¿Cómo encaro las conversaciones acerca del Evangelio cuando la otra persona sólo trata de ganar el debate? Esa clase de personas no desean escuchar un testimonio.

Desde luego, la lógica y la razón pueden ayudarnos a entender la verdad, y es posible presentar argumentos lógicos en defensa de la Iglesia y sus enseñanzas; pero cuando una persona tiene más interés en ganar una discusión que en comprender las creencias de la otra persona, el resultado normalmente es la contención. Sé firme al expresar el testimonio de aquello en lo que crees y sabes que es verdadero.

Si la persona con la que estás hablando insiste mucho en el tema, dile que respetas sus creencias, pero que tendrás que concordar en que tienen opiniones diferentes. Las discusiones en cuanto a las creencias religiosas no deben tener como fin “ganar”. Si empiezas a contender o te enojas, no serás un ejemplo de lo que crees, ni tendrás la compañía del Espíritu Santo.

El élder Robert D. Hales, del Quórum de los Doce Apóstoles, enseñó que cuando les hablamos a las personas acerca de la Iglesia, “nuestro objetivo debe ser ayudarlos a comprender la verdad, no defender nuestro amor propio ni ganar puntos en un debate teológico. Nuestro testimonio sincero es la respuesta más poderosa que podamos dar a nuestros acusadores, y ese testimonio sólo puede nacer del amor y de la mansedumbre”1.

Las cosas del Espíritu no se aprenden “con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder” (1 Corintios 2:4). Aunque no se llegue a cambiar la opinión de nadie, deberías dar tu testimonio y permitir que la gente sepa en qué crees; y al compartir el Evangelio, la manera en que digas algo podría ser tan importante como aquello que digas. Al hablar, hazlo con paciencia y amor. Sigue al Espíritu y se te indicará lo que debes decir (y lo que no debes decir) y cómo reaccionar.

    Nota

  1.   1.

    Robert D. Hales, “Valor cristiano: El precio del discipulado”, Liahona, noviembre de 2008, pág. 74.

¿Cuál es el propósito de las presidencias de clase y de quórum de los jóvenes?

young man in front of class

Las presidencias de clase de las Mujeres Jóvenes y las presidencias de quórum del Sacerdocio Aarónico son de beneficio tanto para quienes trabajan en ellas como para aquéllos a quienes se les presta servicio.

Los integrantes de las presidencias tienen derecho a recibir inspiración en cuanto a la clase o al quórum, la cual puede servirles de ayuda para saber cómo orar por los miembros de su clase o quórum y cómo hermanarlos, especialmente a aquéllos que son nuevos o menos activos. El estar en una presidencia ayuda a los jóvenes a aprender técnicas de liderazgo, como el delegar, el prestar servicio, la comunicación y el participar en consejos. El aprender a organizar y a dirigir reuniones y actividades ayuda a los líderes jóvenes a prepararse para la misión u otros futuros llamamientos, ya que aprenden la importancia de cumplir su deber y la manera de diseñar un plan y llevarlo a la práctica.

Los integrantes de la clase o del quórum también obtienen ciertas bendiciones por medio de esos líderes. Cuentan con alguien de su edad con quien pueden hablar y que puede ayudarlos y animarlos a vivir el Evangelio y a hacer muchas cosas, sobre todo en lo referente a completar el Progreso Personal o Mi deber a Dios. Dado que los presidentes de las clases o los quórumes sirven en el comité del obispado para la juventud, pueden informar al obispo de los problemas, las preocupaciones o las buenas obras de sus clases y sus quórumes.

El ser llamado a una presidencia de clase o de quórum es una gran responsabilidad que ayuda a los jóvenes a lograr más confianza, a aprender a ser líderes y a ser un ejemplo, y a cultivar el amor y la unidad dentro de la clase o del quórum.

En Para la Fortaleza de la Juventud dice que evitemos los peinados extremos. ¿Qué tipos de peinados podrían considerarse extremos?

Lo que se considera extremo puede variar de una cultura a otra o de una época a otra; por esa razón, sería difícil establecer con exactitud qué peinados son extremos para todas las personas. Entonces, ¿cómo saben si un peinado es “extremo”? Háganse la siguiente pregunta: “¿Por qué estoy haciendo esto?”. Si han tratado de usar colores, cortes o estilos inusuales con el único propósito de expresar su manera de pensar o de llamar la atención, entonces quizá hayan llegado al “extremo” al que se hace referencia en Para la Fortaleza de la Juventud1.

¿Les piden los líderes de la Iglesia que eviten los extremos sólo porque desean que se vean feos, comunes y corrientes, sin estilo ni personalidad? Por supuesto que no. Ellos han dado ese consejo porque su apariencia revela algo en cuanto a ustedes. “Mediante tu modo de vestir y tu apariencia, puedes demostrar que sabes cuán valioso es tu cuerpo; puedes demostrar que eres discípulo(a) de Jesucristo”2. Los peinados extremos podrían ocultar ese mensaje y transmitir uno más mundano acerca de ustedes.

    Notas

  1.   1.

    Véase Para la Fortaleza de la Juventud, folleto, 2011, pág. 7.

  2.   2.

    Para la Fortaleza de la Juventud, pág. 6.