera Iglesia de Jesucristo. Su deseo era tan fuerte que lo condujo a las Escrituras, donde leyó: “Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, pídala a Dios” (Santiago 1:5). Meditó acerca de este pasaje. Él deseaba tener sabiduría y creía que la recibirá si le pedía a Dios. Hizo lo único que le pareció lógico: oró y le pidió a Dios. Piensen en esto por un minuto. José tenía el deseo de conocer la verdad; creía las palabras de Santiago; esperaba recibir una respuesta. Pero si se hubiese detenido allí, hoy nosotros no estaríamos aquí. Ejercitar la fe significaba que tenía que entrar a la arboleda y orar. Yo creo que, cuando José fue a la arboleda a orar, esperaba salir de allí con una respuesta. Quizá no esperaba ver al Padre Celestial y a Jesucristo, pero sí esperaba una respuesta. ¡Qué gran ejemplo de fe! Él tenía el deseo, creía, esperaba y actuó.

La fe de un jovencito de 14 años cambió el mundo. Gracias a la oración de José en la Arboleda Sagrada, los cielos se abrieron y Dios volvió a hablar a Sus hijos mediante un profeta.

Una de las oportunidades que ustedes tienen de mostrar fe

El Señor sigue hablando por medio de Su profeta en la actualidad. Hace poco más de un año y medio, el presidente Thomas S. Monson dijo:

“Llega el momento en que hay que pensar seriamente en casarse y buscar una compañera con la que quieran pasar la eternidad. Si escogen con prudencia, y si están comprometidos a que su matrimonio tenga éxito, no hay nada en la vida que les traerá más felicidad.

“Cuando se casen, háganlo en la casa del Señor. Para los que poseen el sacerdocio no debería haber otra opción. Tengan cuidado, no sea que dejen de ser dignos de poder casarse allí. Pueden mantener el cortejo dentro de los límites adecuados y aun así pasarlo muy bien”2.

Es probable que su deseo, creencia y esperanza no se manifiesten por medio de una lista, como fue mi caso; de todos modos, sea cual sea la forma en que ustedes demuestren esas cualidades, éstas los ayudarán a completar su fe al seguir al profeta del Señor y buscar un compañero o una compañera con quien puedan hallar mayor felicidad. Su deseo, creencia y esperanza también los ayudarán a escoger sabiamente.

Las bendiciones que vienen al decidir esforzarnos por tener un matrimonio eterno y nutrirlo nos llevarán a experimentar los frutos del Evangelio, los cuales Alma describió como “sumamente [preciosos], más [dulces] que todo lo dulce, y… más [puros] que todo lo puro”. Continuó: “Comeréis de [estos frutos] hasta quedar satisfechos, de modo que no tendréis hambre ni tendréis sed” (Alma 32:42). En vez de temer al futuro, ejerciten la fe que les permitirá reclamar las promesas del Señor.

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    Notas

  1.   1.

    Véase Dennis F. Rasmussen, “What Faith Is”, en Larry E. Dahl y Charles D. Tate Jr., (eds.), The Lectures on Faith in Historical Perspective, 1990, pág. 164.

  2.   2.

    Véase Thomas S. Monson, “El poder del sacerdocio”, Liahona, mayo de 2011, págs. 67–68.