Porque Él vive


“Verdaderamente ha resucitado el Señor” (Lucas 24:34).

Watoy se paró bajo la colorida bandera filipina fuera de su escuela antes de entrar.

“Buenos días, clase”, dijo su maestra. “Es hora de nuestra oración matutina”.

A su alrededor, cada uno de los amigos de Watoy se tocó la frente, el pecho y los hombros para hacer la forma de una cruz. Entonces recitaron la oración que siempre decían al principio de la clase. Como de costumbre, Watoy no los acompañaba. En vez de ello, cerraba los ojos, bajaba la cabeza y decía su propia oración en silencio. Oraba en cuanto a cosas diferentes cada vez, de la forma en que se le enseñó a orar en su casa y en la Primaria.

Cuando terminó y levantó la vista, vio que su maestra lo miraba con una expresión confusa.

“¿Puedo hablar contigo después de la escuela?”, le dijo.

Watoy tragó saliva y asintió. ¿Tendría problemas?

Cuando las clases terminaron, al final del día, la maestra de Watoy se acercó a él.

“Veo que nunca te persignas ni recitas la oración matutina”, dijo ella. “Por favor, ¿me podrías decir por qué?”.

Watoy dio un suspiro de alivio. Su maestra no estaba enojada, ¡sólo tenía curiosidad! Pensó en cómo responder.

“Bueno”, comenzó, “en mi Iglesia, cuando oramos, hablamos al Padre Celestial en cuanto a muchas cosas diferentes. Y la cruz nos recuerda cuando Jesús murió; pero Jesús no está muerto, ¡Él vive!”.

Su maestra pensó por un momento, y luego asintió despacio.

“Gracias por compartir eso conmigo”, dijo.

Mientras Watoy caminaba hacia el entrenamiento de fútbol americano, se sintió bien y feliz por dentro. Le gustaba enseñar a otros en cuanto a Jesucristo.

Durante la Pascua de Resurrección, celebramos la vida de Jesucristo. La actividad de cuenta regresiva hasta la Pascua en las páginas 68–69 te puede ayudar a prepararte para ese día especial.