No usen máscaras

De un devocional del Sistema Educativo de la Iglesia para jóvenes adultos, pronunciado el 4 de marzo de 2012, en la Universidad Brigham Young–Idaho.


Quentin L. Cook
Una de las mayores protecciones que tienen en contra de tomar malas decisiones es no ponerse ninguna máscara de anonimato.

Al reflexionar en quiénes son ustedes, me ha venido el sentimiento de que quizá no comprendan completamente la importancia de la generación a la que pertenecen. Considero que ustedes cuentan con la experiencia y el fundamento necesarios para ser la mejor generación que haya existido, particularmente en lo que se refiere a hacer avanzar el plan de nuestro Padre Celestial.

En vista del enorme potencial para bien que poseen, ¿cuáles son mis preocupaciones en cuanto al futuro de ustedes? ¿Qué consejo puedo darles? Se les presionará en gran manera para que actúen de una manera fuera de lo normal —incluso a que se pongan una máscara— y se conviertan en alguien que realmente no refleja quiénes son ni lo que desean llegar a ser.

Un ejemplo de la historia de los EE. UU.

En 2011, el élder L. Tom Perry y yo nos reunimos con Abraham Foxman, el director nacional de la Liga Antidifamación. Su misión es ponerle fin a la difamación del pueblo judío.

En la reunión que tuvimos con el Sr. Foxman, le pregunté qué consejo nos podía dar en relación a nuestras responsabilidades en los asuntos públicos de la Iglesia. Reflexionó por un momento y luego explicó la importancia de alentar a las personas a no ponerse máscaras. Describió al Ku Klux Klan, una organización que tenía mucha influencia y que infundía gran temor en la mayoría de los estadounidenses durante la primera parte del siglo veinte. Vestidos con túnicas y máscaras idénticas que hacían que fuera imposible identificar a los participantes, quemaban cruces frente a las casas de aquellos que eran su objetivo y se designaban a sí mismos como supuestos guardianes morales. Entre las personas a las que más se atacaba se encontraban los afroamericanos, así como también a los católicos, los judíos y los inmigrantes. Los miembros más fanáticos del Klan participaban en azotamientos, maltrato físico e incluso asesinatos. El Sr. Foxman señaló que la mayoría de los miembros del Klan, cuando no tenían una máscara, generalmente eran personas normales, entre los que se encontraban hombres de negocios y personas que asistían a la iglesia. Señaló que el ocultar su identidad y ponerse una máscara les permitía participar en actividades que normalmente habrían evitado. El comportamiento de ellos tuvo un impacto terrible en la sociedad estadounidense.

El consejo del Sr. Foxman era que se recalcara la importancia de que la gente evitara las máscaras para ocultar su verdadera identidad1.

Ejemplos de la historia de la Iglesia

Durante los inicios de la historia de la Iglesia, el profeta José, Emma y sus gemelos de once meses: Joseph y Julia, estaban en Hiram, Ohio, en la granja de los Johnson.

Un sábado por la noche, un grupo de hombres con las caras pintadas de negro irrumpió en la casa y arrastró al Profeta hacia afuera, donde lo golpearon y le pusieron brea a él y a Sidney Rigdon.

“Aun cuando el Profeta perdió un diente, recibió una herida grave en el costado, le faltaba un mechón de pelo y tenía quemaduras de ácido nítrico, predicó un sermón en el acostumbrado servicio de adoración dominical. Entre los santos que se reunieron, se encontraban por lo menos cuatro de los integrantes de la turba”2.

También es interesante el hecho de que los que participaron en el martirio del profeta José y de su hermano Hyrum se pintaron las caras con la intención de ocultar su verdadera identidad3.

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Eviten usar máscaras y actuar de manera fuera de lo normal

No estoy sugiriendo que alguno de ustedes se involucraría en el tipo de acontecimientos terribles que acabo de describir; pero sí pienso que, en la actualidad, cuando el anonimato es más fácil de lograr que nunca, hay principios importantes que tienen que ver con el no ponerse una máscara y “ser fieles a aquello por lo cual los mártires perecieron”4.

