Ayudar a los jóvenes a convertirse en alumnos y maestros con poder


En el nuevo curso de estudio para los jóvenes, Ven, sígueme: Recursos de aprendizaje para los jóvenes, se recalcan cuatro formas en que los padres, los maestros y los líderes pueden ayudar en forma eficaz a los jóvenes a convertirse al Evangelio.

En un relato de las Escrituras que trata acerca de la juventud de Jesús, aprendemos que, cuando el Salvador tenía 12 años, lo encontraron “en el templo, sentado en medio de los doctores de la ley, y éstos le oían y le hacían preguntas.

“Y todos los que le oían se asombraban de su entendimiento y de sus respuestas” (Traducción de José Smith, Lucas 2:46–47 [en Lucas 2:46, nota al pie b]).

Desde una edad temprana, el Salvador participó activamente en el aprendizaje y la enseñanza del Evangelio. En el templo, el Salvador enseñó los principios del Evangelio a personas que eran consideradas mucho más doctas y experimentadas que Él. Aun así, Él comprendía que el aprender y el enseñar el Evangelio eran parte de los “asuntos de [Su] Padre” (Lucas 2:49) y fundamentales en Su misión divina en la tierra.

Sin duda, Jesucristo era un alumno y un maestro del Evangelio excepcional, incluso desde muy joven; pero Él continuó aumentando Su capacidad para entender y enseñar la doctrina. Las Escrituras nos dicen que “continuó de gracia en gracia hasta que recibió la plenitud” (D. y C. 93:13). A medida que los jóvenes pongan su vida constantemente en armonía con aquello que saben que es verdadero, ellos también podrán llegar a estar realmente convertidos al Salvador y a Su evangelio y tener más sabiduría “línea por línea, precepto por precepto” (2 Nefi 28:30).

En una guía para los nuevos materiales del curso de estudio para los jóvenes, la Primera Presidencia dice: “El Señor los ha llamado para ayudar a los jóvenes a convertirse al Evangelio”1. Al estudiar y emular el ministerio del Salvador, estaremos capacitados para brindar apoyo de modo provechoso a nuestros jóvenes en su trayecto de aprender, vivir y enseñar el evangelio de Jesucristo. Al igual que el Salvador, nosotros podemos prepararnos espiritualmente, responder a las necesidades de nuestros jóvenes, instarlos a descubrir las verdades del Evangelio y exhortarlos a convertirse a medida que actúen con fe.

Prepararse espiritualmente

Antes de dar comienzo a Su ministerio en la tierra, el Salvador se preparó espiritualmente por medio del estudio diligente, la oración y el ayuno. Fue “llevado por el Espíritu al desierto para estar con Dios” y “[ayunó] cuarenta días y cuarenta noches” (Traducción de José Smith, Mateo 4:1–2 [en Mateo 4:1, nota al pie a]). Hacia el final de Su ayuno, el Salvador enfrentó una serie de tentaciones del adversario. El estudio previo de las Escrituras le ayudó a rebatir cada tentación con versículos provenientes de ellas (véase Mateo 4:3–10). La preparación espiritual le permitió no sólo combatir la tentación con éxito durante toda Su vida, sino también enseñar el Evangelio con poder a lo largo de todo Su ministerio.

Enseñar a los jóvenes requiere más preparación que echarle un vistazo rápidamente al manual momentos antes de empezar a dar una clase. El Señor mandó: “No intentes declarar mi palabra, sino primero procura obtenerla” (D. y C. 11:21). Nos preparamos espiritualmente al estudiar con oración las Escrituras y las palabras de los profetas vivientes a fin de aprender la doctrina verdadera. Al prepararnos de este modo, el Espíritu Santo confirma la veracidad de la doctrina y nos inspira a recordar experiencias relacionadas con vivir la doctrina que podamos compartir.

Mientras enseñaba a las mujeres jóvenes acerca de la importancia de la revelación personal, Estefani Melero, de la Estaca Surco, Lima, Perú, se sintió inspirada a compartir su experiencia en cuanto a procurar obtener un testimonio a la edad de 14 años. Testificó a las jovencitas que, cuando oró fervientemente para saber si el Evangelio era verdadero, tuvo la impresión de que una voz le susurraba a su corazón las palabras que nunca ha olvidado: “Tú sabes que es verdadero, Estefani. Siempre lo has sabido”.

Al estudiar y vivir la doctrina que enseñamos, nos convertimos en algo más que maestros; pasamos a ser testigos de la verdad.

