Cuaderno de la conferencia de octubre


“Lo que yo, el Señor, he dicho, yo lo he dicho… sea por mi propia voz o por la voz de mis siervos, es lo mismo” (D. y C. 1:38).
A medida que repase la conferencia general de octubre de 2012, puede utilizar estas páginas (y los cuadernos de la conferencia de ejemplares futuros) para ayudarle a estudiar y aplicar las enseñanzas recientes de los profetas y apóstoles vivientes, así como de otros líderes de la Iglesia.

Para leer, ver o escuchar los discursos de la conferencia general, visite conference.lds.org.

Relatos de la conferencia

Dios conoce nuestros dones

Presidente Henry B. Eyring, Primer Consejero de la Primera Presidencia, “Ayúdenlos a fijar metas elevadas”, Liahona, noviembre de 2012, pág. 67.

Cuando llegué a ser diácono, a los 12 años, vivía en Nueva Jersey, a 80 km de distancia de Nueva York. Soñaba con ser un gran jugador de béisbol. Mi padre accedió a llevarme a ver un juego en el antiguo y afamado Estadio de los Yankees, en el Bronx. Todavía puedo ver a Joe DiMaggio pegar un jonrón al jardín central con mi padre sentado a mi lado, la única vez que fuimos juntos a un juego de béisbol de una liga mayor.

Pero otro día con mi padre moldeó mi vida para siempre. Me llevó desde Nueva Jersey a la casa de un patriarca ordenado en Salt Lake City. Yo nunca había visto al hombre antes. Mi padre me dejó frente a la puerta. El patriarca me llevó hasta una silla, colocó las manos sobre mi cabeza y pronunció una bendición como don de Dios, la cual incluía una declaración del gran deseo de mi corazón.

Dijo que yo era uno de aquellos de quienes se había dicho: “Bienaventurados los pacificadores”. [Mateo 5:9]. Estaba tan sorprendido de que un perfecto extraño supiera lo que había en mi corazón, que abrí los ojos para ver el cuarto donde se estaba llevando a cabo ese milagro. Esa bendición de mis probabilidades ha moldeado mi vida, mi matrimonio y mi servicio en el sacerdocio.

A causa de esa experiencia y de lo que le ha seguido, puedo testificar: “Porque no a todos se da cada uno de los dones; pues hay muchos dones, y a todo hombre le es dado un don por el Espíritu de Dios” (D. y C. 46:11).

Al revelarme el Señor un don, he podido reconocer y prepararme para oportunidades de ejercerlo para la bendición de aquellos a quienes amo y sirvo.

Dios conoce nuestros dones. El desafío para ustedes y para mí es que oremos para discernir los dones que se nos han dado, para saber cómo desarrollarlos y para reconocer las oportunidades que Dios nos proporciona de servir a los demás. Pero más que nada, ruego que ustedes sean inspirados para ayudar a otras personas a descubrir los dones especiales de Dios que ellos tienen a fin de prestar servicio.

Aplicar esta mensaje

  • Al leer y meditar Doctrina y Convenios 46:11–26, ore para saber los dones espirituales que puede tener.

  • ¿En que manera el servicio a los demás le ayuda a desarrollar sus dones espirituales?

  • Si todavía no ha recibido una bendición patriarcal, debe considerar recibirla.

Considere escribir lo que piensa en su diario personal o hablar en cuanto a ello con otras personas.

Recursos adicionales para esta tema: Leales a la Fe (2004), “Dones espirituales”, páginas 65–66; “Dones espirituales” en Temas del Evangelio en LDS.org.

Promesa profética

“Les prometo que ustedes bendecirán [a los demás] para ayudarlos a reconocer los dones espirituales con los que nacieron. Toda persona es diferente y la contribución que hará será diferente. Nadie está condenado al fracaso”.

Presidente Henry B. Eyring, Primer Consejero de la Primera Presidencia, “Ayúdenlos a fijar metas elevadas”, Liahona, noviembre de 2012, pág. 60.