Una de las mayores protecciones que tienen en contra de tomar malas decisiones es no ponerse ninguna máscara de anonimato. Si alguna vez tienen el deseo de hacerlo, sepan que eso es una seria indicación de peligro y una de las herramientas del adversario para lograr que hagan algo que no deben hacer.

Es interesante notar que las personas que se involucran en la pornografía, con frecuencia asumen una identidad falsa y ocultan su participación; enmascaran su comportamiento, el cual saben que es censurable y destructivo para todas las personas a las que quieren. La pornografía es una plaga que no sólo perjudica la posición moral de una persona ante Dios, sino que también puede destruir matrimonios y familias, y causa un impacto negativo en la sociedad.

Quienes hayan caído en ese hábito destructivo, por favor, tengan la seguridad de que pueden arrepentirse y ser sanados. El arrepentimiento debe preceder a la sanación, y la sanación puede que resulte ser un proceso largo. Su obispo o presidente de rama puede aconsejarlos en cuanto a cómo recibir la ayuda que necesitan para sanar.

Actúen de acuerdo con sus creencias

En la actualidad, es común que alguien oculte su identidad para escribir de forma anónima en internet mensajes de odio, ponzoñosos y prejuiciosos. Algunos se refieren a eso como “flaming” (lanzar llamas, flamear). Algunas instituciones tratan de filtrar los comentarios; por ejemplo, el periódico New York Times no acepta comentarios donde haya “ataques personales, obscenidades, vulgaridades, blasfemias… falsificación de identidad, incoherencias y GRITOS…”

“El periódico The Times también alienta a que se empleen nombres reales, porque: ‘Hemos visto que las personas que dan sus nombres sostienen conversaciones más interesantes y respetuosas’”5.

El apóstol Pablo escribió:

“No os dejéis engañar: Las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres.

“Velad debidamente, y no pequéis, porque algunos no conocen a Dios” (1 Corintios 15:33–34).

Es evidente que las comunicaciones malignas no son sólo un asunto de malas costumbres, sino que, en el caso de los Santos de los Últimos Días, pueden afectar negativamente a quienes no tengan conocimiento de Dios ni un testimonio del Salvador.

Todo uso que se le dé a internet para intimidar, destruir una reputación o poner a alguien en tela de juicio, es reprochable. Lo que vemos en la sociedad es que, cuando las personas se ponen la máscara del anonimato, son más propensas a participar en este tipo de conducta que es tan destructiva para el diálogo cortés. Eso también constituye una violación a los principios básicos que enseñó el Salvador.

Los justos no necesitan usar máscaras para esconder su identidad.

Actúen de manera correcta

Tenemos gran confianza en ustedes. Los líderes de la Iglesia sinceramente creen que ustedes pueden edificar el reino como ninguna generación anterior. Ustedes cuentan no sólo con nuestro amor y confianza, sino también con nuestras oraciones y bendiciones. Sabemos que el éxito de la generación de ustedes es esencial para el establecimiento constante de la Iglesia y para el progreso del reino. Rogamos que ustedes actúen de manera correcta al evitar ponerse una máscara.

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    Notas

  1.   1.

    Reunión con Abraham Foxman en su oficina de la ciudad de Nueva York, Nueva York, el 14 de junio de 2011.

  2.   2.

    Mark L. Staker, “Remembering Hiram, Ohio”, Ensign, octubre de 2002, págs. 35, 37.

  3.   3.

    Véase Enseñanzas de los Presidentes de la Iglesia: José Smith, 2007, pág. 25.

  4.   4.

    Véase “True to the Faith”, Hymns, Nº 254.

  5.   5.

    Mark Brent, en “The Public Forum”, Salt Lake Tribune, 27 de julio de 2011, pág. A16.