El momento oportuno para casarse


Ane y Benjamín sabían que la educación era importante y ambos querían ir a la universidad; pero, ¿cómo acomodar su futuro matrimonio en ese plan?

Cuando Ane estaba en la escuela secundaria, esperaba con ansia el día en que iría a la universidad; ¡había tantas materias que le gustaría estudiar, y tantas carreras para elegir! “Tenía muchos intereses y podía hacer tantas cosas diferentes”, dice.

Aun cuando Ane vivía en un pueblo pequeño de Noruega, iba a una escuela secundaria muy buena que alentaba a los alumnos a esmerarse por tener buenas notas y a asistir a la universidad. Muchos de ellos empezaban los estudios universitarios inmediatamente después de graduarse de la secundaria. Desde muy joven, Ane había planeado hacer lo mismo. No obstante, los estudios eran sólo una de las metas que ella se había puesto.

“Me habían enseñado bien en las Mujeres Jóvenes por medio de las lecciones y el Progreso Personal”, comenta. “Mi meta siempre fue casarme en el templo”.

¿Cuándo es el “momento oportuno”?

Una noche, en el instituto local, Ane conoció a un joven que acababa de regresar de la misión y cuyo nombre era Benjamín. “Desde el momento en que lo vi, me impresionó en muchos sentidos”, comenta. “Era tan fácil y agradable conversar con él; y era fácil hablar sobre el Evangelio”.

Benjamín la invitó a salir y se sintieron muy cómodos. En los meses siguientes continuaron saliendo; jugaban al fútbol y al vóleibol, hacían caminatas e iban al cine. Poco a poco, llegaron a conocerse mejor y su amistad floreció en un romance.

Al continuar el noviazgo, sus pensamientos y planes se enfocaron en el matrimonio. Ambos se sentían felices de haber encontrado a la persona con la que querían pasar la eternidad, pero la relación se había vuelto formal mucho antes de lo que esperaban. ¿Qué iba a suceder con todos los planes que habían hecho cuando eran más jóvenes? ¿Les sería posible todavía seguir sus estudios para procurar una carrera? Si tomaban la decisión de casarse, ¿significaría eso que debían posponer sus otras metas?

Algunos de sus amigos y familiares pensaban que ése sería el caso.

“Muchas de las personas a mi alrededor, tanto en casa como en la universidad y en el trabajo, se preocupaban por cómo el noviazgo afectaría mis estudios”, dice Ane. “Incluso se preguntaban si estaba segura de que la relación duraría.

“Los amigos de mi edad pensaban que el casarme me impediría seguir asistiendo a la universidad”, agrega. “A ellos les parecía que iba a desperdiciar mi talento y mis oportunidades”.

Algunos de los conocidos de Benjamín opinaban lo mismo. “Las personas querían convencerme de que éramos demasiado jóvenes, de que mi futura esposa debía terminar primero sus estudios; y de que, si nos casábamos, significaría que tendríamos hijos, para lo cual también éramos demasiado jóvenes”, comenta.

Aunque Ane y Benjamín creían en el énfasis que pone el Evangelio en la familia y el matrimonio, en general otras personas que no eran de su fe no lo consideraban una prioridad, al menos no para los jóvenes adultos. “La gente de mi pueblo se enfoca totalmente en los estudios y el trabajo”, explica Ane. “Eso es bueno, pero no deja mucho lugar para la familia o a la religión”.

Benjamín dice: “Siempre había pensado que lo correcto era volver de la misión, buscar alguien que me gustara y a quien amara, y luego, después de tomar la decisión de casarme y de haber recibido la confirmación del Espíritu Santo, contraer matrimonio. Me parecía tan sencillo, pero de pronto todo resultaba confuso, oscuro y difícil”.

¿Qué dice el Señor?

Tanto a Benjamín como a Ane les preocupaban los consejos y las opiniones que sus amigos les daban; y durante todo un año estuvieron tratando de decidir cuándo sería el momento oportuno para casarse. Sabían que, después de todo, la guía más importante sería la que recibieran del Señor; por eso, pasaron mucho tiempo estudiando las Escrituras y las palabras de los profetas en discursos sobre la familia, el matrimonio y los estudios.

“Todas esas fuentes hablan de lo importantes que son tanto el matrimonio como los estudios”, dice Ane. Mientras continuaba buscando guía, al fin se le aclaró la situación en una conversación que tuvo con una líder de instituto. “Ella me dijo: ‘Si tienes a la persona apropiada y el lugar apropiado (el templo), ¡es el momento oportuno!’. Esas palabras me tranquilizaron mucho”, continúa. “Recibí muchas impresiones del Espíritu confirmándome que aquél era el camino que debía seguir; supe que Benjamín y yo nos casaríamos, y que eso era lo apropiado para mí en aquel momento”.

Ane sabía que iba a continuar esforzándose para obtener una educación académica, porque también era algo que los profetas del Señor aconsejan hacer. Pero, por el momento, sabía que el matrimonio sería su prioridad.

Al mismo tiempo, le entristecía el hecho de que pocas personas se sentirían felices de que se casara a esa edad. Sin embargo, decidió concentrarse en aprender a reconocer las impresiones del Espíritu en lo que el Señor pensaba, en lugar de en lo que sus amigos opinaran. “Eso era lo que necesitaba a fin de mantenerme fuerte y firme respecto a la decisión que había tomado”, explica.

