Mi maestra de seminario había estado igual de ocupada

Por Maria Andaca, Metro Manila, Filipinas

En las Filipinas, hay escuelas secundarias de ciencia que se enfocan mucho en las materias académicas. Los alumnos de esas escuelas tienen más materias, pasan más tiempo en clase y tienen mucha tarea. Ésas eran las circunstancias en las que me encontraba cuando era una mujer joven.

Cuando comencé la escuela secundaria, dejé de lado muchas actividades porque sabía que tendría que pasar mucho tiempo estudiando. Casi nunca iba a las actividades de la Iglesia y en ocasiones no iba a la Iglesia los domingos pues tenía eventos escolares. También me era muy difícil ir a seminario.

Un sábado, mi maestra de seminario nos contó lo ocupada que ella estaba durante su época en la escuela secundaria. A pesar de su ocupada agenda, encontraba la forma de completar sus asignaciones para seminario y de estudiar los pasajes del dominio de las Escrituras en la biblioteca. Yo decidí aceptar el desafío que nos hizo de hacer lo mismo que ella había hecho. Llevaba conmigo las tarjetas del dominio de las Escrituras todo el tiempo y las repasaba cuando tenía tiempo libre. Oré para recibir ayuda a fin de equilibrar mi estudio de seminario con las exigencias escolares. Memorizaba las Escrituras en el viaje camino a la escuela y sacaba las tarjetas mientras conversaba con mis amigas. Durante los recreos y el almuerzo, mis amigas se entretenían interrogándome para ver si sabía los pasajes; y entonces, algunas de ellas comenzaron a traer sus libros de Escrituras y a hablar de las actividades que realizaban en sus iglesias. Sentí un cambio en el ambiente a mi alrededor y mis estudios parecían menos pesados e iban mejor.

Mis tres hermanas más jóvenes siguieron mi ejemplo y ahora mi familia cosecha las bendiciones de las Escrituras en el hogar. Aprender mis versículos del dominio de las Escrituras fue una cosa simple; pero más importante que las palabras que memoricé, aprendí la diferencia que las Escrituras podían causar en mí y en la gente a mi alrededor. Sé que cualquiera sea el desafío que afrontemos, siempre encontraremos fortaleza y dirección en las palabras de nuestro amado Salvador.

Las mejores palabras

Por Jared Rodríguez, Maryland, EE. UU.

Ya que usamos la misma boca para orar, compartir nuestro testimonio y bendecir la Santa Cena que la que utilizamos para hablar, debemos tener cuidado de mantener nuestras palabras limpias y puras. Nuestra manera de hablar dice mucho sobre quiénes somos y sobre nuestro estilo de vida. El apóstol Pablo dijo: “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de que dé gracia a los oyentes” (Efesios 4:29). Nuestro Padre Celestial se siente ofendido cuando tomamos Su nombre en vano.

La oración es lo opuesto a la blasfemia. Cuando oramos, usamos las mejores palabras posibles. Al comunicarnos con nuestro Padre Celestial, quien nos ama, es esencial que lo hagamos con pureza y humildad. De ese modo, seremos guiados y seremos capaces de ver las bendiciones infinitas del Evangelio en nuestra vida.

Hacer un nuevo amigo

Por Laura Potts, Illinois, EE. UU.

Estaba sentada en la mesa del comedor escolar con mis amigos cuando noté que un muchacho nuevo que se llamaba Michael se había pasado a nuestro horario de almuerzo. Parecía que no conocía a nadie pero quería hacer nuevos amigos. Decidió sentarse con un grupo de muchachos mayores que pretendieron ser sus amigos por un tiempo pero que terminaron por burlarse de él. Siguieron haciéndole burla hasta que él se puso a llorar. Observé lo que sucedió y realmente me molestó. Después me enteré de que Michael tiene autismo.

Decidí preguntarle a Michael si quería sentarse conmigo y con mis amigos y amigas. Dijo que no, probablemente por temor a que la gente volviera a burlarse de él; decidió que prefería sentarse solo.

Al día siguiente me acerqué a él y le presenté a mis amigos. Me di cuenta de que estaba contento de que yo no me hubiese dado por vencida, y comenzamos a hablar. Llegué a saber que era muy bueno para jugar al ta-te-ti; casi nadie le podía ganar. También me di cuenta de lo inteligente que es; sabe los nombres de todos los presidentes de los Estados Unidos y puede decir durante qué años sirvieron en el gobierno. Es fantástico, pero no hay muchas personas que estén dispuestas a ver más allá de su discapacidad. Algunos de los otros estudiantes se rieron de mí porque me senté con él, pero yo no dejé que eso me molestara; me gusta estar con Michael.

Cada día al encontrarnos para comer, notaba que Michael estaba más contento; él esperaba con alegría la hora del almuerzo, y yo también. Lo que pensé que era sólo un acto de servicio realmente fue el comienzo de una linda amistad.