Preguntas para meditar: ¿Qué otros pasajes de las Escrituras muestran la forma en que el Salvador se preparó para enseñar? ¿De qué manera han influido en la eficacia de su mensaje sus esfuerzos por prepararse para enseñar?

Centrarse en las necesidades

En Sus intercambios con el joven rico, el Salvador demostró que entendía las necesidades de las personas a las que enseñaba. El gobernante empezó con una pregunta: “¿Qué haré para heredar la vida eterna?”. Después de que el Señor hubo enseñado la importancia de obedecer los mandamientos, el joven gobernante respondió: “[Todos los mandamientos] he guardado desde mi juventud”. Sabiendo que al corazón del joven todavía le faltaba “una cosa”, Jesús lo exhortó a que vendiera todo lo que poseía, se lo diera a los pobres y lo siguiera a Él. (Véase Lucas 18:18–23.) Cuando oremos para recibir revelación y seamos conscientes de los intereses, ilusiones y deseos de los jóvenes, sabremos —al igual que el Salvador— cómo enseñar a los jóvenes e instarlos a vivir el Evangelio en formas que sean de valor para ellos.

El presidente Boyd K. Packer, Presidente del Quórum de los Doce Apóstoles, dijo que nuestros jóvenes: “están creciendo en territorio enemigo”2. Como padres y maestros, debemos entender las dificultades con que se enfrentan nuestros jóvenes. Kevin Toutai, un maestro de la Escuela Dominical de jóvenes, de la Estaca Columbine, Colorado, dijo lo siguiente: “Las dificultades que afronta la juventud no pueden enseñarse de un manual. Eso lo recibiremos como maestros mediante revelación personal a fin de salir y tener la capacidad de preparar a los jóvenes para luchar contra Satanás cada día. Me he dado cuenta de que no se puede simplemente aparecer el domingo con un manual y dar una lección”.

A fin de ayudar a los jóvenes a aprender y a vivir el Evangelio se necesita el esfuerzo combinado de los padres, los líderes, los asesores y los maestros. Al procurar obtener inspiración del Espíritu Santo, podemos enseñar en forma eficaz la doctrina que preparará a los jóvenes para las tentaciones y las dificultades que enfrentan.

Preguntas para meditar: ¿Qué diferencias hay entre el mundo actual y el mundo de cuando ustedes eran jóvenes? ¿Qué dificultades ven que afrontan los jóvenes? ¿Qué doctrinas del Evangelio, cuando las comprendan, los ayudarán a enfrentar esas dificultades con éxito?

Invitar a los jóvenes a descubrir las verdades del Evangelio

El Salvador enseñaba a Sus discípulos de una manera que los animaba a descubrir verdades y obtener un testimonio personal. Cuando estaba enseñando a los nefitas, dijo:

“Veo que sois débiles, que no podéis comprender todas mis palabras que el Padre me ha mandado que os hable en esta ocasión.

“Por tanto, id a vuestras casas, y meditad las cosas que os he dicho, y pedid al Padre en mi nombre que podáis entender; y preparad vuestras mentes para mañana, y vendré a vosotros otra vez” (3 Nefi 17:2–3).

El enseñar como lo hizo Cristo implica mucho más que impartir información; implica guiar a los jóvenes para que entiendan la doctrina por ellos mismos. Aunque nos sintamos tentados a darles un sermón sobre el Evangelio, seremos más eficientes si los ayudamos a encontrar respuestas por ellos mismos, si les damos las herramientas para que obtengan su propio testimonio y si les enseñamos la manera de hallar respuestas cuando tengan otras preguntas. Como se recalca en el nuevo curso de estudio para los jóvenes, Ven, sígueme: Recursos de aprendizaje para los jóvenes, también podemos invitarlos a compartir sus experiencias al vivir el Evangelio y a testificar a sus pares acerca de aquello que saben que es verdadero.

El élder Kim B. Clark, Setenta de Área y rector de la universidad BYU–Idaho, hace poco contó una historia de un quórum de diáconos en el que el asesor del quórum estaba hablando con los jóvenes acerca de la oración. De repente, el presidente del quórum de diáconos levantó la mano y dijo: “Me gustaría hacerle una pregunta al quórum. ¿Cuántos de ustedes estarían dispuestos a comprometerse a orar cada mañana y cada noche de esta semana?”. Todos los miembros del quórum alzaron la mano, excepto un jovencito, que no estaba seguro de que pudiera cumplir con el desafío. El asesor se recostó en la silla y observó mientras los miembros del quórum enseñaban y testificaban a su compañero acerca de la oración, ayudándolo a ganar confianza para aceptar el desafío.