Benjamín nunca tuvo un momento decisivo específico en el que se diera cuenta de que el matrimonio era la decisión apropiada para él en ese momento. En cambio, dice: “Me di cuenta de que tenía que volver a los conceptos básicos del Evangelio: ¿Por qué estaba aquí? ¿Qué propósito tenía en la tierra?”.

Al escudriñar las Escrituras y las palabras de los profetas, se volcó al Señor en oración; además, recibió bendiciones del sacerdocio. “Comprendí claramente que se me había enviado a la tierra para que regresara a Dios con mi familia”, explica. “No había obra más grande ni labor alguna que fuera más importante que ésa. Se explica en ‘La Familia: Una Proclamación para el Mundo’. Si a sabiendas no le prestaba atención y hacía algo diferente, estaría desobedeciendo los mandamientos de Dios.

“Una vez que se me reveló que las enseñanzas que había recibido toda mi vida eran tan ciertas que tenían prioridad sobre las opiniones de los demás, sentí que mis ideas se aclaraban y decidí seguir aquello que se me había enseñado”.

Ane y Benjamín se casaron el 16 de julio de 2009, en el Templo de Estocolmo, Suecia. “Cuando llegó el día de sellarnos en el templo, sentí una paz indescriptible”, afirma Ane. “Fue todo muy sencillo y hermoso; nada de pompa mundana. Me sentí tan a gusto con mis padres y hermanos en el templo, y con Benjamín. Fueron momentos llenos de verdadero amor”.

Las bendiciones que vienen después

Aunque los meses anteriores a su matrimonio fueron difíciles, Ane está agradecida por las pruebas que tuvo que pasar: “Me forzaron a defender mi posición”, dice. “Dios me ayudó y me fortaleció por medio de pasajes de las Escrituras, oraciones y bendiciones del sacerdocio. Muchas de las personas que al principio tenían una actitud negativa han llegado a reconocer que mi decisión fue buena y correcta. Ven que verdaderamente he encontrado la felicidad; y me han agradecido el haber confiado en mí misma y en el Señor”.

Después de casarse, los jóvenes se mudaron a otra ciudad donde ambos empezaron sus estudios universitarios. Un tiempo después recibieron a su hijita, Olea, y Ane suspendió sus estudios temporalmente; pero los continuará más despacio y por internet, lo cual le permitirá tanto estudiar como estar en su casa para criar a la niña. Aunque sabe que ese arreglo significará un gran esfuerzo, todavía le será posible obtener la carrera que desea.

“Quizás algunas personas hayan pensado que tuve que sacrificar muchas cosas para casarme y empezar una familia”, comenta, “y podría parecer así; pero en realidad, lo he ganado todo. Sé que cuando decido poner al Señor en primer lugar, se me dará todo lo demás. Me siento muy emocionada y agradecida de obtener un título, ¡pero más que nada, agradezco la oportunidad que tenemos de ser una familia eterna!”.

Benjamín está de acuerdo: “Dios ha guiado mi vida de tal manera que se me ha enseñado a ponerlo a Él en primer lugar. Para mí, no era cuestión de optar por tener una familia o una carrera; la familia estaba primero y los estudios al mismo tiempo. Hay otras decisiones similares; no es o Dios o nada; es Dios primero, y todo lo demás después”.

Cómo vencer las dificultades para contraer matrimonio

Por el élder Earl C.Tingey

En un discurso pronunciado en una charla fogonera para jóvenes adultos, el élder Earl C. Tingey, miembro emérito del Primer Quórum de los Setenta, se refirió a seis factores que pueden inquietar a los jóvenes acerca del matrimonio:

“1. Tal vez parezca que a los ex misioneros ya no se les alienta tanto a casarse. Si piensan así, están equivocados. Se debe alentar a todo ex misionero a que cuando regrese a su casa se mantenga activo en la Iglesia, obtenga una formación académica, desarrolle aptitudes laborales y se disponga a buscar a una compañera eterna.

“2. Quizás haya algunos que piensen que no están a la altura de las expectativas de ciertas jóvenes… Con buena comunicación se puede resolver esa duda.

“3. El dar excesiva importancia a los estudios o a la carrera puede colocar al matrimonio en un plano secundario. El matrimonio, los estudios y el trabajo pueden ir de la mano. El logro de una carrera profesional sin tener una familia, cuando hay posibilidades de formarla, es una tragedia.

“4. No permitan que su vida sea simplemente una existencia divertida o egoísta. La vida es más que un parque de diversiones. No se conviertan en adictos a las posesiones materiales; acepten responsabilidades.

“5. Una percepción negativa del matrimonio… puede disuadir a algunas personas de casarse. Hay quienes dicen: ‘¿Para qué casarse si hay tantos divorcios?’. El que haya divorcios no quiere decir que ustedes no puedan tener un matrimonio feliz y exitoso. No permitan que las acciones de los demás decidan por ustedes. Tomen la determinación de que su matrimonio no será un fracaso.

“6. Algunos aplazan el matrimonio por razones económicas. No es prudente posponer el matrimonio hasta tener el dinero suficiente para mantener un alto estilo de vida. Muchos aspectos de la vida en común —como el superar las dificultades, el adaptarse y el aprender a enfrentar los problemas de la vida— se pierden cuando eso sucede”.

Tomado de “Tres mensajes para los jóvenes adultos”, véase Liahona, abril de 2007, pág. 30.