Peligros escondidos


two young women
Para evitar caer en hoyos escondidos, ¡quédense en el camino!

Cerca de la cima de Santa Cruz, una isla en las Galápagos, se encuentran “Los Gemelos”. Cada una de esas dos extensas dolinas o depresiones es lo bastante grande como para que en ellas quepan varios campos de fútbol. Desde el borde, se parecen a las antiguas canteras hechas por los hombres, de las cuales sacaban la piedra para los templos de antaño.

A pesar de la belleza natural de la zona, no todo es lo que parece. Con excepción de los caminos que lo recorren, el terreno tropical está cubierto de vegetación. Los caminos se han escogido apropiadamente por la firmeza de su base. Aunque esté cubierto de arbustos, plantas e incluso árboles, el terreno a ambos lados de los caminos tal vez no sea tan firme.

Si se apartaran de los caminos que rodean “Los Gemelos” a fin de explorar la selva tropical, en cualquier momento podrían pisar una sección de corteza que no sea lo suficientemente fuerte como para resistir su peso. ¿Cuán hondo caerían?; no lo sabrían hasta llegar al fondo. Algunos de los hoyos en Santa Cruz tienen más de 30 m de profundidad. Según las historias locales, uno de los hoyos es tan profundo que aún no se le ha encontrado fondo.

Los caminos siguen una ruta específica, una que tal vez no sea la que ustedes quieran seguir; pero hay seguridad en los caminos, así como la certeza de a dónde conducen.

Tengan cuidado con la corteza delgada

En el sentido del Evangelio, esos caminos alrededor de “Los Gemelos” podrían ser simbólicos de muchas cosas, como por ejemplo de los mandamientos, las enseñanzas de los profetas, los consejos que se encuentran en Mi Deber a Dios y El Progreso Personal, las normas que figuran en Para la Fortaleza de la Juventud, y el Evangelio mismo. Cuando ponemos en práctica el Evangelio, cuando seguimos las enseñanzas de los profetas y cuando vivimos según la guía de los mandamientos, encontramos seguridad y paz. Cuando no lo hacemos… bueno, las cosas pueden ponerse un poco peligrosas.

A veces, quizás nos veamos tentados a dejar de seguir los mandamientos o a pasar por alto las enseñanzas de la Iglesia porque pensamos que son restrictivas; queremos escoger nuestro propio camino en la vida.

Sin embargo, así como los caminos alrededor de “Los Gemelos” ayudan a las personas a evitar caer a través de cortezas delgadas, los mandamientos no restringen nuestro albedrío, más bien, proporcionan la mejor oportunidad de tener felicidad y éxito. Siempre podemos escoger lo que queremos hacer; podemos decidir seguir nuestro propio camino en lugar de seguir el que nuestro Padre Celestial ha trazado para nosotros. Con toda seguridad, al hacerlo, no llegaremos a nuestro destino más rápido que si seguimos el camino comprobado; y el encontrar nuestro propio camino podría ser doloroso y difícil.

Lo mismo se aplica a los mandamientos, como por ejemplo, la Palabra de Sabiduría. Nuestro Padre Celestial y Su Iglesia no nos quitan el albedrío al pedirnos que nos abstengamos de tomar alcohol. Podemos elegir si guardaremos ese mandamiento o no; pero cuando tomamos la decisión, también escogemos las consecuencias que la acompañan.

Si optamos por quebrantar esos mandamientos, entonces nos arriesgamos a perder todas las bendiciones asociadas a ellos. La decisión que debemos tomar no es en cuanto a si se nos permite tomar alcohol o hacer una cosa u otra; es en cuanto a si queremos las bendiciones del reino de los cielos y si queremos hacer lo que el Señor pide porque lo amamos y estamos convertidos a Él.

Seguridad en el camino

Jessica P. y Nory A., dos mujeres jóvenes que viven en Santa Cruz, saben esto por experiencia personal. Las dos son conversas a la Iglesia y han visto la diferencia que causa el guardar los mandamientos. No hay muchos miembros en las Islas Galápagos (sólo hay 125 miembros en la rama de las aproximadamente 25.000 personas de la isla). Puede ser difícil mantenerse en el camino estrecho y angosto (véase 1 Nefi 8:20; 2 Nefi 4:33; 31:17–19; Alma 7:19) cuando hay tentaciones como el alcohol y las drogas a todo su alrededor.

Nory ha visto los desafíos en su propia familia. Un año después de que su familia fue bautizada, se sellaron en el Templo de Guayaquil, Ecuador. Sin embargo, poco después, varios miembros de la familia se apartaron del camino. Por un tiempo, ella y su madre eran las únicas que iban a la Iglesia. ¿Cómo se mantuvo firme?

“La noche de hogar”, dice ella. “Por un tiempo, sólo mi mamá y yo la teníamos. Un poco después, mi hermano mayor y mi papá empezaron a participar; y cada vez que estudiamos el Evangelio, mi papá dice: ‘Esto se aplica a mí’. Ahora está cada vez más fuerte, y mi hermano también”.

Jessica ha afrontado una batalla diferente. “El ser el único miembro de la Iglesia en mi familia es difícil”, explica. A algunos integrantes de su familia no les gusta el hecho de que ella vaya a la Iglesia; de hecho, causa discusiones.

“A veces uno desearía que sus padres, su familia, fueran miembros de la Iglesia”, dice, “para poder compartir cosas con ellos; eso es difícil.

“Cuando se tienen problemas, no se puede buscar consuelo en la calle o en el alcohol, porque no ayudarán en nada; en lugar de ello, voy a la Iglesia, donde tengo buenos amigos.

“Ellos me ayudan mucho. Si me siento desanimada, siempre está Nory u otras mujeres jóvenes. Cuando voy a la Iglesia, me siento viva; me siento aliviada de todos los problemas en mi vida”.

Escoger el camino correcto

Jessica y Nory han encontrado gozo al vivir el Evangelio; o más bien, han encontrado gozo a causa de que viven el Evangelio.

Los mandamientos, como los caminos alrededor de “Los Gemelos”, no nos limitan; nos proporcionan la guía necesaria para que nos perfeccionemos mediante la expiación del Salvador (véase D. y C. 82:8–9). Cuando escogemos guardar los mandamientos, escogemos mostrar amor y devoción a Dios; escogemos ser dignos de la compañía del Espíritu Santo; escogemos ser dignos de recibir inspiración, de poder servir, de entrar en el templo y de honrar el sacerdocio.

Lo que es más importante, escogemos esforzarnos por lograr la vida eterna en el reino celestial con nuestro Padre Celestial. Ése es el camino hacia la paz y la felicidad.

En el camino

“Por tanto, haced las cosas que os he dicho que he visto que hará vuestro Señor y Redentor; porque… entonces os halláis en este estrecho y angosto camino que conduce a la vida eterna; sí, habéis entrado por la puerta; habéis obrado de acuerdo con los mandamientos del Padre y del Hijo; y habéis recibido el Espíritu Santo, que da testimonio del Padre y del Hijo, para que se cumpla la promesa hecha por él, que lo recibiríais si entrabais en la senda” (2 Nefi 31:17–18).