Preguntas para meditar: ¿Qué métodos han notado que usan los maestros para animar a los integrantes de la clase a participar activamente en el aprendizaje? ¿Qué pueden hacer ustedes para ayudar a los jóvenes con quienes trabajan a establecer hábitos de estudio del Evangelio? Además de llevar a cabo análisis, ¿cuáles son otras maneras de hacer participar a los jóvenes en el aprendizaje del Evangelio?

Fomentar la conversión

La conversión es un proceso que dura todo la vida e implica tanto el aprender como el vivir el Evangelio a diario. Más que simplemente conocer el Evangelio, la conversión “requiere que hagamos y que lleguemos a ser3. Después de enseñar a Sus discípulos acerca de la compasión del buen samaritano, el Salvador los exhortó a “[Ir] y [hacer]… lo mismo” (Lucas 10:37). Los instó a ser más que simplemente oidores de la palabra y a actuar con fe en Sus enseñanzas.

Debemos animar a los jóvenes a vivir el Evangelio diligentemente, porque la conversión, por lo general, no ocurre al recibir una enseñanza. Es más probable que la conversión tenga lugar cuando los jóvenes entienden la doctrina verdadera y establecen rutinas de estudio del Evangelio y de una vida recta, como se les insta a hacer en Ven, sígueme.

Krista Warnick, una presidenta de las Mujeres Jóvenes de la Estaca Arapahoe, Colorado, dijo: “Los jóvenes de hoy se enfrentan con una avalancha de desafíos, de los cuales yo recién oí cuando ya era mucho más grande. Mi testimonio empezó a crecer principalmente cuando me mudé sola y pude comenzar a mejorar y aplicar las cosas que había aprendido en las clases de Mujeres Jóvenes. El dar desafíos y oportunidades a los jóvenes de ejercitar su fe los ayudará a fundar las bases de su testimonio a una edad mucho más temprana”.

El desafío de la conversión no es sólo que aprendamos el Evangelio, sino también que se efectúe un cambio en nosotros debido a lo que hayamos aprendido. Tenemos que ayudar a los jóvenes a entender que el “gran cambio” (Alma 5:14) en su corazón quizá no ocurra de inmediato, sino que tendrá lugar gradualmente, al crear hábitos de estudio constantes, al orar siempre y al guardar los mandamientos. Al hacer estas cosas, notarán que sus deseos, sus actitudes y sus acciones cambiarán y reflejarán la voluntad del Padre Celestial.

Preguntas para meditar: ¿Cómo influyeron en su conversión los esfuerzos que hicieron por aprender y vivir el Evangelio? ¿En qué formas los fortalecieron sus padres, y los maestros y líderes de la Iglesia?

Apoyar a los jóvenes

Ven, sígueme representa sólo una parte de la labor de apoyar a los jóvenes. Además de la responsabilidad personal de cada joven de convertirse más plenamente, “los padres tienen la responsabilidad primordial de ayudar a sus hijos a conocer a nuestro Padre Celestial y a Su Hijo Jesucristo”4. Nosotros, los que trabajamos con los jóvenes, podemos apoyar a los padres y seguir el ejemplo del Salvador cuando nos preparamos espiritualmente, nos centramos en las necesidades de los jóvenes, los invitamos a descubrir las verdades del Evangelio y les damos oportunidades de actuar con fe y convertirse. Al esforzarnos por emular a Jesucristo, llegamos a ser mejores alumnos y maestros, y ayudamos a los futuros líderes de nuestras comunidades y de nuestra Iglesia a llegar a ser ellos mismos alumnos y maestros con poder.

Si desea más información acerca de los nuevos cursos de estudio para los jóvenes, visite lds.org/youth/learn.

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    Notas

  1.   1.

    Enseñar el Evangelio a la manera del Señor (una guía para Ven, sígueme: Recursos de aprendizaje para los jóvenes, 2012), pág. 2.

  2.   2.

    Boyd K. Packer, “Consejo a los jóvenes”, Liahona, noviembre de 2011, pág. 16.

  3.   3.

    Dallin H. Oaks, “El desafío de lo que debemos llegar a ser”, Liahona, enero de 2001, pág. 40.

  4.   4.

    Manual 2: Administración de la Iglesia, 2010, 1.4.1.